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Primera Cuenta Pública de Kast: De la emergencia a la gobernabilidad

Marco Moreno, decano Economía, Gobierno y Comunicaciones, Universidad Central.

La primera Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast ocurrirá en un momento políticamente decisivo. Este 1 de junio, el Mandatario llegará al Congreso Nacional cuando su Gobierno se aproxime a los 90 días de instalación en La Moneda, justamente el período que la literatura política suele identificar como el fin de la “luna de miel” presidencial: ese breve lapso inicial en que los gobiernos cuentan con mayores niveles de tolerancia ciudadana, menor resistencia política y un margen simbólico más amplio para instalar prioridades.

La importancia de esta Cuenta Pública radica precisamente en eso. No será solo un acto institucional de balance republicano ni una enumeración administrativa de avances. Será, sobre todo, un esfuerzo deliberado por marcar un punto de inflexión político y comunicacional respecto de una etapa inicial marcada por dificultades de instalación, descoordinaciones y pérdida temprana de control del relato gubernamental.

Y para comprender mejor su significado conviene recurrir a algunos conceptos desarrollados por Mario Riorda, quien sostiene que gobernar implica necesariamente comunicar, no como una dimensión accesoria o decorativa del poder, sino como parte constitutiva de la capacidad de conducción política. Un gobierno no solo administra políticas públicas; también administra sentido, expectativas y legitimidad.

Desde esa perspectiva, la actual administración parece haber comprendido que uno de sus principales problemas en estos primeros meses no estuvo únicamente en ciertas decisiones, sino en la incapacidad de construir un marco interpretativo coherente para sostenerlas ante la opinión pública.

Las controversias comunicacionales, las declaraciones contradictorias, los déficits de coordinación entre autoridades y la improvisación discursiva terminaron proyectando una imagen de desorden que erosionó tempranamente parte del capital político inicial del Ejecutivo.

Pero además aparece otra tensión más profunda: la dificultad de transformar el principal relato electoral del oficialismo en una experiencia efectiva de gobierno.

Durante la campaña, la idea del “gobierno de emergencia” operó como un poderoso mito político. Condensaba una percepción social extendida de crisis, deterioro institucional, inseguridad y agotamiento de la capacidad estatal. Era un relato simple y eficaz porque conectaba con un clima emocional de urgencia y con la expectativa ciudadana de respuestas rápidas y excepcionales. Ese mito ayudó decisivamente a construir la victoria electoral de Kast.

Sin embargo, gobernar desde la lógica de la emergencia es mucho más complejo que hacer campaña desde ella. La emergencia como narrativa puede movilizar apoyo electoral, pero la emergencia como práctica de gobierno exige capacidades estatales, coordinación política, viabilidad legislativa y construcción de legitimidad sostenida.

A casi 90 días de instalado en La Moneda, el Gobierno todavía no logra que el relato de emergencia se traduzca plenamente en una experiencia perceptible de transformación gubernamental. El problema no parece ser solo comunicacional. Es también performativo: la distancia entre el relato y la capacidad efectiva de implementación comienza a tensionar el propio mito de gobierno construido durante la campaña.

Por eso el reciente cambio de gabinete debe entenderse menos como un ajuste administrativo y más como una operación de reconfiguración política y narrativa.

Aquí vuelve a ser útil otro concepto de Riorda: el “mito de gobierno”. Todo gobierno necesita construir una narrativa ordenadora capaz de sintetizar el sentido de su acción política y ofrecer dirección a la ciudadanía. Lo que buscará hacer el Gobierno de Kast en esta Cuenta Pública es precisamente reformular parcialmente ese mito original.

La señal parece clara: dejar atrás la etapa accidentada de instalación y abrir un ciclo asociado a mayor disciplina política, control comunicacional, conducción estratégica y capacidad de gestión.

En otras palabras, el Gobierno buscaría transitar desde el mito de la emergencia hacia un relato más asociado a gobernabilidad y conducción.

En términos de comunicación gubernamental, el oficialismo intentará transformar el 1 de junio en un gran “gatillante de atención”: un evento capaz de reorganizar la conversación pública y producir un cambio de percepción respecto del rumbo del Gobierno.

La pregunta de fondo es si la puesta en escena logrará ser más convincente que las dificultades acumuladas en estos primeros meses.

Porque las cuentas públicas modernas dejaron hace tiempo de ser simples rendiciones de cuentas. Bajo condiciones de hiperpresidencialismo mediático, se transformaron en plataformas de proyección política. Los presidentes ya no solo explican lo que hicieron; sobre todo buscan delinear lo que harán.

Y eso es particularmente evidente en este caso. La Moneda necesita que esta Cuenta Pública sea leída como el inicio de una nueva etapa.

Ahora bien, otro elemento relevante es que el Gobierno probablemente enfrentará una oposición todavía poco articulada para responder políticamente a este intento de relanzamiento. Aunque existen partidos opositores y críticas permanentes al Ejecutivo, aún no se observa una oposición capaz de actuar colectivamente bajo una estrategia común.

En términos politológicos, hay oposición como posición institucional, pero todavía no existe oposición como alternativa de poder.

La fragmentación, las diferencias estratégicas y la ausencia de un liderazgo articulador dificultan la construcción de un relato opositor capaz de disputar eficazmente el sentido político de esta Cuenta Pública. Eso explica por qué, incluso en medio de los problemas que ha enfrentado el Gobierno, la oposición no logra todavía capitalizar plenamente el desgaste oficialista ante la ciudadanía.

La ceremonia del 1 de junio será entonces mucho más que un discurso presidencial. Será una disputa por reinstalar autoridad, redefinir expectativas y reconstruir sentido político después de una instalación compleja. Porque en política, los gobiernos no solo necesitan gestionar. Necesitan también convencer de que todavía tienen rumbo.

Marco Moreno, decano Economía, Gobierno y Comunicaciones, Universidad Central.

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Junio 1, 2026 • 1 hora atrás por: LaNacion.cl 25 visitas 2159588

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