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'Pueblo blanco azul', donde Azahara Palomeque cura memoria y duelo con la palabra

Carmen Sigüenza

Madrid, 27 abr (EFE).- "Cuánta belleza moral o plenitud moral hemos consentido que nos roben", decía Azahara Palomeque en un reciente artículo en el que hablaba de que se está yendo hacia un mundo sin palabras, y combatir esa idea es lo que hace en 'Pueblo blanco azul', un libro sobre la memoria, el duelo y el lenguaje.

La nueva novela de esta escritora y periodista nacida en 1986, editada por Cabaret Voltaire, ha despertado muy buenas críticas, y nada más salir va ya por la segunda edición, quizá, como dice su autora a EFE, porque se trata de un "proyecto político y estético que tiene a la palabra como placer y gozo".

"Es un libro que nace de la necesidad de ritualizar la pérdida a través del poder sanador de las palabras, y hay una creencia en que las palabras y la literatura pueden ayudarnos a curar heridas y construirnos como personas. Aquí existe un trabajo con el lenguaje, que cada vez está más desgastado y desdeñado y reducido a su mínima expresión", precisa la autora.

"Creo que el mundo de las pantallas, de toda esta locura digital, nos roba las posibilidades de una belleza que antes estaba bastante más democratizada, porque ahora apenas hay referentes en la literatura contemporánea de esta manera de crear; quizá más en la literatura latinoamericana, pero creo que la española no tanto", sostiene.

'Pueblo blanco azul', que tiene muchas capas, narra la historia de Elaia, una joven que, tras pasar años en Estados Unidos, regresa al pueblo de sus orígenes para escribir una novela que cuente la historia de su familia, un friso de vidas marcadas por la guerra, la dictadura y las dificultades del campo andaluz, entre ellas, la falta de agua.

Con tintes de 'Pedro Páramo', de Rulfo, cuyo aroma también rezuma en las páginas del libro, la historia se desarrolla en 'Villasueño de las Flores Secas', nombre ficticio del pueblo natal de la autora, Castro del Río, en Córdoba.

Esta protagonista, que emigró y asume mucha de la vida de la propia autora, no pudo despedirse de sus abuelos cuando murieron, y realiza aquí esta composición literaria "por la necesidad de ritualizar la pérdida".

"No poder ir a sus entierros me pesó como una losa, porque al no haber ritualizado la pérdida era como si siguieran vivos", reconoce.

Así, Palomeque imagina sus vidas y su final cuando ella retorna como emigrante y recompone las piezas de este puzle de la memoria para cerrar la herida en un juego metaliterario, con una protagonista intentando escribir su propia novela.

En el libro, la autora del ensayo 'Vivir peor que nuestros padres' o de la novela 'Huracán de negras palomas', también habla de las fosas, como memoria oculta de la infamia, de los muertos, de la "nostalgia restauradora" y de las mujeres víctimas del franquismo.

"Aquí te das cuenta -dice-, no solo de la pérdida de derechos que tenían, sino de cómo era su cotidianidad, siempre a la defensiva por las masculinidades que tenían su alrededor, el marido, el hermano o el padre autoritario que se creía el caudillo de su casa".

La locura es otro de los muchos temas que trata Palomeque, y lo hace a través del personaje de su bisabuela Rosario, "en una época en que la falta de salud mental no significaba nada más que marginación y discriminación, porque desde luego nunca hubo un tratamiento como enfermedad curable".

El lenguaje oral de los pueblos de Córdoba se mezcla con el lenguaje poético, con el lenguaje culto y con la copla, una música muy importante para las mujeres de esa generación, el cancionero popular.

"Para mí las coplas fueron nanas cantadas por mi madre", reconoce. Todo un acervo popular que está en este libro como poesía de la calle. EFE

(Foto)

Abril 27, 2026 • 2 horas atrás por: Infobae.com 34 visitas 2035596

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