La propuesta revive un ambicioso proyecto urbanístico concebido hace casi tres décadas, cuando la municipalidad soñó con transformar los cerros porteños inspirándose en los pueblos blancos del Mediterráneo. Documentos de la época, un viaje de dirigentes vecinales a Europa y un plan que nunca llegó a concretarse vuelven hoy a instalar el debate sobre cuál debe ser el sello arquitectónico de la comuna.
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