Suele decirse que toda crisis es una oportunidad y el reciente cambio de gabinete no pareciera ser la excepción. Es claro que este ajuste responde a problemas observados en la instalación del gobierno, especialmente en áreas tan sensibles como la vocería de palacio y el manejo de la seguridad pública (el principal eje de campaña del Presidente Kast). No obstante, la apuesta de modificar con rapidez su equipo de colaboradores revela cierta audacia por parte del mandatario y abre una ventana para rectificar los errores cometidos. La positiva valoración ciudadana del ajuste ministerial, reflejada en diversas encuestas, confirma esa posibilidad.
En rigor, el momento es idóneo para que La Moneda marque un punto de inflexión e intente recuperar el control de la agenda política. Por un lado, la aprobación en la cámara baja del proyecto de ley de reconstrucción y reactivación económica ratifica que en esta dimensión —otro eje de la campaña de 2025— el gobierno ya ha conseguido desplegar una hoja de ruta. Ahora lo que sigue es ampliar tanto como sea factible su base de apoyo a nivel de las fuerzas políticas y, sobre todo, transmitir de modo más nítido y persuasivo a las grandes mayorías cómo conecta esta iniciativa con sus anhelos en materia de empleo y crecimiento. La tramitación en el Senado debería servir para ambos fines.
Por otro lado, la inminente cuenta pública es la ocasión propicia para fortalecer la estampa de José Antonio Kast como jefe de gobierno y jefe de Estado. Desde su triunfo en el balotaje el pasado 14 de diciembre el mandatario ha esbozado algunos atributos que quizá conviene retomar. Por ejemplo, cuando instó a respetar a su adversaria en la misma noche de la victoria —es el Presidente de todos los chilenos—, y cuando evocó a Diego Portales al asumir el mando, graficando la promesa de orden que lo condujo a La Moneda. Todo ello bien podría cristalizar en un discurso preciso y a la altura de las circunstancias el próximo 1 de junio.
En concreto, la cuenta ante el Congreso pleno ofrece una vitrina única para saldar una tarea pendiente: dibujar un horizonte de esperanza que vuelva verosímil la convicción presidencial de que “todo va a estar bien”. Esto supone un desafío no sólo narrativo y comunicacional, sino también fijar un norte creíble y verificable acerca de aquellos temas que más inquietan a la población. Si se quiere, se trata de volver a la mejor versión del mensaje central que acuñó el candidato Kast. Me refiero a su propósito de encarnar un “gobierno de emergencia” consistente con las prioridades de la ciudadanía.
En términos programáticos, dicho mensaje tenía tres pilares inicialmente: seguridad y migración irregular, reactivación económica y urgencias sociales. Si desde el 11 de marzo hasta hoy el gobierno ha logrado perfilar una carta de navegación sólo en el campo económico, la cuenta pública brinda una instancia privilegiada para ponerse al día con los otros ámbitos: lucha contra la delincuencia, crimen organizado y migración irregular; educación, salud y vivienda, y así. Es el minuto de integrar esas esferas en un discurso con sello propio, vocación mayoritaria y alcance nacional.
Si acaso es verdad que el hombre es un animal que cuenta historias, como decía el filósofo Alasdair MacIntyre, llegó el momento de que el Presidente Kast —como portador de la piocha de O’Higgins— le cuente su historia al país.
Por Claudio Alvarado Rojas, director ejecutivo del IES.
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