Llegar a una ciudad nueva con una maleta no siempre es el inicio de una aventura idílica; a menudo es el resultado de un cálculo matemático desesperado. Con los precios del alquiler escalando un 51,4% en la última década mientras los salarios apenas se movían un 3,4%, según el informe conjunto de Fotocasa e InfoJobs, la libertad de elección ha sido sustituida por la gestión de la escasez.
En este escenario, el coliving no nace de un deseo romántico de compartir cocina, sino de una necesidad estructural. Es la respuesta habitacional a un mundo donde el mercado tradicional ha levantado muros de fianzas impagables y contratos rígidos que ya no encajan con la vida de nadie. Abrir la puerta de un coliving es, para muchos, la única forma de dejar de ser un "expulsado" del sistema para convertirse en un residente con derechos y servicios, aunque sea a costa de reducir los metros cuadrados propios.
El coliving no es solo compartir piso; es una evolución profesionalizada de la convivencia. Según explica el medio especializado Minut, este modelo es un híbrido que combina la privacidad de una habitación con servicios integrados. El funcionamiento operativo, como detallan los expertos de ULI (Urban Land Institute) y el informe The European Coliving Best Practice Guide, se basa en un modelo de gestión integral. En otras palabras, el residente paga una sola factura que cubre alquiler, mobiliario, Wi-Fi de alta velocidad, limpieza y suministros.
Este ecosistema elimina la "carga mental" de la gestión del hogar. Como señala la tesis del MIT, el coliving nace para dar resiliencia a un mercado inmobiliario agotado, ofreciendo espacios "listos para entrar" que permiten al inquilino centrarse en su carrera o sus proyectos personales desde el minuto uno.
La versatilidad del modelo ha permitido que se fragüen distintos formatos según la necesidad del usuario:
La ventaja inmediata es la asequibilidad. Desde el portal Coliving.com estima que un residente puede ahorrar hasta un 40% en comparación con un estudio tradicional. No obstante, hay beneficios invisibles. Un reporte de la Universidad de Lund subraya que el coliving es una estrategia de vivienda urbana sostenible, reduciendo el consumo de energía y agua al compartir recursos y electrodomésticos.
Además, el impacto psicológico es medible. Mientras que el aislamiento urbano crece, el 71% de los "colivers" afirma sentirse más conectado. Ante las políticas de vuelta a la oficina en ciudades con precios imposibles, vivir en un coliving cerca del puesto de trabajo es la única alternativa para evitar trayectos de dos horas diarios.
En ciudades como Nueva York o Londres, el ahorro es drástico, pero en España el modelo también se consolida. Según CBRE, la inversión en el sector Living alcanzó los 3.730 millones de euros en 2024, lo que permite ofrecer alojamientos de alta calidad a precios que, aunque parecen elevados a primera vista, resultan competitivos al eliminar la inversión en muebles, el mantenimiento y las altas de suministros. Es, en esencia, la transformación del alquiler en una suscripción mensual transparente.
En los principales nodos urbanos de España, estos son los rangos actuales:
No hay que confundirlos. En un piso compartido, la convivencia es azarosa y la gestión informal. En el coliving, hay una gestión profesional 24/7. Como destaca Minut, el uso de tecnología (sensores de ruido y humo que respetan la privacidad) garantiza que la convivencia no se degrade. Además, los contratos son individuales; si un compañero no paga, no afecta al resto, algo que la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) no siempre garantiza en contratos de grupo tradicionales.
Encontrar estas comunidades es hoy tan fácil como reservar un hotel gracias a plataformas como Coliving.com. Sin embargo, a diferencia de un hotel, aquí el factor comunidad es vital. Muchos gestores, como se menciona en los estudios del MIT, realizan entrevistas previas para asegurar que el perfil del residente encaja con la vibe del edificio, buscando una armonía que beneficie a todos los integrantes.
Para el inversor, el coliving es un activo refugio. CBRE señala que Madrid y Barcelona concentran el mayor interés debido a su alta rentabilidad por metro cuadrado. No obstante, el despacho Uría Menéndez advierte sobre el "limbo" jurídico: al no haber una ley nacional clara, el coliving navega entre el Código Civil y normas municipales que buscan ordenar el mercado.
En este contexto, Madrid ha dado un paso al frente con el Plan RESIDE, una nueva hoja de ruta diseñada para combatir la "turistificación" y la escalada de precios provocada por el alquiler vacacional. Esta normativa es clave para el sector porque traza una línea roja: separa los edificios de uso residencial de los turísticos. Sin embargo, el Ayuntamiento permitirá que edificios dotacionales privados que estén obsoletos o en desuso se transformen en colivings o viviendas de alquiler asequible, siempre que se garantice su restauración.
El coliving ha dejado de ser una anécdota para los jóvenes para convertirse en una respuesta arquitectónica y social a la crisis de la vivienda. Representa una transición necesaria hacia un mundo donde el acceso a un hogar no sea una carrera de obstáculos financiera, sino una experiencia humana fluida. Al final, estos modelos no hacen sino recordarnos que, por encima de las leyes del mercado, existe un anhelo fundamental de dignidad y compañía. Es, quizás de forma silenciosa, una manera de empezar a cumplir con esa máxima que dice que todos tenemos derecho a un hogar adecuado, un espacio que no solo sirva de resguardo, sino que sea el cimiento de una vida con sentido y comunidad.
Imagen | Freepik
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La noticia
Qué es el coliving y por qué se ha convertido en la alternativa residencial del momento
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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