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¿Qué les pasó, ministros?

El 1 de junio, mientras el Presidente Kast hablaba dos horas y media en su primera Cuenta Pública, el Ministerio de la Mujer cumplía diez años de funcionamiento. Nadie le cantó el feliz cumpleaños. El regalo fue un discurso que lo dejó casi sin agenda, y en la misma mesa, el Ministerio de las Culturas miraba cómo le pasaba algo parecido.

Aclaremos algo, porque si no la crítica no vale. Chile tiene urgencias y emergencias, y es razonable que la seguridad y la economía se lleven el grueso del discurso. Eso no se discute. Lo que sí es que, por más de dos horas, no hubo espacio para dos carteras enteras. Y ahí la pregunta no es para el Presidente, sino para sus ministros.

A las mujeres las nombraron, claro, como mano de obra y como madres. El desempleo femenino sirvió de argumento para el crecimiento: “ningún país puede darse el lujo de dejar fuera a la mitad de su talento”. La sala cuna, la llave para contratarlas; la natalidad, un problema demográfico. ¿Femicidios? Ni una palabra. ¿Violencia de género? Tampoco. ¿La brecha salarial, donde Chile lidera en la región? Silencio. Se habló de las mujeres, pero no se les habló a las mujeres. Y esos temas los había puesto la propia ministra Marín como las urgencias de su cartera al asumir. Pero en la cuenta, que era el momento de instalarlos, no hubo nada.

Con la cultura, el caso fue más insólito. Tres minutos. ¿Para qué? Para anunciar que se van a limpiar monumentos y borrar rayados, lo que está bien. Pero la cultura, reducida a una cuadrilla de aseo, y nada de creación, de artistas, de museos, de patrimonio vivo.

El recorte a Cultura terminó siendo casi el triple de lo que Hacienda pidió al resto del Estado, y el ministro Undurraga lo defendió como eficiencia, prometiendo que el plan cultural llegaría una vez ordenadas las cuentas. En el minuto en que debía anunciarse, tampoco llegó.

Y la cultura sí es política, de la que de verdad importa: es la que crea y la que junta a la gente que otras cosas separan. Una biblioteca de barrio, un teatro lleno: eso también es seguridad, la que educa y previene. Y debería estar al alcance de todos; ahí seguimos al debe.

Un ministro no llega a cuidar el escritorio: llega a pelear su agenda y a exigir, en la mesa donde se arma la cuenta, que su tema esté. Y eso no pasó. El silencio de este discurso no es solo del que habló; también de quienes, pudiendo, se quedaron callados.

Que el país esté en emergencia define el orden de las prioridades, pero ese orden no puede dejar fuera lo que enriquece a una sociedad. En esta primera Cuenta Pública, las mujeres fueron un dato de empleo y la cultura, un plan para limpiar monumentos. Y los dos son mucho más que eso. Ninguno va a bajar la delincuencia por sí solo ni a levantar la economía mañana —no es lo suyo—, pero ambos son fundamentales para lo demás. Eso es lo que hace crecer a una sociedad: no siempre el PIB —a veces cosas que no caben en una cifra—, sino el alma, la unidad, la cultura, la igualdad, el encuentro. Eso también es Chile. Y un país que se cuida entero no deja esas cosas mirando desde el lado.

Por Tatiana Klima, socia directora Criteria Comunicaciones.

Junio 5, 2026 • 3 horas atrás por: LaTercera.com 25 visitas 2175151

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