SEÑOR DIRECTOR:
Cuando un vehículo nuevo presenta fallas de origen, la discusión suele centrarse en su reparación. Sin embargo, pocas veces se considera el costo que asume el consumidor mientras espera una solución: tiempo perdido en visitas al servicio técnico, gestiones administrativas e incertidumbre, además de la depreciación natural del vehículo.
Mi experiencia con un Volvo EX30 me lleva a plantear una pregunta que trasciende a una marca en particular. Si el defecto no es responsabilidad del comprador, ¿por qué debe ser este quien absorba íntegramente el costo del tiempo transcurrido y la pérdida de valor del bien?
En una industria automotriz cada vez más compleja y dependiente de software, parece pertinente abrir el debate sobre si basta con reparar una falla o si también corresponde compensar los perjuicios derivados de una demora prolongada en su solución.
Daniel Olivares M.
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