El poder y el estilo del ministro de Hacienda del gobierno republicano entraron en escena de forma disruptiva con la crisis de los combustibles. De personalidad fuerte y sin contrapesos en el gabinete, el economista jugó sus cartas y convenció al círculo estrecho del Presidente de avanzar en el alza histórica de la bencina y pagar los costos políticos de la medida. El debut ha evidenciado fisuras en su aprendizaje político; él ha dicho que no busca popularidad. “Es el hombre preciso para este momento”, declaran cercanos a Kast.
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