Reformas e incertidumbre

Lo hemos sostenido en múltiples ocasiones, la tasa de inversión -una de las variables que explican la evolución del PIB de un país- responde a la incertidumbre institucional prevaleciente. Los empresarios están dispuestos a tomar riesgos, pero huyen cuando hay incertidumbre. El motivo: los riesgos se pueden estimar, la incertidumbre no. Con la aprobación del Plan de Reconstrucción Nacional ¿se ha reducido suficientemente la incertidumbre económica prevaleciente en el país? Si la respuesta es negativa, ¿qué se puede hacer para disminuirla?

La réplica a la primera pregunta es que el grado de incertidumbre económica -que venía cayendo muy significativamente desde junio- ha variado muy poco desde la aprobación del megaproyecto y sigue siendo muy elevado. De acuerdo al indicador diario de incertidumbre económica del Banco Central, ésta prácticamente no ha variado con la aprobación del megaproyecto (el índice se redujo de 140 el 4 de agosto a 138 al momento de escribirse esta columna). Sin embargo, es muy probable que la aprobación del megaproyecto no haya movido significativamente la aguja de la incertidumbre porque sus efectos -importantes- se anticiparon y se vieron reflejados en las variaciones del índice en los dos meses previos.

El hecho es que la incertidumbre económica sigue siendo muy elevada y se deben tomar medidas adicionales para lograr reducirla, en lo posible por debajo de los 100. Tienen razón Jaime Bellolio y Tomás Vodanovic (El Mercurio, 23 de agosto) cuando sostienen que no se puede reinventar el país cada cuatro años y que es necesario entregar certezas y continuidad en las políticas públicas. Pero ¿cómo lograr tal seguridad en un país en que en la actualidad hay visiones muy diferente en temas cruciales como, por ejemplo, el rol de Estado en la economía?

Según Jan Tinbergen, premio Nobel de Economía, se logran buenas políticas económicas si los políticos fijan metas (por ejemplo, las siete áreas de trabajo sugeridas por Bellolio y Vodanovic) y los tecnócratas -transversales valórica y técnicamente- escogen los instrumentos más adecuados para alcanzarlas. Es más fácil, o menos difícil, lograr buenos acuerdos entre tecnócratas, porque sus puntos de vistas tienden reflejar más los hechos y menos la ideología. El reciente nombramiento de comisiones en materia de arquitectura del Estado y del empleo -público y privado-, están parcialmente en línea con un esquema como el propuesto por Tinbergen.

Pero no basta con tener un proceso legislativo eficiente, sino la secuencia de las reformas también es importante. La flexibilización del mercado laboral pareciera ser el complemento óptimo del megaproyecto recientemente aprobado, tanto por su efecto sobre el empleo, como porque contribuiría poderosamente a reducir la incertidumbre institucional existente.

Por Rolf Lüders, economista

Agosto 27, 2026 • 1 hora atrás por: LaTercera.com 20 visitas 2421044

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