Como si fuera el inicio de una película apocalíptica o de corte bélico, Reino Unido se dispone a trasladar a sus ciudadanos un mensaje poco habitual: conviene tener comida enlatada, agua embotellada y otros suministros básicos preparados en casa por si llega más pronto que tarde una emergencia nacional. Que se sepa, no existe una amenaza concreta e inminente detrás de la recomendación, pero sí un cambio significativo en la manera en que Londres contempla su propia seguridad.
Contexto. Contaba The Guardian esta mañana que el Gobierno está revisando simultáneamente cómo responder a inundaciones, olas de calor, incendios, ciberataques, sabotajes e incluso las consecuencias de un ataque militar de un Estado hostil.
Dicho de otra forma, la preparación para escenarios que hasta hace poco parecían extraordinarios está empezando a llegar hasta la despensa de los británicos.
Un horizonte complicado. El Cabinet Office prepara una campaña nacional para explicar a los hogares cómo desenvolverse durante una emergencia, y entre sus recomendaciones estará almacenar alimentos enlatados, agua embotellada y otros suministros esenciales. El objetivo no es advertir de una catástrofe específica ni provocar compras masivas, sino conseguir que una parte considerable de la población pueda mantenerse inicialmente por sus propios medios si los servicios habituales dejan de funcionar.
La idea introduce un cambio interesante en la gestión británica de emergencias: la primera línea de resistencia ante una gran crisis ya no estaría formada únicamente por el Estado y sus servicios públicos, sino también por millones de hogares con una pequeña reserva doméstica preparada.
La lista de cosas. Detrás de unas simples latas aparece un catálogo de amenazas bastante menos cotidiano. El Gobierno está intensificando la planificación frente a inundaciones, calor extremo, sequías, incendios forestales y ciberataques, pero también ante posibles acciones de Estados hostiles y perturbaciones derivadas de conflictos internacionales.
Los episodios recientes han aumentado esa sensación de vulnerabilidad: este mismo mes el Ejecutivo tuvo que convocar una reunión Cobra para coordinar su respuesta a una ola de calor mientras crecían las advertencias por incendios y sequía, demostrando cómo fenómenos climáticos extremos pueden tensionar simultáneamente diferentes servicios e infraestructuras.
Lo lógica es sencilla. El planteamiento del Cabinet Office no consiste en que cada familia se convierta en un pequeño búnker autosuficiente, sino en ganar tiempo durante las primeras fases de una emergencia. Si millones de personas disponen de agua, alimentos y conocimientos básicos para afrontar temporalmente una interrupción de servicios, policías, sanitarios, equipos de emergencia y suministros públicos pueden concentrarse primero en ancianos, enfermos y otros colectivos especialmente vulnerables.
Si se quiere, es una lógica de resiliencia civil utilizada desde hace tiempo en otros países europeos: convertir a la población en una reserva de autonomía durante las primeras horas o días para evitar que toda la demanda recaiga inmediatamente sobre el Estado.
Qué hacer si te atacan. Porque la campaña doméstica forma parte de una revisión mucho más amplia de la preparación nacional que incluye algo que durante décadas resultaba mucho más remoto: evaluar internamente cómo respondería el país a un ataque militar de un Estado hostil que afectase directamente a territorio británico.
El Gobierno trabaja además en el denominado “war book”, un conjunto de planes destinado a establecer cómo debería reaccionar Reino Unido si un conflicto internacional repercutiera en el país. El propio Cabinet Office habla de impulsar un programa de “home defence” para preparar al país ante diferentes amenazas, señal de que la planificación de defensa ya no termina necesariamente en las Fuerzas Armadas o en las fronteras británicas.
Rusia “vuelve” a Londres. El endurecimiento de la preparación británica llega después de que Keir Starmer advirtiera, basándose en evaluaciones de inteligencia occidentales, de que Rusia podría atacar a algún miembro de la OTAN en un horizonte de cuatro años. Las tensiones entre Moscú y Londres se han incrementado además por el apoyo británico a Ucrania: el Gobierno ha entregado a Kyiv planos recientemente desclasificados destinados a mejorar su capacidad para fabricar misiles de largo alcance, mientras el Kremlin acusa abiertamente a Reino Unido de participar en la guerra del lado ucraniano.
Eso no significa, por supuesto, que exista información sobre un ataque ruso inminente contra Gran Bretaña, pero sí ayuda a explicar por qué escenarios anteriormente reservados a la planificación militar vuelven a formar parte de los cálculos de Whitehall.
Una amenaza no necesita misiles. La vulnerabilidad que preocupa a Londres tampoco exige necesariamente un ataque militar convencional. La semana pasada, hackers vinculados con Irán fueron responsabilizados de un ciberataque que provocó el cierre temporal de una pequeña planta de generación eléctrica británica.
El Gobierno aseguró que en ningún momento estuvo amenazado el sistema energético general, pero el incidente supone una aparente escalada de la amenaza contra infraestructuras del país. Electricidad, telecomunicaciones, agua o sistemas informáticos pueden convertirse así en objetivos capaces de alterar la vida cotidiana sin necesidad de que ningún ejército cruce una frontera.
El viejo manual de guerra británico. Ahí reside el cambio más significativo de la nueva estrategia. Una inundación, un gran incendio y un ataque informático tienen causas completamente diferentes, pero pueden producir inicialmente consecuencias sorprendentemente parecidas para una familia: cortes eléctricos, comunicaciones interrumpidas, problemas de abastecimiento o dificultades para acceder a servicios públicos.
Reino Unido está intentando prepararse para ese denominador común, desde los planes de guerra de Whitehall hasta la autonomía de cada hogar. No hay indicios de que el Gobierno sepa que una gran catástrofe está a punto de ocurrir, más bien, lo revelador es que considera suficientemente plausible un futuro de crisis climáticas, ataques digitales y tensiones militares como para empezar a pedir a sus ciudadanos algo muy concreto: que tengan comida y agua preparadas en casa.
Imagen | istolethetv, Defence Imagery, Brandon Gregory
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La noticia
Reino Unido debe saber algo que no sabe el resto de Europa: va a pedir a sus ciudadanos que acumulen comida y agua en casa
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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