Reino Unido ha tomado la decisión de no hacer nada sobre móviles en las escuelas. Así que los padres han pasado a la acción
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Reino Unido ha tomado la decisión de no hacer nada sobre móviles en las escuelas. Así que los padres han pasado a la acción

A veces, callar es lo mismo que actuar. El debate que se abrió en Reino Unido tras el estreno de la serie de Netflix, Adolescence, no ha surtido el efecto esperado en forma de propuestas legislativas. Tras las palabras del primer ministro Starmer advirtiendo sobre las “consecuencias fatales” de que los menores consuman contenido dañino sin control, se instaló el silencio en el gobierno británico. Muchos padres, por su parte, han decidido pasar a la acción.
Un movimiento nacional. La historia la contaba el New York Times. Frente a la creciente preocupación por los efectos de los móviles y las redes sociales en la salud mental de los menores, un grupo de padres en Reino Unido, liderados por Daisy Greenwell, Clare Fernyhough y Joe Ryrie, creó en 2024 la iniciativa Smartphone Free Childhood, que ha movilizado a más de 124.000 familias en 13.000 escuelas a comprometerse a no dar a sus hijos un teléfono antes de terminar el equivalente al octavo grado.
La propuesta busca cambiar la norma social que normaliza regalar un móvil a los 11 años, argumentando que la presión de grupo y la falta de alternativas colectivas han atrapado a padres y madres en una dinámica perjudicial para el bienestar de los niños.
Impacto social y evidencia de daños. El movimiento coincide con una creciente evidencia sobre los efectos adversos de la exposición temprana y prolongada a pantallas y redes sociales. Por ejemplo, datos recientes muestran que el 69% de la población británica percibe que las redes afectan negativamente a los menores de 15 años y que un 76% de adolescentes dedica la mayor parte de su tiempo libre a dispositivos electrónicos.
Además, estudios citados por líderes del movimiento advierten de un aumento alarmante de la ansiedad, depresión y autolesiones desde la masificación de las redes sociales. Organismos de seguridad e inteligencia también alertan sobre la exposición de menores a contenidos violentos y extremistas, un tema que ha entrado de lleno en el debate nacional a través de la televisión con la serie Adolescence, que ha sensibilizado a la sociedad sobre la gravedad del problema.
Resistencia política. Lo hemos contado antes. Mientras que países como Francia, Dinamarca y Noruega han implementado restricciones o prohibiciones sobre el uso de móviles en entornos escolares, el gobierno británico ha evitado legislar al respecto. Un intento parlamentario fue suavizado y delegó la decisión a cada centro educativo.
Ante esta falta de acción institucional, padres como Vicky Allen y Julia Cassidy han impulsado cambios a nivel local, logrando que algunas escuelas limiten voluntariamente el uso de los dispositivos. Además, distritos como Barnet, en Londres, se han adelantado con planes para prohibir teléfonos en todas sus escuelas públicas, afectando a 63.000 estudiantes, y colegios como Eton han optado por entregar teléfonos básicos a sus nuevos alumnos.
Acción colectiva. Daisy Greenwell y otros fundadores enfatizaban en el Times que la clave está en actuar de forma colectiva para reducir la presión de grupo sobre los niños, alargando la infancia libre de teléfonos y evitando que las decisiones queden aisladas en cada familia.
Al reunir a comunidades enteras bajo un compromiso conjunto, los padres crean un entorno donde no ceder al uso temprano del teléfono es visto como la norma y no como una excepción. “No es un problema tan complicado”, afirma Greenwell, “si todos hacemos lo mismo, es simple y poderoso”.
Testimonios personales. Figuras como Nova Eden, madre y activista del movimiento, relatan cómo la experiencia personal y casos trágicos, como el de Molly Russell, quien se quitó la vida tras exponerse a contenido autodestructivo en redes, las impulsaron a sumarse a la causa. Durante encuentros comunitarios, muchas familias reconocen las dificultades para regular el uso doméstico de la tecnología, pero también la necesidad urgente de proteger la salud emocional de sus hijos.
A este respecto, la directora Jane Palmer, de la Colindale Primary School, que implementará la prohibición de móviles en septiembre, admite que existen reticencias, pero también un consenso emergente: “Al final del día, la mayoría solo quiere mantener a sus hijos a salvo”.
Un debate pendiente. Pese al éxito de la campaña y su expansión por todo Reino Unido, los fundadores insisten en que no buscan demonizar la tecnología, sino provocar una reflexión social sobre cuándo y cómo es apropiado dar acceso irrestricto a herramientas que afectan directamente la salud y el desarrollo de niños y adolescentes.
En un contexto de creciente desinformación y debilitamiento de la regulación de contenidos en redes sociales, los padres británicos se han convertido en los protagonistas de un movimiento que suple, desde la base, la falta de respuestas claras por parte del gobierno.
Al menos hasta el momento.
Imagen | Pexels
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Reino Unido ha tomado la decisión de no hacer nada sobre móviles en las escuelas. Así que los padres han pasado a la acción
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Miguel Jorge
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