SEÑOR DIRECTOR:
La discusión sobre responsabilidad parental que se ha abierto a propósito del proyecto presentado por el gobierno aborda una preocupación legítima: cómo enfrentar situaciones en que niños, niñas y adolescentes participan en hechos de violencia o conductas que afectan a otros.
Sin embargo, junto con preguntarnos qué hacer cuando el problema ya se instaló, también vale la pena preguntarnos por qué llegamos a ese punto.
La responsabilidad parental no comienza cuando es necesario aplicar sanciones o cuando un vínculo ya está deteriorado. Comienza mucho antes, en los primeros años de vida, cuando madres, padres y cuidadores construyen relaciones de confianza, acompañando el desarrollo emocional y social de sus hijos e hijas.
La evidencia muestra que las experiencias tempranas y la calidad de los vínculos familiares tienen un impacto profundo en el bienestar, la convivencia y el desarrollo de niños y niñas. Por eso, cualquier discusión sobre responsabilidad parental debiera considerar también el fortalecimiento de quienes cuidan.
La prevención siempre será más efectiva y menos costosa que intentar reparar vínculos cuando ya están fracturados. Si queremos una sociedad más segura y comunidades más saludables, debemos invertir no solo en mecanismos de corrección, sino también en políticas que acompañen la crianza, fortalezcan a las familias y entreguen herramientas desde el inicio.
La mejor forma de exigir responsabilidad parental es ayudar a construirla desde los primeros años.
Carmen de la Maza
Directora ejecutiva
Fundación ALMA
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