SEÑOR DIRECTOR:
El plan “Chile Sale Adelante” repite un error conocido: responder a una crisis con una batería de medidas que crece semana a semana, sin una estrategia definida ni un apoyo focalizado. Ya lo vimos en pandemia: se partió con ayudas acotadas y múltiples instrumentos, para terminar en transferencias masivas y de diseño simple como el IFE Universal.
Hoy el patrón se repite. Al congelamiento del transporte público y los bonos a taxis, colectivos y transporte escolar, se sumaron esta semana el subsidio al gas licuado vía municipalidades y un bono a la pesca artesanal. Todo indica que la lista seguirá creciendo, en función de la capacidad de presión de grupos organizados. Más aún, los subsidios a proveedores de transporte no son garantía de que los precios de sus servicios no suban y tampoco abordan el principal impacto en los hogares. De hecho, según la última Encuesta de Presupuestos Familiares, el gasto directo en diésel y gasolina es significativamente mayor, en todos los quintiles de ingreso, que el gasto en taxis y microbuses.
¿Cuál es la alternativa? Transferencias directas a los hogares. Como orden de magnitud, el paquete actual del gobierno ya bordea los US$350 millones, lo que permitiría financiar más de cuatro meses de apoyo focalizado al 60% más vulnerable. La infraestructura para esto ya está instalada: el Bolsillo Familiar Electrónico, mecanismo de pago que permite a través de la cuenta RUT llegar sin burocracia y a tiempo a quienes más lo necesitan.
María José Abud
Directora ejecutiva Horizontal
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