Tras el fuerte rally que marcó el cierre de 2025, el inicio de 2026 encuentra al índice de riesgo país moviéndose dentro de un rango acotado, en torno a los 570 puntos. La pregunta que empieza a tomar fuerza entre los inversores es qué explica esta pausa y cuáles son los catalizadores que pueden destrabar el próximo movimiento.
En las últimas jornadas, los bonos soberanos en dólares exhibieron señales de estabilización e incluso un rebote moderado, especialmente en los tramos más largos de la curva. Este comportamiento coincidió con una mayor presencia del Banco Central como comprador neto de divisas.
En lo que va del mes, el ente monertario acumuló compras por más de USD 687 millones, en un contexto donde el tipo de cambio spot tendió a la baja y los volúmenes negociados en instrumentos dólar linked ya no reflejan intervención directa, a diferencia de lo que ocurría hasta el inicio de la semana.
Este punto resulta central. Si el BCRA compra reservas pero, a la vez, vende instrumentos de cobertura cambiaria, es difícil considerar genuina la acumulación de reservas.
Si el BCRA compra reservas pero, a la vez, vende instrumentos de cobertura cambiaria, es difícil considerar genuina la acumulación de reservas
El hecho de que esta dinámica haya disminuido hacia el final de la semana indica que el proceso de compras comienza a parecer sostenible. Este factor es clave para la sostenibilidad financiera del programa económico, considerando que el país debe continuar mostrando solvencia para acceder al rolleo de deuda en el mercado privado.
Este cambio de tono ayuda a explicar por qué el riesgo país dejó de subir y empezó a encontrar un piso. Sin embargo, es importante señalar que la dinámica del año estuvo marcada por el pago de cupones y amortizaciones del pasado 9 de enero, que sumaron un total de USD 4.400 millones. A diferencia de episodios anteriores, el pago de intereses y capital en este enero no generó una reinversión significativa en la propia curva de soberanos.

La razón es principalmente estructural. La composición de tenedores es diferente respecto a años previos. Los inversores locales, habitualmente más dispuestos a reinvertir cupones, redujeron su participación en los bonos bajo ley extranjera durante los últimos trimestres: mientras el año pasado llegaron a representar el 33%, hoy no superarían el 28 por ciento.
Al mismo tiempo, las empresas comenzaron a normalizar la repatriación de utilidades tras varios años de restricciones, lo que disminuye la demanda estructural por deuda argentina en dólares. A este cuadro se suma la situación de Venezuela y los movimientos en los mercados emergentes, que han desplazado parte de la atención de los operadores globales.
Un dato relevante es que parte de la escasa reinversión de cupones en soberanos se explica porque ciertos portafolios redirigieron estos flujos hacia créditos corporativos y provinciales.
Esto tiene lógica si se considera que, con estos niveles de riesgo país, los soberanos empiezan a exhibir rendimientos de un dígito (entre 9% y 11% de TIR), lo que modifica el análisis riesgo-retorno respecto de posiciones en bonos provinciales de buen historial crediticio, que aún ofrecen tasas entre 8% y 9%. Ejemplo de ello son los títulos hard dólar de Mendoza, Santa Fe y Córdoba (PMM29, SFD34, CO32). En otra dimensión, todavía persisten créditos corporativos triple A, como Vista y Pampa, que pagan tasas de hasta 7%-8% anual en dólares.

Este renovado interés se reflejó en las últimas colocaciones corporativas. Telecom emitió esta semana USD 600 millones, recibiendo ofertas por USD 2.427 millones, mientras que Banco Macro reunió USD 400 millones sobre un total de USD 1.150 ofrecido. Así, enero ya acumula colocaciones por un total de USD 1.600 millones.
Que la cuenta financiera de la balanza de pagos mantenga este ritmo es fundamental para que los dólares privados cubran el puente hasta que el soberano consiga comprimir el riesgo país.
El viernes, Ecuador anunció una operación de manejo de pasivos sobre su deuda externa mediante una oferta de recompra en efectivo de parte de sus bonos Globales. Si bien no es un canje tradicional bono-por-bono, el movimiento abre un caso testigo relevante para Argentina.
Ecuador tiene una calificación B-, y su bono Global 2030 opera con un rendimiento cercano al 7% y duración de dos años, mientras que el Global 2035 rinde alrededor de 8,9%, con una duración de 5,2 años. Estos parámetros no resultan tan lejanos a los que hoy presenta Argentina, calificada CCC+, apenas un escalón por debajo.
La reacción inicial del mercado fue positiva: el día del anuncio, los bonos ecuatorianos avanzaron cerca de 0,5%. Será importante observar la adhesión a la oferta, que permanecerá abierta hasta el 26 de enero, justo antes de los pagos de cupones y amortizaciones previstos para el día 27.
El perfil de vencimientos de la deuda argentina concentra elevados niveles de amortización en los Globales y Bonares 2029 y 2030
Conviene recordar que, tras la reestructuración de Martín Guzmán en 2020, el perfil de vencimientos de la deuda argentina concentra elevados niveles de amortización en los Globales y Bonares 2029 y 2030. En este marco, no debe descartarse que el Tesoro argentino analice, en el futuro, una modificación del perfil de vencimientos mediante una operación similar.
Esto podría concretarse a través de un canje voluntario de los mencionados bonos 29 y 30 por instrumentos de mayor plazo y una estructura de pagos más alineada con la capacidad de repago de mediano plazo. Dentro de este contexto, la estrategia de liability management implementada por Ecuador se convierte en una referencia clave para monitorear de cara a 2026.
El escenario de lateralización del índice de riesgo país no implica ausencia de riesgos. La acumulación de reservas por parte del Banco Central, la evolución de los flujos hacia el crédito privado y el impacto de las operaciones de manejo de pasivos en la región serán determinantes para el recorrido de los activos argentinos.

Por un lado, la continuidad en la compra de divisas y la menor intervención en instrumentos dólar linked refuerzan la sostenibilidad del programa económico. Por otro, la demanda de crédito provincial y corporativo puede atenuar la presión sobre el soberano, pero también marca un cambio en la preferencia de los inversores institucionales.
La continuidad en la compra de divisas y la menor intervención en instrumentos dólar linked refuerzan la sostenibilidad del programa económico
En este contexto, el monitoreo de las experiencias regionales, como el caso Ecuador, y la capacidad del Tesoro para anticipar eventuales necesidades de refinanciamiento serán dos factores centrales. La gestión de los vencimientos 2029 y 2030, junto con la credibilidad de la acumulación de reservas, definirán si el mercado puede romper el actual rango del riesgo país.
La clave estará en evitar señales contradictorias desde la política económica y mantener el flujo de dólares privados, mientras el país busca consolidar una tendencia sostenida de mejora en el perfil financiero.
La estabilidad no es el destino, sino la condición de posibilidad para el próximo salto. Y, como muestran los recientes movimientos en la región, la flexibilidad y la anticipación en el manejo de la deuda serán las herramientas más valoradas por los inversores en 2026.
El autor es Team Leader de Estrategia de Portfolio Personal Inversiones (PPI)
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