Banner imotores.cl
Rusia ha activado la táctica del "terror térmico total" en el frío de Ucrania: una huella en la nieve es una sentencia de muerte

Rusia ha activado la táctica del

Ucrania está viviendo uno de esos inviernos que no solo se recuerdan por la temperatura, sino por lo que la guerra hace con ella: bajo cero constante, nieve, niebla y ciudades enteras obligadas a sobrevivir como si el siglo XXI se hubiera apagado de golpe. En ese escenario, el frío no es un telón de fondo, sino un multiplicador de daño.

Invierno como arma. Sí, el invierno en Ucrania empeora las heridas, vuelve cualquier desplazamiento un castigo y, sobre todo, convierte la infraestructura civil (la calefacción, la luz, el agua) en el objetivo más cruel, porque no se trata solo de destruir capacidad militar, sino de hacer que la vida cotidiana sea físicamente inviable.

Terror térmico total. Rusia ha intensificado una campaña que apunta directamente al corazón térmico de las ciudades, buscando que el invierno haga el trabajo sucio: drones y misiles golpean subestaciones, redes de distribución y plantas que sostienen tanto la electricidad como la calefacción urbana, no como daño colateral, sino como método

En Kiev, con millones de habitantes, esto se traduce en edificios sin calor, días enteros sin suministro y un salto cualitativo en la angustia: respirar dentro de casa viendo tu propio vaho, dormir vestido con abrigo, improvisar calor con soluciones de emergencia y asumir que, si tienes un niño pequeño, la valentía ya no se mide en aguantar, sino en huir a tiempo. El objetivo no es solo apagar la ciudad, sino empujarla hacia el límite psicológico donde la gente empieza a plantearse concesiones, fracturas internas y cansancio político.

Kiev, vulnerable desde el aire. La capital sigue siendo un símbolo y por eso se está castigando con insistencia: Rusia no puede tomarla con fuerzas terrestres, pero sí puede hacerla inhabitable con ataques repetidos desde distancia, y la cadencia importa tanto como la potencia. Los golpes llegan en oleadas que buscan cortar a la ciudad de la red general y, cuando los equipos intentan reparar, volver a golpear justo donde se está trabajando, con un coste humano directo en los técnicos de energía heridos o muertos. 

Así, la defensa antiaérea se convierte en una carrera de desgaste que consume munición, y la administración local se ve obligada a priorizar lo mínimo para que la ciudad no se colapse (metro, agua o servicios críticos) mientras el resto cae en una penumbra doméstica donde el frío manda.

Hacia la guerra térmica. En la línea de contacto, el invierno no solo congela cuerpos: también visibilidad. Rusia ha intentado aprovechar la niebla espesa como cortina natural para mover unidades y atacar cuando los drones enemigos ven peor, pero la ventaja dura lo que tarda el rival en adaptarse. 

Ucrania ha respondido con la evolución lógica: más drones equipados con cámaras térmicas capaces de “ver” a través de la niebla porque no buscan formas ni colores, sino calor y contraste infrarrojo. A partir de ahí, el campo de batalla deja de ser un paisaje de camuflajes visuales y pasa a ser un mapa físico donde lo que delata ya no es lo que se ve, sino lo que emite.

D

La desaparición del tanque. Rusia, sintiendo la oportunidad que da el frío extremo, ha empezado a “borrar” sus blindados del espectro térmico con camuflajes como la Nakidka, una especie de capa diseñada para romper la firma infrarroja del vehículo y dificultar que un sensor lo destaque sobre el entorno helado. 

En un invierno donde el fondo es frío puro, cualquier fuente de calor se convierte en un faro, así que la supervivencia del material pesado depende cada vez menos de su blindaje y cada vez más de su capacidad de no delatarse. Esto también refleja un cambio de época: la protección ya no es solo acero y movilidad, es gestión de firma, disciplina y engaño contra sensores que nunca parpadean.

El nuevo ojo en el frente. La guerra se ha desplazado del plano visual al térmico con una crudeza que redefine incluso la idea de “estar oculto”: un dron con visor térmico puede mantenerse sobre una zona durante mucho tiempo, alimentando una cadena de objetivos donde cualquier presencia humana, equipo, batería o generador termina delatándose. 

Lo más castigado no es el movimiento rápido, sino la vida estacionaria: puestos de observación, centros de mando, zonas de descanso, equipos de drones, refugios con estufas y generadores, lugares donde se vive más que se combate. Primero se detecta, luego se observa, se confirma y se recopila actividad, y solo después llega el golpe con FPV, drones pesados tipo “Baba Yaga” o artillería, muchas veces de noche, cuando la oscuridad protege menos que nunca y el contraste térmico es máximo.

G O4vb7bqaiq9uf Las huellas delatan más que cualquier otra cosa

La trampa del calor. Recordaban en un reportaje del Financial Times que el error más repetido con la llegada del invierno es pensar en apariencia y no en física: se camufla la entrada del refugio, se tapa el contorno de la trinchera, se coloca una red, y aun así la posición brilla en el infrarrojo. No es necesario que te vean, basta con que vean la anomalía constante, la repetición de un punto caliente día tras día, que es lo que atrae la atención del reconocimiento aéreo. 

A menudo, ni siquiera delatan los soldados, sino las señales secundarias: suelo calentado, una chimenea humeante, el aliento de un generador, el calor filtrándose por una entrada, electrónica encendida o incluso el escape de un motor. 

Huellas como sentencia. Contaba un analista esta semana que, en el invierno ucraniano, caminar puede ser dejar una firma escrita en el suelo. La nieve recién caída, extremadamente reflectante, se convierte en una superficie “oscura” para cámaras térmicas, y las huellas recientes aparecen como un trazo más claro, no porque estén realmente más calientes, sino por un contraste aparente creado por cambios físicos.

Así, la bota compacta la nieve, altera su emisividad y genera una diferencia detectable por infrarrojos durante horas cuando el frío es intenso. En condiciones de este tipo, el paisaje no solo muestra dónde hay alguien, sino dónde estuvo, y esa es la idea más aterradora: en el blanco absoluto del invierno ucraniano, los pasos pueden ser una coordenada y el rastro una invitación a un dron explosivo que ya no necesita verte para encontrar un objetivo.

Sobrevivir como disciplina operativa. Lo que parece estar emergiendo es una realidad aún más brutal que la propia batalla: el enemigo no solo combate cuando se dispara, mata cuando se intenta (sobre)vivir. En las ciudades, la calefacción se vuelve línea de frente y el hogar se convierte en refugio precario, y en las trincheras, encender una estufa o cargar una batería puede ser un error fatal si repites el patrón. 

Por eso, en este invierno gélido como pocos en Ucrania, la cultura de supervivencia es casi una doctrina: controlar fuentes de calor, moverse sin dejar señales repetidas, evitar rutinas térmicas estables y entender que el frío no solo debilita, también pueden convertir el entorno en un sensor.

Imagen | X, Will Knowler

En Xataka | Los drones de Rusia están cayendo como moscas y se debe a las armas más locas de Ucrania: una caña de pescar y un coche con misiles

En Xataka | Bombardear tu propia trinchera es una táctica kamikaze. Hasta que Ucrania la ha convertido en una carnicería rusa: el “segundo plato”

-
La noticia Rusia ha activado la táctica del "terror térmico total" en el frío de Ucrania: una huella en la nieve es una sentencia de muerte fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

Enero 16, 2026 • 2 horas atrás por: Xataka.com 20 visitas

🔥 Ver noticia completa en Xataka.com 🔥

Comentarios

Comentar

Noticias destacadas


Contáctanos

completa toda los campos para contáctarnos

Todos los datos son necesarios
Banner imascotas.cl