El Ciudadano
Por Carlos Gutiérrez P.

Al parecer otra de las variables mal avaluadas en la guerra de agresión de la coalición de Israel y Estados Unidos contra Irán fue la apreciación sobre el impacto que esta tendría en el entorno regional inmediato e incluso un poco más allá de la ribera del golfo.
Cumplido un mes del conflicto, la extensión ya es inevitable y con ello los daños que se están produciendo, así como los cambios que generará en la escena geopolítica, prolongando y profundizando la crisis.
Desde la mitad del siglo XX que Estados Unidos ha hecho enormes esfuerzos diplomáticos, comerciales y bélicos por rediseñar la región, para proteger a su cabeza de playa que es Israel y dominar la principal fuente de riqueza que es el petróleo, a través de su comercialización en la divisa estadounidense (los petrodólares). Esta política ha tenido altos y bajos, y paulatinamente fue logrando que la mayoría de los países árabes de la región fueran asumiendo compromisos con Israel y subordinándose a la lógica occidental, bajo el paraguas de Estados Unidos y algunos países de Europa (especialmente Francia y Reino Unido). El logro mayor se concretó en los Acuerdos de Abraham (firmado en el año 2020 entre Israel, Estados Unidos y dos países del Golfo: Baréin y Emiratos Árabes Unidos que normalizaron las relaciones con el estado sionista) y simultáneamente con la caída del gobierno sirio de Assad que siempre fue un obstáculo para Israel, el genocidio del pueblo palestino, la neutralización de los estados de Irak y El Líbano, y los golpes permanentes a las milicias pro palestinas de Hamás y Hezbollá.
Todo parecía indicar que se avizoraba el momento de una reconfiguración exitosa para los intereses de Israel, ya que solo quedaba como obstáculo en el camino el país persa. La última pieza del gran puzzle es la que no encaja en el juego, y esta guerra, con la estrategia y el tesón iraní, efectivamente va producir un nuevo diseño regional.
Las seis monarquías del Golfo (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Catar y Omán) conforman el Consejo de Cooperación del Golfo, y tienen una política de estrecha relación con Estados Unidos, comercial y militarmente. En todas ellas existen bases militares de la Casa Blanca, desde donde se realizan los principales ataques al estado iraní, y siempre han tenido una convivencia complicada con el país persa, excepto Omán, que incluso fue el mediador en las negociaciones con los Estados Unidos y que celebraba los espacios de acuerdo que se habían generado.
Por eso resulta cínica la posición de los países europeos, otros de la misma región y la propia Naciones Unidas que critican a Irán por los ataques sobre territorio de estos países, sin mencionar que esencialmente los golpes han sido a las bases estadounidenses afincadas allí, desde donde provienen los bombardeos a Irán. En ninguna declaración se hace mención a “este detalle”.
Cumplido un mes del conflicto, la extensión ya es inevitable y con ello los daños que se están produciendo, así como los cambios que generará en la escena geopolítica, prolongando y profundizando la crisis.
Crecientemente, Irán ha atacado infraestructura crítica de las petro monarquías, bajo el concepto de acciones de respuesta tipo espejo a los ataques que la coalición agresora ha realizado sobre la misma en territorio iraní, y que siguen proviniendo de bases y territorio de estos países.
Todos estos estados van a tener fuertes efectos económicos negativos, tanto por la destrucción de su infraestructura como por los impedimentos del comercio de sus exportaciones e importaciones. Su papel en la guerra ha sido muy activo, y quedarán muy desfavorecidos en su potencial de disuasión, porque ha quedado demostrado que su capacidad militar es muy deficiente, y dependen esencialmente del sostén estadounidense. Por sí solos no son competencia ante el potencial iraní. Un buen ejemplo fue la amenaza de Emiratos Árabes Unidos con atacar a Irán y sumarse a la coalición, lo que llevó a una respuesta militar persa de envergadura, que culminó con una nueva declaración del Ministro de Relaciones Exteriores aseverando que se retractaban de las amenazas implícitas en un documento anterior ya que estas “habían sido mal interpretadas” (28/03/2026).
Baréin es el eslabón más débil de esa cadena, ya que tiene una mayoría de población chiita, muy crítica con la monarquía, y es el país que ha sufrido importantes movilizaciones de oposición al calor de esta guerra. El sábado 28 tuvo los disturbios anti monárquicos y anti estadounidense más masivos y violentos desde el inicio de la agresión de la coalición.
Omán, siempre ha jugado un importante rol mediador y pacificador en la región, y después de esta experiencia lo más probable es que acentúe su imparcialidad.
Emiratos Árabes Unidos es el país más pro israelí, pero tiene rencillas permanentes con Arabia Saudita, como quedó demostrado en los incidentes militares que tuvieron a principios de este año, en la incursión que quisieron hacer en Yemen contra el movimiento huti. Tuvieron una sonada derrota. Los saudíes lo calificaron como el caballo de Troya de los israelíes, y como el proxy de Israel que ejecuta planes sionistas para dividir a los estados árabes.
Emiratos Árabes Unidos es el país más pro israelí, pero tiene rencillas permanentes con Arabia Saudita, como quedó demostrado en los incidentes militares que tuvieron a principios de este año, en la incursión que quisieron hacer en Yemen contra el movimiento huti.
La afectación en sus capacidades militares, más allá del orgullo herido, repercutirá en los apoyos que entregan a grupos insurgentes que desestabilizan a Sudán, en una sangrienta guerra civil, en que acusan a EAU a beneficiarse del negocio ilegal del oro. De igual forma se resentirá su presencia en el cuerno de África, donde tiene fuertes inversiones y busca asentar una presencia militar en bases costeras que disputen la presencia de los hutíes y sean parte de la proyección de Israel.
El día 28, a un mes de iniciado el conflicto, los hutíes anunciaron su entrada en la guerra apoyando a Irán, y ejecutaron el primer ataque sobre el sur de Israel. La fuerza militar huti ya ha demostrado sus capacidades militares, así como su resistencia en un enfrentamiento asimétrico con grandes potencias, entre ellas Estados Unidos el año pasado.
Esto significa ampliar el teatro de operaciones en la retaguardia de las petro monarquías y en la zona sur de Israel, además del control de la otra vía clave para los flujos comerciales, como es el estrecho de Adén y el Mar Rojo. En caso de cerrarlo, la crisis mundial escalaría peligrosamente, pero además encendería una preocupación en Egipto (que obtiene grandes ganancias con el Canal de Suez), que se vería envuelto en la crisis.
Azerbaiyán fue objeto de presiones por parte de la coalición para que se sumara a la guerra contra Irán, aprovechando la frontera terrestre común, la fuerte presencia de una minoría de azeríes (14 millones) y la reconocida cooperación militar con Israel, que incluso incluiría bases en su territorio. Intercambio de declaraciones, entre ellas una advertencia de Irán, hizo bajar la tensión entre ambos, pero es una cuestión latente, ya que, inducido por Turquía, llevan tiempo trabajando para consolidar una red túrquica en la región, que se extendería hacia el Cáucaso, y una vez más reflotaría un conflicto histórico entre persas y turcos. Existe el peligro de ampliar las tensiones hacia el mar Caspio, ya que el 18 de marzo fue atacado el puerto iraní de Anzali, que conecta a cinco países, entre ellos a Rusia, el que tiene un interés estratégico por su conexión comercial con Irán.
También ejerció un rol disuasor para evitar sumarse al conflicto, la posibilidad de una activación de grupos kurdos, que también fueron instigados por la coalición. Claramente, Turquía y Azerbaiyán no habrían visto con buenos ojos el surgimiento armado de milicias kurdas, que, siendo grupos minoritarios en Irán, siempre han sido un problema para las aspiraciones turcas.
El proyecto estratégico de Turquía está analizando con suma atención el resultado de esta guerra, ya que tendrá efectos en él, puesto que atendiendo a las condiciones en que termine Irán, podrá activarse con mayor dinamismo o ponerlo en suspensión.
El proyecto estratégico de Turquía está analizando con suma atención el resultado de esta guerra, ya que tendrá efectos en él, puesto que atendiendo a las condiciones en que termine Irán, podrá activarse con mayor dinamismo o ponerlo en suspensión.
Estos tres estados viven una situación política interna muy conflictuada. Irak y Siria producto de la larga intervención estadounidense que dejaron un gobierno muy debilitado en Irak, y en Siria un gobierno administrado por exterroristas islámicos que no tienen el control total del país, y, por el contrario, se ha desestructurado en territorios dominados por distintos grupos étnicos armados, lo que mantiene al país en un limbo de pequeñas guerras civiles.
En ambos países se han reorganizado grupos chiies pro iraníes que están aprovechando el caos regional para sus propios objetivos nacionales. En el caso de Siria para ofrecer resistencia al gobierno que ha optado por una relación estrecha con Israel, y en el caso de Irak para disputar el gobierno y expulsar definitivamente la presencia de la OTAN en su territorio. Acá se han registrado sucesivos ataques a las bases estadounidense con resultados en bajas humanas y eliminación de equipamiento. Las fuerzas de la OTAN europea ya se han retirado (militares polacos, españoles y lituanos).
La resistencia iraquí saldrá fortalecida y podría tener un éxito estratégico con la retirada de las bases de Estados Unidos, que de paso reflejará otro resultado catastrófico de las últimas guerras del imperio. Estaría a un paso de disputar el gobierno y volver a ser un actor que dispute la presencia israelí. La cuestión a ver es la respuesta del actual gobierno y si entra en una guerra civil. La semana pasada se anunció que una unidad militar completa de las fuerzas armadas iraquíes, de nivel regimiento, se unió a las fuerzas irregulares pro iraní.
El caso de El Líbano es más complejo, porque hay claramente un gobierno impotente para enfrentar a Israel mientras está siendo atacado y desmembrado en la lucha que el estado sionista lleva contra el grupo de resistencia Hezbollá, el que ha demostrado una capacidad enorme de reorganización. Actualmente, ese es otro frente que se activó a propósito de la guerra contra Irán, y la ofensiva sionista tampoco está dando los resultados buscados. El día 26, en un enfrentamiento clásico de lucha irregular urbana, perdió 21 tanques Merkava, que, según la revista Military Watch Magazine, es la mayor pérdida militar israelí en un día en más de 40 años.
De igual forma estos tres países han adoptado posiciones neutrales en la guerra, con una postura de cautela, ya que sus tensiones internas, conflictos políticos intermitentes y crisis económicas los tienen concentrados en su inestable gobernabilidad.
Los grupos más extremos del proyecto sionista siempre han declarado su intención de conformar el ideario del Gran Israel, que consiste en una ampliación territorial que iría desde el río Éufrates al Nilo, para lo cual deben obligatoriamente trabajar para el rediseño de la región, tanto por la vía militar como por la diplomática. Los acuerdos de Abraham están en esa línea, así como la desaparición de toda expectativa palestina de un estado propio, y la eliminación de obstáculos estatales.
La actual guerra con Irán está desordenando los planes sionistas, tanto en el plano militar como político. La realidad bélica dejará a Israel bastante dañado, en sus capacidades humanas, técnicas y logísticas.
Hoy día Siria ya no es un problema, es más, en la medida de su inestabilidad se transforma en objetivo más accesible para Israel, que ya tiene presencia permanente en el sur del país. Los países árabes del Golfo no son un peligro militar; Jordania y Emiratos Árabes Unidos están casi colonizados por la política israelí, y El Líbano tiene la particularidad que como estado es intrascendente e incapaz de ofrecer resistencia, y vive sus contradicciones por la fuerte presencia política y militar del grupo armado Hezbollá.
La actual guerra con Irán está desordenando los planes sionistas, tanto en el plano militar como político. La realidad bélica dejará a Israel bastante dañado, en sus capacidades humanas, técnicas y logísticas. Actualmente, el periódico israelí Haaretz informa que ocho de cada 10 misiles disparados por Irán traspasan su defensa aérea, tanto por la escasez de interceptores, como por la disminución de información producto de la destrucción de parte de la red de radares (26/03/2026). El Canal 12 difundió una reunión de gabinete, en que el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, advirtió que las Fuerzas de Defensa están llegando a un punto de ruptura después de un conflicto prolongado: “Las reservas no serán capaces de resistir en estas circunstancias dramáticas… no pasará mucho tiempo antes de que las Fuerzas de Defensa de Israel ya no estén preparadas para misiones de seguridad de rutina” (27/03/2026).
Aparece como evidente que Israel saldrá golpeado estratégicamente de esta guerra, y disminuidas sus capacidades para imponer por la fuerza su gran proyecto. En términos políticos, tendrá que enfrentar su crisis interna, que, si bien mayoritariamente apoya la guerra contra Irán, no queda claro cuál será su evaluación para continuar con acciones como estas, que la tiene en una guerra desde el año 2023. En política internacional, su guerra de agresión le está costando cada vez más contar con apoyos incondicionales, incluido su centro neurálgico, la siempre dispuesta elite política estadounidense.
El 26 de marzo, el canciller israelí Gideon Sa’ar mantuvo una reunión virtual con representantes de países latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Ecuador, Panamá, Perú, Costa Rica y Honduras para analizar la guerra en Medio Oriente y las implicaciones regionales.
El político israelí vinculó a Irán y Hezbollá con actividades ilícitas, redes de narcotráfico y terrorismo en la región, pidiendo que todas sean declaradas como organizaciones terroristas. Planteó que acciones de conjunto con Estados Unidos podrían mejorar la seguridad en América Latina, y agradeció la postura de apoyo que estos países han brindado, así como su disposición a ser parte de esta acción común.
Así como todos los estados de la región viven en ascuas por las consecuencias de corto y mediano plazo que traerá el conflicto y lo que será el rediseño estratégico de la zona y cómo les afectará, hay otros actores extra regionales que hacen de la tragedia y la tensión mundial un pequeño escenario del absurdo.
Argentina, Lituania y Uganda han manifestado su disposición a enviar presencia militar a la zona para apoyar la guerra de agresión de la coalición israelí-estadounidense.
Argentina, Lituania y Uganda han manifestado su disposición a enviar presencia militar a la zona para apoyar la guerra de agresión de la coalición israelí-estadounidense. En el caso argentino un componente naval, y en el caso de Uganda un componente terrestre, con una grandilocuente declaración del Ministro de Defensa de que están en capacidad de llegar rápidamente hasta Teherán, en un plazo de dos semanas y solo con una brigada. Los lituanos, un poco más modestos, estarían en condiciones de enviar tres oficiales de Estado Mayor.
El caso de Marruecos es más complejo, porque siendo un país musulmán y declarado aliado de Israel, ha pronunciado en reiteradas ocasiones su disposición a enviar tropas para despejar el estrecho de Ormuz. Es preocupante su activismo por la guerra, ya que estando en una zona sahariana muy compleja, podría arrastrarla a la contingencia, teniendo en cuenta que su vecino Argelia es también un acérrimo enemigo de Israel y con una potente capacidad militar.
El papel de Ucrania es digno de un análisis psiquiátrico, ya que organiza una gira por todas las petro monarquías ofreciendo sus servicios para organizar la defensa aérea contra drones, y de paso comerciar con sus propios sistemas no tripulados. Un país que está en guerra, que sufre diariamente los ataques aéreos de Rusia, y contra los cuales no tiene una defensa robusta, producto de lo cual solicita ayuda económica permanente a los europeos para que lo surtan de tal armamento. Además de la poco diplomática gira, que en los hechos pone en cuestión la capacidad militar de Estados Unidos e Israel, siendo el primero su principal proveedor de sistemas de armas y de quien depende para una negociación relativamente digna con Rusia.
Ya está más que demostrado, el avispero desatado por Estados Unidos e Israel no solo demuestra su enorme incapacidad de análisis estratégico sobre las consecuencias, en todos los campos, sino también que la geografía y los adelantos tecnológicos nos hacen un mundo cada vez más estrecho de lo que pensamos, más compacto, y por ende absolutamente conectados.
Los pueblos, los que más sufren, deben alzar su voz para ser parte de la solución, la que pasa por dinamizar un sistema multipolar, cooperativo y justo para todos.
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 86 – 31/03/2026
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