SEÑOR DIRECTOR:
La violencia en las comunidades educativas ha generado una preocupación legítima. Avanzar en medidas como detectores de metales o mayor control en los accesos responde a una demanda ciudadana clara: las familias necesitan certezas.
Desconocer esa urgencia sería un error. Estas medidas, aunque no abordan el origen del problema, ayudan a reducir el temor y a dar seguridad inmediata. Pero sería igual de equivocado pensar que con eso basta. La violencia no comienza en la puerta del colegio, y por lo mismo no se resuelve solo con control.
El proyecto “Escuelas protegidas” presentado por el gobierno reacciona a esta contingencia. Nadie puede estar en contra de que un colegio funcione con reglas claras. Pero llama la atención que en el foco de esta iniciativa no aparezca con la misma urgencia la pregunta que antecede a toda la violencia: ¿dónde estaba el sistema antes de que ese estudiante llegara al límite?
El desafío es hacer ambas cosas a la vez: responder a la urgencia sin perder de vista lo estructural. Eso implica fortalecer la salud mental, el acompañamiento desde la primera infancia y comunidades educativas más sólidas.
En ese contexto, es clave robustecer un Sistema Local de Niñez que articule todos los sectores. Las OLN hoy están desbordadas atendiendo vulneraciones ya ocurridas; por lo que se requiere un sistema completo e integral, que cuente con recursos para prevenir, no solo reaccionar.
Nos jugamos más que la convivencia escolar: el desarrollo del país. No habrá seguridad sostenible si no llegamos a tiempo.
La seguridad real no se instala: se construye.
Claudio Castro Salas
Alcalde de Renca
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