El Ciudadano
Por Matías Bosch Carcuro
El 20 de octubre de 2019, Sebastián Piñera declaraba a Chile en guerra contra “un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada, ni a nadie”.
Con eso denominaba y criminalizaba al Estallido Social, que colmaba las calles de pueblo levantado contra 30 años de neoliberalismo salvaje.
Carabineros y el Ejército se aprestaron a la batalla, y lo hicieron de tal forma que hoy tres generales de su alto mando, incluido su exdirector, están procesados judicialmente por decisiones, acciones y omisiones que se tradujeron en graves violaciones de derechos humanos.
En el marco de aquella “guerra”, se registraron 3216 denuncias y querellas por uso de la fuerza, se constaron 3777 víctimas, incluidos 7 asesinatos y ya se suman 5 suicidios.
La Universidad de Chile acreditó unas 450 víctimas de trauma ocular y funcional, gran parte de ellas con ceguera permanente. Fabiola Campillai, actual senadora, y Gustavo Gatica, recientemente electo diputado por el Partido Comunista, son las víctimas más visibles de la brutalidad militar y policial, que primero Piñera situó en el bando del “enemigo poderoso e implacable”.
El Estado te deja ciego en defensa propia
“Te voy a sacar los ojos”, “déjalo que se queme”, son expresiones del carabinero Claudio Crespo en acción durante el Estallido, registradas por las propias cámaras de Carabineros. Incluso arrancaba mechones de pelo a manifestantes y mandaba sus fotos a grupos de WhatsApp.
A Crespo se le llegó a conocer como El Carnicero, con rango de teniente coronel y subprefecto de fuerzas especiales. El 8 de noviembre de 2019 le tocó el turno de disparar con su escopeta antidisturbios a la manifestación en que estaba Gatica, dejándolo ciego y, tan herido, que recién 12 días después, luego de varias intervenciones, los médicos lograron retirarle los perdigones de las órbitas oculares.
El martes 13 de enero se conocería la sentencia del juicio en contra de Crespo por “apremios ilegítimos y lesiones graves y gravísimas” a Gatica. Se llegaba bajo la sombra de la Ley 21.560 (“Naín-Retamal”), que el gobierno de Boric y parte importante de su bloque legislativo impulsaron y aprobaron en 2023, pese a todas las advertencias de quienes se resistieron señalando que establecía las condiciones jurídicas para que los agentes del Estado puedan usar toda su fuerza, incluso letal, la figura de “defensa propia privilegiada”.
En efecto, el tribunal resolvió la absolución de Crespo. A la hora de leer su dictamen, precisaron que no enjuiciarían la actuación de la policía en general ni el accionar institucional durante el Estallido, solo la conducta del acusado.
Por el contrario, frente a Gatica sentado esperando el fallo, se permitieron establecer en la sentencia una caracterización evidentemente política de las manifestaciones: “actuar irreflexivo y trastornado”, “evidente peligrosidad”, “manifestantes agresivos”, “torrente violento y enardecido”, “turbas”, “zonas de combate”, son solo algunas de las expresiones empleadas por los jueces, para concluir que Crespo y las tropas policiales estaban ante “el actuar dinámico y organizado de sujetos que claramente estaban dispuestos a avanzar para herir o matar a carabineros”.
De tal forma, si los jueces decidieron “excluir” un juicio sobre el proceder de Carabineros y la conducta sistemática del llamado “Carnicero” al disparar indiscriminadamente contra una multitud, en una pirueta sí lo hacen sobre la rebelión social y el propio Gustavo Gatica. De ellos sí hacen un perfilamiento de conductas “antisociales” sistemáticas y diarias, les adjudica intenciones que se inhiben de imputar a Crespo “basándose en los videos”.
Gatica “con una piedra en la mano” pasa de víctima a victimario “potencialmente letal” mientras que Crespo, quien llega corriendo, dispara a 25 metros de los hechos, y sin ningún peligro inminente en su contra, se transfigura en héroe que, dejando manifestantes ciegos y heridos, interviene “en defensa propia y de terceros”.
Carta blanca para la violencia de Estado
Como se venía advirtiendo, la ley de 2023 promulgada por Boric, “defensa propia privilegiada” y “peligro inminente” son el corolario al dispositivo de guerra que Piñera y la derecha activaron en 2019 contra el “enemigo poderoso”. Funcionaron como el escudo y aval perfecto para presentar al verdugo policial como la víctima de la violencia y, a la vez, encarnación del orden y el sacrificio necesarios, mientras que, Gatica y quienes como él quedaron marcados para siempre por la violencia de Estado, son el enemigo público.
Recompuesta luego de noviembre de 2019, la derecha y el poder fáctico han logrado así significativas victorias, usando todos los medios a su disposición:
1) Conjurar el Estallido social con un acuerdo político que blindaba a priori a la Constitución de Pinochet, 2) Liberar a Piñera del juicio político, primero por violación a los Derechos Humanos y luego por corrupción, 3) Impedir que hubiera nueva Constitución, 4) Neutralizar al gobierno de cualquier reforma estructural y hacerlo entrar en el pacto de transición, 5) La victoria electoral de José Antonio Kast y, con él, la llegada del pinochetismo y el trumpismo a La Moneda, y 6) con el caso Gustavo Gatica, dejar judicialmente asentada la criminalización del Estallido, la lucha popular contra el neoliberalismo y la derechización, y poner en acción la Ley 21.560 que dará carta blanca y garantizará impunidad a los agentes y cuerpos de seguridad del Estado para el uso letal de su capacidad de ataque y fuego.
La derecha política, mediática y ahora judicial sellan el relato sobre el Estallido Social como “octubrismo”, “vandalismo” y “golpe de Estado” que hay que repeler “en defensa propia” y el uso de la fuerza como anticuerpo preferencial.
La sentencia de los jueces podría ser impresa y repartida a partir de ahora como un manifiesto de glorificación del Estado policial y la satanización de la protesta. Que el blanco concreto, Gatica, sea un parlamentario comunista refuerza todavía más la impronta política de la resolución judicial y enardece la saña del pinochetismo galopante.
En menos de dos meses, Kast y su “gobierno de Emergencia” estarán en La Moneda y ni en su lista de Navidad pudieron haber soñado un regalo mejor, que los medios concentrados se encargarán ahora de mantener vivo, estigmatizando todo impulso de resistencia popular, lavando la cara y envalentonando al fascismo, y aterrorizando preventivamente con una pistola en la sien o perdigones en los ojos a todo aquel que piense y actúe como Gatica.
Es la “vía chilena al trumpismo” y, paradójicamente, serán el gobierno y el parlamento surgidos de las movilizaciones antineoliberales en las que Gustavo puso sus ojos, quienes habrán concedido otra herramienta de violencia e impunidad y un nuevo retroceso ideológico.
Matías Bosch Carcuro.-

El Ciudadano
La entrada Sentencia contra Gustavo Gatica: Concesiones, impunidad y adelantos en la vía chilena al trumpismo se publicó primero en El Ciudadano.
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