A comienzos de los años 2000, Russell Crowe atravesaba uno de los momentos más fuertes de su carrera. Venía de una racha envidiable con L.A: Confidential, El dilema y, por supuesto, con su consagración como Mejor Actor en los Oscar por Gladiator, seguida de otra nominación por Una mente mar…
Artículo original publicado en SensaCine
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