Laura Ramírez
Sevilla, 2 abr (EFE).— Las seis hermandades que procesionan en la Madrugá de la Semana Santa de Sevilla ya se encuentran recorriendo distintas calles del centro de la ciudad, dando muestra, un año más, de los contrastes de una noche en la que la ciudad cambia el sueño por el fervor de barrio, el silencio y el recogimiento.
Sus imágenes titulares vienen dejando a su paso estampas memorables, protagonizadas por la devoción religiosa de los cofrades y por la admiración de quienes disfrutan de la riqueza patrimonial de esta celebración.
Si bien la hermandad de la Macarena fue la encargada de abrir la secuencia de salidas, el Silencio fue la primera en alcanzar la Campana —punto en el que se sitúa el inicio de la Carrera Oficial— dada la proximidad de su sede canónica, situada a apenas diez minutos de distancia.
La Plaza del Duque fue casi el primer testigo de la sobriedad y austeridad que caracteriza a esta corporación y a su comitiva de unos 1.200 nazarenos. Se contaban por miles las personas concitadas en este punto que da acceso al recorrido oficial, por el que después también accedió el conocido como "Señor de Sevilla", el Gran Poder.
Él es el protagonista indiscutible de una hermandad que, con sus alrededor de 2.800 nazarenos, es silencio y hace silencio a su paso desde que sale de su basílica, poco después de la medianoche, hasta su regreso con las primeras luces del alba.
El término de su discurrir por este lugar supuso un cambio de guión; el mutismo se tornó algarabía. Llegaba la hermandad más populosa de la noche, la que este año ha batido récords emitiendo más de 5.300 papeletas de sitio, con unos 4.200 nazarenos que portan cirio.
Alrededor de 1.900 acompañaban al paso de Jesús de la Sentencia, custodiado por los "armaos", una Centuria Romana que ofrece un despliegue visual y sonoro inigualable. El resto, a la Virgen de la Macarena, cuya figura desprende una elegancia y una devoción que trasciende lo local para conmover a todo espectador.
En paralelo al Duque, otro foco esencial de esas primeras horas de la madrugada se situó en la calle Pureza, en el barrio de Triana. Allí, desde la Capilla de los Marineros, iniciaba su marcha hacia el centro de la ciudad la Esperanza de Triana, precedida por el Cristo de las Tres Caídas, célebre por el particular y aclamado andar de su cuadrilla de costaleros.
El Altozano y la ribera del Guadalquivir sirvieron de nexo para que sus más de 3.000 nazarenos —también en filas de a tres— cruzaran el río, protagonizando un inicio de estación de penitencia repleto de sensaciones que se graban en la memoria de los fieles y de quienes admiran este patrimonio artístico.
Más tarde, en la calle Verónica, el Santuario de los Gitanos abrió sus puertas poco antes de las 02:30 horas. Sevilla pudo entonces reencontrarse con Jesús de la Salud —apodado cariñosamente "el Manué"— y con la Virgen de las Angustias, a los que acompañaban unos 2.700 nazarenos.
Ambas imágenes impregnan de arte cada momento de su recorrido, que tiene entre sus puntos más emotivos el paso por el Palacio de las Dueñas, evocando a la duquesa de Alba, o la visita al convento de Santa Ángela para recibir el rezo de las hermanas.
La última corporación en ponerse en marcha ha sido el Calvario, que partió a las 04:00 horas desde la Plaza de la Magdalena con unos 750 penitentes en riguroso silencio. Por delante les aguarda un camino íntimo de aproximadamente cuatro horas, colmado de instantes de difícil descripción.
Hasta el instante actual, la jornada se desarrolla con normalidad y sin contratiempos de relevancia, conforme a los informes de Emergencias Sevilla. EFE
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