Esta mañana he contado las pestañas abiertas en Dia, mi navegador. Veinticinco.
Había ahí un análisis de Counterpoint que abrí hace cinco días para leer "en cuanto pueda" pero que todavía no he tocado. Un hilo de X con muy buena pinta. Tres newsletters a medio scroll, esperándome como deberes a medio hacer. Y así unas cuantas cosas más.
Llevo quince años escribiendo sobre tecnología. Mi trabajo consiste literalmente en leer, filtrar y pensar sobre lo que leo. Y aun así, o precisamente por eso, cada vez me cuesta más distinguir cuándo estoy informándome de cuándo estoy simplemente moviendo los ojos.
Llevamos siglos tratando la lectura como una virtud en sí misma. "Lee más" siempre ha sido el consejo universal, la respuesta automática a casi cualquier carencia. Y tenía sentido cuando el problema era la escasez de fuentes. Pero el problema empezó a ser otro y nosotros seguimos igual, con el mismo reflejo.
El error es que le hemos transferido el respeto y la inercia moral que le teníamos a un buen libro a formatos que no lo merecen. Leemos un hilo interminable de X, un PDF de marketing o una newsletter inflada sintiendo que pasar los ojos por ese texto es un acto meritorio por defecto. Ya no lo es. O al menos, no siempre. Sé que esto va en mi contra.
La IA ha roto la ecuación de una forma que roza la comedia absurda. Hoy cualquiera genera un informe de diez páginas sobre cualquier tema en tres minutos. Cualquier creador infla una idea de un párrafo hasta llenar mil palabras sin añadir un solo dato nuevo, solo morralla. Y la gran paradoja es algo que ya vimos venir hace tiempo: nuestra mejor defensa es usar esa misma tecnología. Vivimos en un bucle donde una máquina alarga un texto para que parezca importante, y nosotros usamos otra máquina para que nos lo resuma en tres bullets y así ahorrarnos el trámite. Unos dan la chapa y otros la neutralizan.
La cantidad de texto disponible ha dejado de guardar relación con el conocimiento que contiene. Hay más palabras que nunca porque es más fácil que nunca generarlas, pero no está nada claro que haya más ideas. Lo que sí crece es la presión por consumirlas todas. Siento que, a menudo, ese miedo a quedarnos fuera nos parece curiosidad intelectual cuando lo que hay debajo es simple FOMO.
El analfabetismo funcional tradicional consistía en descifrar las letras pero no entender ni papa de lo que decían. El nuevo se parece más a lo contrario: entendemos perfectamente cada texto, pero hemos perdido la capacidad de decidir si merece ser leído.
No filtramos. No descartamos. No decimos "esto es una chorrada que no me aporta nada". No lo suficiente. Y no lo hacemos porque descartar información es algo que seguimos sintiendo como una pérdida, como un acto de pereza que nos delata. Pero es justo lo contrario.
La capacidad de no-leer (identificar en tres segundos que algo no merece tus próximos diez minutos) es hoy un acto de inteligencia que aporta casi tanto como la propia lectura. Y para eso hace falta desarrollar tus propias red flags. En mi caso, si un texto promete una revelación pero el primer párrafo es pura paja introductoria, fuera. Si intuyo adjetivos grandilocuentes y estructuras robóticas de relleno, fuera. Si no hay un solo dato propio antes del primer scroll, al carrer. Ni menciono la estructura monolínea tan habitual en X y LinkedIn. Ahí, directamente catapulta.
Cuando llegó ChatGPT, muchos pensamos que el riesgo de la IA era que la gente dejase de leer. Puede que sea peor: que lea más que nunca sin pensar más que nunca. Que procese sin digerir. Que acumule información como quien acumula pestañas abiertas, con la vaga promesa de volver a ellas. Sabemos que no lo hará. Nunca volvemos.
Yo lo sé porque llevo toda la semana sin cerrar esas veinticinco pestañas y al final las cerraré todas a la vez, sin leerlas, con una mezcla de alivio y culpa. Pero he empezado a entender que cerrar pestañas de golpe tras haber seleccionado lo más interesante es una práctica de lo más saludable.
Al final, el nuevo analfabeto funcional se parece demasiado a mi navegador de esta mañana: saturado de pestañas, lleno de promesas de lectura y completamente incapaz de procesar una sola idea más.
Imagen destacada | Xataka
-
La noticia
Si la pregunta es cómo sobrevivir al tsunami de información en la era de la IA, la respuesta es simple: aprendiendo a no leer
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Lacort
.
completa toda los campos para contáctarnos