El Ciudadano
En un escenario dominado por una serie de sillas, el juego parece conocido. La música avanza, los cuerpos se desplazan y la lógica parece inevitable: alguien quedará fuera. Sin embargo, Sillas Musicales, obra dirigida por José “Pepo” Urrea Silva, toma la estructura de uno de los juegos más populares de la infancia para desmontar precisamente aquello que lo sostiene. Lo que comienza como una referencia reconocible deriva en una profunda reflexión escénica sobre las formas de convivencia que predominan en la sociedad contemporánea y sobre la posibilidad de imaginar alternativas a la competencia como principio organizador de la vida.
La propuesta, que reúne a la histórica compañía de danza “Generación del Ayer” con el actor y director teatral Rodrigo Pérez, se sitúa en un territorio donde convergen danza contemporánea, teatro y performance. Pero más allá de la combinación disciplinaria, el principal gesto político y artístico de la obra reside en la identidad de quienes la interpretan. Las bailarinas Carmen Aros, Mabel Diana y Sonia Uribe, referentes fundamentales de la danza chilena y todas mayores de ochenta años, ocupan el centro de una creación que desafía las nociones dominantes sobre productividad, vigencia y envejecimiento. “Ha sido una experiencia enriquecedora junto al coreógrafo, Pepo Silva y el elenco creativo de ‘La Mutante’. Hacía tiempo que no trabajaba en un proceso creativo diferente al que realizamos al interior de ‘Generación del Ayer’. Fue todo un reto, porque no había mucho tiempo para su ejecución y a veces la memoria o el físico nos juega en contra, pero sin embargo fue todo muy fluido y sin percances. Es la primera vez que trabajo bajo la dirección de este joven creador y constato que en el Arte no se produce un abismo generacional cuando todos vamos hacia un objetivo, un objetivo artístico y en el que la creación ve finalmente la luz”, señala Aros, Premio Altazor 2010, quien continúa: “Muy importante también fue comprobar, una vez más, que la creación no tiene edad y que uno intenta y trata de dar lo mejor de sí misma en el proceso, en la escena, en la vida. Y quiero pensar que eso traspasa y se vislumbra en la ejecución y entrega en esta obra de danza que presentaremos desde el 25 al 28 de junio en Matucana 100”.
La obra se construye a partir de una pregunta aparentemente simple: ¿qué ocurre cuando las reglas de la competencia dejan de ser aceptadas como naturales? A partir de esa premisa, Urrea desarrolla una puesta en escena que subvierte el sentido original del juego de las sillas musicales. En lugar de avanzar hacia la eliminación progresiva de los participantes hasta coronar a un único vencedor, la dramaturgia propone una desviación constante de las reglas. Los cuerpos se resisten a la lógica de la exclusión y ensayan formas de colaboración que cuestionan la idea de que sobrevivir implica necesariamente derrotar a otros. La metáfora resulta especialmente pertinente en una época marcada por discursos que promueven el rendimiento individual como medida del valor humano. En este contexto, Sillas Musicales desliza –desde la presencia concreta de los cuerpos en escena– una crítica lúcida a los modelos sociales que privilegian la competencia permanente y que transforman cada espacio de convivencia en una carrera por ocupar un lugar.
Es precisamente allí donde emerge uno de sus aspectos más conmovedores. La participación de “Generación del Ayer” convierte el montaje en una declaración sobre la experiencia, la memoria y la persistencia artística. Lejos de presentar la vejez como una etapa de repliegue o fragilidad, la obra la muestra como un territorio de conocimiento acumulado y de resistencia cultural. Cada desplazamiento, cada pausa y cada gesto adquieren una densidad particular porque están atravesados por décadas de trayectoria artística y experiencia vital. La presencia de estas intérpretes posee además un significado histórico dentro de las artes escénicas chilenas. Fundada en 1996 por la destacada coreógrafa Rayén Méndez, se convirtió en la primera compañía profesional de danza integrada exclusivamente por adultos mayores en Chile y una de las pioneras en Latinoamérica. Su aparición marcó un punto de inflexión en la percepción social de la vejez dentro del ámbito artístico, cuestionando la idea de que la danza es una disciplina reservada únicamente para cuerpos jóvenes. Durante casi tres décadas, la agrupación ha sostenido una práctica creativa que reivindica el valor de la madurez artística. Sus integrantes no solo interpretan obras; participan activamente en los procesos de creación, aportando sus propias biografías, memorias y experiencias al desarrollo escénico. Esa filosofía encuentra en Sillas Musicales una de sus expresiones más consistentes, transformando la trayectoria personal de cada intérprete en un material dramático de enorme potencia.
El trabajo dramatúrgico desarrollado junto a Bruce Gibbons Fell contribuye decisivamente a la construcción de este universo simbólico. Las sillas dejan de ser simples objetos escénicos para convertirse en signos múltiples: representan espacios de pertenencia, posiciones de poder, oportunidades perdidas, desplazamientos forzados y también la necesidad humana de encontrar un lugar dentro de la comunidad. A través de ellas, la obra evoca temas tan contemporáneos como la exclusión social, el aislamiento, la precariedad y el temor a quedar fuera de un sistema que parece exigir velocidad permanente. La propuesta se fortalece además gracias a una estética rigurosa y contenida. El diseño sonoro de Nicolás Bascuñán construye una atmósfera de tensión constante, mientras la iluminación minimalista concentra la atención sobre los cuerpos y sus relaciones. Nada parece superfluo. Cada elemento escénico contribuye a sostener una sensación de inestabilidad que dialoga con la incertidumbre que caracteriza gran parte de la experiencia social contemporánea.
Uno de los mayores logros de la obra es evitar cualquier aproximación paternalista hacia sus intérpretes. La emoción que genera no surge de la admiración por la edad de quienes están sobre el escenario, sino de la calidad artística de su presencia. La experiencia acumulada se transforma en lenguaje escénico y demuestra que la expresividad, la creatividad y la capacidad de conmover no dependen de parámetros asociados al rendimiento físico, sino de la profundidad de la experiencia humana puesta en escena. Asimismo, la recepción que ha tenido el montaje confirma su relevancia dentro del panorama cultural chileno. El reconocimiento otorgado por el Círculo de Críticos de Arte y la positiva valoración de la comunidad escénica, reflejan el impacto de una propuesta que logra articular excelencia artística y reflexión social sin sacrificar complejidad ni sensibilidad.
En tiempos donde el éxito suele medirse por la velocidad, la productividad y la capacidad de imponerse sobre otros, Sillas Musicales propone una mirada radicalmente distinta. La propuesta escénica reivindica la cooperación frente a la competencia, la experiencia frente a la obsolescencia y la memoria frente al descarte. Al hacerlo, no solo ofrece una experiencia estética de gran profundidad, sino que instala una pregunta urgente sobre las formas de convivencia que estamos construyendo como sociedad. Más que una obra sobre un juego infantil, se revela como una reflexión sobre la condición humana contemporánea. Y en esa reflexión, la presencia de “Generación del Ayer” adquiere un valor excepcional: sus intérpretes transforman décadas de vida y creación artística en un acto de resistencia escénica que recuerda que la verdadera permanencia no se alcanza derrotando a otros, sino construyendo comunidad.
https://ticketplus.cl/events/sillas-musicales
La entrada “Sillas Musicales”: cuando la experiencia desafía las reglas de la competencia se publicó primero en El Ciudadano.
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