SEÑOR DIRECTOR:
Los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) nacieron para enfrentar problemas reales: municipios con deudas, poca capacidad técnica y gestiones deficientes. Pero el error ideológico fue suponer que todos los colegios públicos debían terminar bajo el mismo modelo.
La evidencia invita a abandonar esa lógica. Los SLEP ya administran el 48% de los establecimientos estatales y, entre los cuatro que comenzaron a operar primero (2018), hay resultados muy distintos: hay avances, retrocesos y estancamientos, tanto en matrícula asistencia como en repitencia y aprendizajes. Además, no siempre exhiben una trayectoria mejor al resto de la educación estatal.
Por eso, la pausa en los próximos traspasos debe servir para algo más que corregir problemas de implementación. ¿Por qué reemplazar una administración municipal que funciona bien y aporta a que los estudiantes aprendan más? ¿Por qué no pueden convivir con los SLEP, sometidos a los mismos estándares exigentes?
Chile necesita pragmatismo: municipios donde existan buenos resultados, gestión responsable y capacidad profesional. Y SLEP donde aporten valor. Así, dejamos este debate de lado y empezamos a preocuparnos de lo importante: mejorar lo que ocurre en la sala de clases.
Florencia Croxatto Santolaya
Economista Libertad y Desarrollo
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