
En abril de 2012 se hicieron públicas fotos del entonces Rey Juan Carlos I de España en un safari en África, provocando un escándalo nacional en plena crisis económica española. El rey, un hombre ya mayor, posaba sonriente y satisfecho con fusil en mano junto al cadáver de un hermoso elefante abatido durante la excursión. Más allá de las preguntas sobre cómo, por quién y con qué permiso la bestia había sido cazada, la imagen mostraba a gritos la disparidad económica y de poder entre dos naciones. El hombre blanco, rico y poderoso explotando los recursos de un país pobre para subsanar el daño que el paso del tiempo ocasionaba en su autoestima.
Las imágenes de la tropilla pseudo bolchevique, progresista, punk del primer mundo subida a un bus eléctrico para recorrer las calles destruidas y mugrientas de La Habana producen una indignación similar. La izquierda europea, elite económica, cultural y política, arrasa los escasísimos recursos de una empobrecida Cuba. Después de más de sesenta años en el poder, el 89% de su población vive en condiciones de pobreza extrema según datos del Observatorio Cubano de Derechos Humanos. El 15% de las viviendas de la isla se encuentra en peligro de derrumbe y solo el 15% de la población accede a agua potable los trescientos sesenta y cinco días del año, en una crisis social y económica que se acelera. En los últimos cinco años, el país vive en constantes apagones programados. Ya en 2024, se produjeron seis colapsos del sistema eléctrico nacional, en 2025 otros dos, y en este 2026 hubo un apagón en todo el territorio que duró días.
En ese contexto de precariedad absoluta, los miembros de la tropilla europea malgastan energía en aire acondicionado, fiestas y sesiones de rap. Cantan, bailan, e intentan lavar la cara de un régimen que persigue políticos, activistas y artistas, convirtiendo a Cuba en el país de Latinoamérica con mayor cantidad de presos políticos. Pero eso sí, no entonan ni un verso de alguna canción de los músicos cubanos Maykel Osorbo, Mister Will D’Cuba, Nando OBDC que se pudren, literalmente, en cárceles del régimen. Ni un verso de la poetisa María Cristina Garrido, ni una sola bandera o camiseta con algún dibujo de Luis Manuel Otero Alcántara, ni un video dedicado a Ernesto Medina o Kamil Zaya, jóvenes creadores de contenido digital encarcelados este año por supuesta “propaganda contra el orden constitucional” por el tono crítico de sus videos.
La explotación de los cubanos por parte de la izquierda europea (y estadounidense) no es nueva. Ya lo dijeron muchas veces, y cito a la eurodiputada Irene Montero e Iglesias: Cuba es la “reserva moral de la humanidad”, es el “territorio emocional”, el espacio “refugio”. Cuba es de ellos, su colonia. Si cientos de miles de cubanos han padecido la cárcel, el destierro, la persecución, el hambre, poco importa. Lo importante es que ellos posean ese pedacito de sueño, esa tierra de pobreza “honesta”, “genuina” para ser admirada desde el balcón de un hotel de cinco estrellas.
Y como en el caso del Rey, para la izquierda europea, la posesión se acciona, se materializa si es documentada y mostrada. Por eso las fotos y los videos, por eso la falta de vergüenza y pudor. Edward Said nos lo había explicado correctamente: registrar es poseer, registrar y mostrar es ser dueño y amo. Las fotos y videos que suben a sus redes gritan, “es nuestra”, “son nuestros”, “hacemos de ellos lo que queremos”. Extractivismo burdo. Ellos son los poseedores de Cuba, ellos deciden cuán real es el sufrimiento de la gente, cuánto pueden y deben aguantar para sostener su emocionalidad frágil de niños bien alimentados.
Que llamen a eso “Nuestra América Convoy” solo enfatiza el desprecio que sienten por el país y su historia.
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