La cuenta de una gestión que lleva menos de tres meses y que, no obstante, se extendió por casi dos horas y media. Ese solo hecho ya supone que no eran los ciudadanos de pie los escogidos para este mensaje. En día hábil, la inmensa mayoría de la gente trabaja o estudia, es decir, no tiene tiempo y quizá menos interés en escuchar un discurso presidencial de estas dimensiones. Menos todavía en tiempos de comunicación digital y redes sociales, donde uno de sus principales atributos es precisamente la brevedad.
Con todo, el presidente Kast logró fijar una línea clara respecto de lo que quería: reiterar un diagnóstico y las medidas para afrontarlo. En simple, la autoridad insistió en su convicción de que Chile vive una emergencia en diversas áreas y que, por tanto, se requieren acciones perentorias para abordarla. Entre las principales, la inseguridad ciudadana, el deterioro del orden público y del Estado de Derecho. Fue ahí donde hubo un énfasis nítido y donde estuvieron los anuncios más polémicos. Entre ellos, el aumento de los tiempos de flagrancia, la posibilidad de detener por 180 días a los inmigrantes ilegales y el Registro de vándalos e Incivilidades. En los tiempos que corren, es probable que estas materias tengan apoyo en la población, y que sean también las de mayor controversia con sectores opositores.
La segunda prioridad del discurso tampoco fue sorpresa: el deterioro económico que el país arrastra desde hace más de una década. Este eje es el que más se ha visto reforzado desde el inicio del gobierno. Primero, por el golpe al bolsillo que significó el alza de los combustibles; después, porque el país lleva cuatro meses de cifras negativas en materia de crecimiento; por último, porque el desempleo ha vuelto a empeorar de manera preocupante. Frente a ello, el presidente Kast reiteró la importancia del proyecto de Ley Miscelánea que empieza su trámite en el Senado, mostrando disposición al diálogo, pero dejando claro que las líneas matrices se van a defender.
El Mandatario reforzó estos ejes de gestión de manera reiterada, pero con un tono distinto al usado durante la campaña presidencial. En esta oportunidad, fue más convocante, haciendo constantes llamados a la unidad, pero sin renunciar a las convicciones que sustentan la agenda gubernamental. En eso, Kast logró transmitir que asume a plenitud el mandato de las urnas, la solidez de una importante mayoría que respaldó el programa que hoy se implementa. Y ahí radica precisamente el peso de la prueba de este largo mensaje presidencial: ayer se acabó el período de instalación, uno que tuvo entre sus extraños componentes un temprano ajuste ministerial.
Así, las piezas ya están ajustadas. El diagnóstico está claro y las principales medidas para abordarlo fueron ayer singularizadas. Ahora viene el desafío de los resultados, algo que el propio presidente se encargó de señalar que no podía ser inmediato, pero que representa su principal desafío político hacia adelante. Kast inició sus palabras planteando la necesidad de mantener la esperanza, esa que fue tempranamente golpeada por el alza de los combustibles. Como han confirmado las cifras de desaprobación, en estos tiempos la paciencia es poca. El cambio de mano, el punto de inflexión de las políticas anunciadas deberá notarse mucho antes que sus resultados. Es la apuesta que el presidente dejó ver ayer entre líneas. Hay que confiar, “las cosas van a estar bien”, pero ahora el objetivo del gobierno es que la gente empiece a notarlo.
Por Max Colodro, filósofo y analista político.
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