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Sobreestimaciones

La consistencia y la credibilidad de las finanzas públicas terminó por sucumbir al cuadro de deterioro general que vive el país. Ya ni siquiera se puede confiar en la información oficial, lo que implica que uno de los principales activos construido en las últimas décadas ha empezado a debilitarse. En efecto, la polémica entre el ministro Quiroz y el exministro Grau sobre la deuda pública confirma que los datos entregados por la autoridad son también un campo de batalla.

En el gobierno de Boric se hizo costumbre que la Dipres reconociera sobreestimaciones de los ingresos fiscales. “Errores” que resultaron muy convenientes para una administración que buscaba tener una base técnica para justificar aumentos del gasto público más allá de lo responsable. Eso llevó a incumplir la regla fiscal de manera sistemática, obligando a la autoridad de la época a asumir déficits estructurales por encima de los comprometidos. Hoy el ministro Quiroz denuncia que la herencia de esa “política” es una deuda pública 10.500 millones de dólares mayor a la proyectada.

Pero no es todo. En paralelo a la controversia generada por dicha cifra, se ha conocido que Codelco también tenía debilidades por las sobreestimaciones, en este caso, de su propia producción. ¿Con qué fin? El mismo que buscaba Hacienda en el gobierno anterior al sobreestimar los ingresos: justificar mayores gastos. En la principal empresa pública del país, la sobreestimación de lo producido permitió que ejecutivos y trabajadores recibieran suculentos e injustificados bonos; beneficios que ahora, sabiendo que los números estaban alterados, los trabajadores de la empresa se apresuraron en señalar que no pensaban devolver.

Aunque parezca increíble, hubo un tiempo en que Chile fue un país muy responsable a la hora de estimar ingresos y financiar gasto público. Fue precisamente en los años en que había consensos respecto a que los recursos del Estado sólo aumentan de manera consistente cuando hay inversión y crecimiento económico. Según datos del FMI, la deuda pública como porcentaje del PIB pasó del 43,1% en 1990 a 3,9% en 2007, es decir, durante los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos, el período de más alto crecimiento y mayor reducción de la pobreza en la historia de Chile. Algo que confirma, además, que para lograr ambos objetivos no es condición indispensable un aumento del gasto como porcentaje del producto.

Hoy estamos en las antípodas de ese Chile: gastando cada vez más y creciendo cada día menos. Sin ir más lejos, en la última década el PIB per cápita fue de un 0.8% anual promedio y la deuda pública volvió a situarse por sobre el 40%. Pero hay que tenerlo claro: este país que gasta más y crece menos es el resultado de las decisiones que los chilenos hemos tomado. Llegamos a creer que el dinero caía de los árboles y que bastaba con sobreestimar ingresos. Ahora las consecuencias están a la vista. Los autores intelectuales y materiales de esa irresponsabilidad, también.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

Mayo 30, 2026 • 2 horas atrás por: LaTercera.com 14 visitas 2154276

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