El 2 de marzo de 1998, la niña había logrado que su madre le permitiera ir caminando sola hasta la escuela, pero nunca llegó. Un secuestrador solitario la subió a la fuerza a una camioneta y ya no hubo rastros de ella. La encerró en una celda subterránea, la violó, la torturó y la trató como a una esclava. Con el tiempo pudo ganarse su confianza y huyó cuando se le presentó la primera oportunidad. Habían pasado ocho años, cinco meses y 21 días desde su secuestro
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