Las malas políticas económicas traen consecuencias y Chile las está viviendo. El demagógico aumento del salario mínimo cercano al 30% en el gobierno de Boric, sin mediar aumento de la productividad; la disminución de las horas trabajadas manteniendo las remuneraciones; y seis puntos más de cotizaciones previsionales (60% de aumento) encarecieron brutalmente la mano de obra y nos tienen con un desempleo de 9,4%, que entre las mujeres se eleva a 10,5% y entre los jóvenes a más de 20%. Una tormenta perfecta para las Pymes, que con una economía creciendo entre el 1 y el 2% no aumentan sus ventas y sí sus costos.
Todo era previsible y algunos lo dijimos, pero fuimos calificados de agoreros, criticados por oponernos a los grandes acuerdos y ahora los mayores perjudicados son los jóvenes y las mujeres, la base política del gobierno anterior. Los economistas o empresarios que relativizaban la aplicación de malas políticas ahora empiezan a descubrir que el deterioro de la situación de las familias es un problema, porque comienzan a crecer como callampas las malas ideas. Los parlamentarios populistas de la izquierda retan a sus propios dirigentes porque osan conversar con el gobierno tratando de incorporarse a la discusión sobre el proyecto de Reconstrucción, que ciertamente ayudará a reactivar la economía porque contiene medidas potentes que transitan en dirección justamente contraria al camino en reversa de los últimos diez años. Pero ese proyecto no bastará para satisfacer las expectativas de la gente. Hay que hacer nuevos cambios, acelerar la marcha. La reacción de algunos en la derecha es aflojar la mano, sumarse al populismo de la izquierda para capear el temporal. Esa es la peor decisión, porque las medidas populistas traerán más problemas; el populismo es, por definición, sinónimo de malas políticas públicas.
Por eso el gobierno del Presidente Kast debe sostener con firmeza el timón. Pero eso no significa desconocer las dificultades por las que pasan las familias chilenas porque reflejaría falta de empatía, no hay que minimizar los problemas (es posible una recesión técnica en el corto plazo, aunque algunas cifras de exportaciones son auspiciosas). Tampoco hacer promesas que no se puedan cumplir, porque eso se vuelve en contra (miren si no lo que le pasó a Boric). Con todo, la gente tiene que ver la luz luego del túnel y esa es la actitud que deben mostrar las autoridades.
Para ello hay que redoblar los esfuerzos, el trabajo de las autoridades en terreno, reforzar la presencia en los medios de comunicación en programas serios, puntos de prensa en que se aborden los temas de fondo y no la hojarasca farandulera a la que políticos poco serios nos quieren llevar -ya llegarán ellos a habitar el escenario circense que merecen sus piruetas-. Es la hora de la templanza, de la seriedad y de la verdad.
Por Luis Larraín, Presidente del Consejo Asesor, Libertad y Desarrollo
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