Madrid, 24 ago (EFE).- Tener hijos en el caso de los hogares con padres menores de 30 años y monoparentales eleva el riesgo de sufrir carencia material y social severa, por la vulnerabilidad que genera la crianza y el hecho de que aún cuentan con trayectorias profesionales poco consolidadas.
Lo explica el informe 'Hijos, ciclo vital y pobreza en España: 2008–2025' de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que señala a la pobreza infantil como uno de los principales retos distributivos de la economía española.
Recuerda que pese a la recuperación del mercado de trabajo tras la Gran Recesión, más de uno de cada cuatro menores vive por debajo del umbral de pobreza y uno de cada tres se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del INE.
Los investigadores José Ignacio Conde-Ruiz y Marialejandra Garay exponen cómo la vulnerabilidad se concentra especialmente en determinadas estructuras familiares: los hogares monoparentales presentan una tasa AROPE (indicador europeo de población en riesgo de pobreza o exclusión social) del 50,3 %; una tasa de pobreza monetaria del 41,2 % y niveles de carencia material y social severa próximos al 19,4 %.
Ese nivel de carencia material y social severa alcanza el 26,2 % cuando la persona de referencia del hogar tiene menos de 30 años.
El análisis señala que al comparar hogares similares en renta, empleo y características sociodemográficas, la presencia de menores se asocia, en promedio, con una probabilidad de sufrir carencia material y social severa 1,15 puntos porcentuales mayor.
Pero si se tiene en cuenta solo los hogares cuya persona de referencia tiene menos de 30 años la presencia de hijos menores se asocia con un aumento de 7,26 puntos porcentuales en la probabilidad de sufrir carencia material y social severa.
"Los resultados muestran que la elevada pobreza infantil observada en España no puede explicarse únicamente por el hecho de tener hijos. La crianza genera una vulnerabilidad especialmente intensa cuando coincide con una baja acumulación de ahorro, trayectorias laborales todavía poco consolidadas o la ausencia de un segundo adulto en el hogar", destacan los investigadores.
El estudio concluye que las necesarias políticas universales de apoyo a la infancia deben complementarse con instrumentos específicamente dirigidos a los hogares jóvenes y monoparentales, combinando protección de ingresos, apoyo a la conciliación y medidas orientadas a reducir la transmisión intergeneracional de la desigualdad. EFE
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