Santander, 6 ago (EFE).- El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) deriva en una situación "trágica" para quienes lo padecen, muchas veces personas jóvenes que se aíslan y que suelen intentar ocultar sus compulsiones para mantener en secreto su problema porque les avergüenza.
"Se convierte en una pesadilla, una pesadilla del día a día las 24 horas. Es muy complejo", dice a EFE Aurora Gavino, catedrática emérita de Psicología de la Universidad de Málaga y miembro de la Academia de Psicología de España, que ha hablado sobre este trastorno en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander.
Se trata "de un trastorno joven", advierte, porque lo frecuente es que comience a presentarse en la adolescencia y juventud.
Su prevalencia ronda el 2,8 % de la población total y, aunque afecta a mujeres y hombres, "es más problemático" en estos últimos, apunta Gavino.
Las señales de alarma, que derivan en la consulta a un profesional, suelen ser que la persona tiene comportamientos "que no pueden entender quienes la rodean, patologizados, porque se ha alejado de lo normal y de lo que hace todo el mundo".
Es dramático en todos los casos, porque la persona se da cuenta de que sus compulsiones y su comportamiento no son normales pero no puede evitarlo.
Gavino destaca especialmente la situación que viven los niños con TOC.
"Todavía no tienen la cognición desarrollada como los adolescentes y los jóvenes, y ellos mismos no saben qué es lo que les está ocurriendo", explica.
Así, los niños afectados suelen presentar estados emocionales fuera de lo corriente, con irritación, tristeza, o enfado, que los padres atribuyen "o a que es evolutivo o a que, por ejemplo, ha ocurrido algo en el colegio o donde sea, y no lo relacionan con una compulsión o una obsesión compulsiva", incide esta especialista.
Algo que se repite en muchas personas que tienen TOC es que, siendo conscientes de que lo que hacen "no es normal", tratan de ocultarlo o disimularlo ante los demás.
Eso pasa incluso con los niños, porque desde pequeños sienten que deben tenerlo en secreto. "Porque ven que son diferentes a los demás niños, y lo que quieren es estar con ellos y ser normales, no sentir rechazo", señala esta catedrática.
Y los adolescentes "hay algunos que no quieren ir a la consulta porque les parece que ya es como una muestra de estar loco". "Ellos mismos no entienden por qué les está ocurriendo eso y son edades en las que la autoestima, el interés de estar con los demás, de salir, relacionarse, está ahí…", subraya Gavino.
Gavino añade que, por lo general, cuando alguien en edad adulta acude al profesional con un TOC "viene de atrás", de la juventud o de la adolescencia.
Es preciso dar el tratamiento adecuado "para que puedan reducir cuando antes el escenario tan patológico que afrontan".
"Cuanto más tiempo pasa teniendo ese trastorno, más complicada es la terapia, porque ha invadido a la persona, es como el cáncer", considera.
Destaca además que hay que ir trabajando "para volver a la vida cotidiana". "No estamos pensando en eliminar por completo el TOC, sino que esa persona pueda vivir con lo poco que le quede después del tratamiento", señala.
La catedrática insiste en el "drama" de los enfermos con TOC. "Estas personas renuncian a la vida, así de claro, porque se van apartando del día a día, porque la invasión de la obsesión les lleva a hacer compulsiones que son un continuo", explica.
"Algunos no pueden tocar los vasos de la mesa, o no pueden tocar la mesa directamente, no se pueden sentar en esa silla…, y se van aislando y asilando cada vez más, y ése es también un gran problema", dice. EFE
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