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Todos contra la Unión Europea-OTAN

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

Uno de los actores más afectados por el ciclo crítico del sistema internacional iniciado en 2014 ha sido la Unión EuropeaOTAN, que no ha logrado dar con una lectura estratégica que la haga relevante en los conflictos existentes, y especialmente partícipe en el diseño de una nueva realidad internacional. En su accionar ha predominado la confusión, la inconsistencia, la toma de decisiones económicas erradas con negativos resultados en el corto plazo y, aún más grave, en el largo plazo, una ambivalencia política ante conflictos armados y una total esquizofrenia ante el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos.

En 2014, ante el golpe de Estado en Ucrania y la posterior guerra civil llevada adelante por los gobiernos contra la población de la región del Donbass -que buscaba su autonomía-, jugó un papel bastante cínico. No condenó el golpe, en esta ocasión porque se hacía bajo el relato de inclinación europeísta, y en el campo diplomático su participación en el grupo que arribó a los acuerdos de Minsk, a través de Francia y Alemania, no tuvo intención alguna de resolver el problema por esa vía, sino ganar tiempo para fortalecer las capacidades de Ucrania en un enfrentamiento militar con Rusia en el corto plazo. Una vez iniciada la guerra, ambos líderes europeos, François Hollande y Angela Merkel, en forma impúdica lo han reconocido públicamente, y convenientemente no se ha transformado en ningún escándalo diplomático.

A partir de 2015 participaron militarmente en la coalición liderada por Estados Unidos para derrocar al gobierno sirio, a través de la intervención directa y el apoyo a grupos insurgentes, después de sostener durante muchos años una política permanente de sanciones económicas, todo bajo la proclamación política de lucha por la democracia y los derechos humanos. Producida la derrota de Assad, nos encontramos con un país destrozado, con luchas internas entre grupos étnicos explícitas y latentes, una expansión israelí con la ocupación de la parte sur del territorio y con la dirección política del país de un ex terrorista de ISIS, que hoy es recibido y apoyado por Europa. No sabemos en qué quedó la lucha intransigente contra el terrorismo internacional.

Durante toda la segunda década del siglo XXI rechazó constantemente las propuestas rusas de un debate serio y moderno sobre seguridad regional, que abarcase desde Portugal hasta Vladivostok, bajo la modalidad estratégica de seguridad indivisible, que hiciese innecesaria la existencia de la OTAN, con una Rusia implicada e integrada en un solo sistema con el resto de Europa, proposición que provenía directamente del tan descalificado como imperialista Putin. Todo esto simultáneamente con la expansión sistemática de nuevos miembros de la OTAN hacia el oriente, a pesar de las explícitas declaraciones de Occidente de que no sucedería.

En 2022, ante la operación militar de Rusia contra Ucrania, tomó partido por esta invocando a una lucha hasta el último ucraniano, una vez más por la defensa de la libertad y la democracia, cuestiones poco conocidas en la Ucrania corrupta, bien dirigida por conocidas y fuertes agrupaciones neonazis (cada vez más ampliamente documentadas, a pesar de la censura occidental). Fue el líder británico Boris Johnson quien se cruzó criminalmente en un acuerdo de paz que ya se había alcanzado entre Ucrania y Rusia en abril de 2022. Hoy día ese primer ministro, que ya no está en el cargo, y que goza de buena salud y situación económica -algo muy distinto de los cientos de miles de ucranianos desplazados, muertos, mutilados, prisioneros y empobrecidos-, nunca ha recibido una crítica pública por su papel.

Desde el inicio, la Unión Europea-OTAN ha sido partícipe del conflicto apoyando a Ucrania a través de la entrega constante de financiamiento millonario, entrega de armas, logística, asesoramiento, formación y entrenamiento, planificación, inteligencia y operaciones en acciones terroristas.

Mantuvieron un sospechoso y decadente silencio ante el ataque terrorista sobre el gasoducto NordStream que afectó directamente a uno de sus socios, el más desarrollado de la Unión, así como otros actos ejecutados directamente en territorio ruso.

Desde el inicio, la Unión Europea-OTAN ha sido partícipe del conflicto apoyando a Ucrania a través de la entrega constante de financiamiento millonario, entrega de armas, logística, asesoramiento, formación y entrenamiento, planificación, inteligencia y operaciones en acciones terroristas.

Asimismo, han adoptado más de 20 resoluciones de sanciones económicas y financieras ampliamente difundidas, que sustancialmente han afectado más a la población europea que a la rusa, y que hoy la tiene en los bordes de una severa crisis económica. Esto a la par de que sigue siendo un importante comprador de petróleo y gas ruso, convenientemente fuera de las primeras planas de las noticias.

En este conflicto han perdido toda compostura política, sobre todo ante sus tan declamados principios democráticos, ya que han avalado ataques terroristas, censura total de prensa y de opinión distinta, siendo parte activa de un conflicto de terceros, de saltarse mecanismos de la Unión definidos por ellos mismos, de intervenir en procesos políticos internos con el fin de administrar el resultado en beneficio de su rusofobia, de azuzar un peligro militarizando a sus sociedades, de reprimir manifestaciones por la paz y anti OTAN, etc.

En el conflicto palestino-israelí también ha tenido posturas divididas y dubitativas. Condenó los ataques de Hamas el 7 de octubre de 2023, pero nunca tuvo una postura común y consistente contra la guerra genocida que llevó adelante el Estado israelí contra la población palestina en la Franja de Gaza y posteriormente en Cisjordania. Solo algunos ejemplos de su postura ante Israel: no asumió una política de sanciones económicas y bloqueo a las exportaciones de armas o partes esenciales para su fabricación, que hubiesen sido muy relevantes para detener la guerra. No cumplió con la resolución de detención en el juicio contra Netanyahu que lleva adelante la Corte Penal Internacional, y este pudo viajar por los espacios aéreos de Europa sin problemas. No lo castigó con la exclusión de eventos deportivos y de entretenimiento, como sí lo hizo en forma inmediata con Rusia, producto de la guerra en Ucrania. Finalmente, mantuvo su cómodo doble discurso, criticando duramente la resistencia armada de Hamas, solicitando la mesura a Israel, reprimiendo las movilizaciones sociales pro-palestinas y todo atisbo de anti-sionismo (recurso narrativo que sigue vigente heredado del holocausto nazi), alejándose de cualquier medida sancionatoria de fuerza material, que sí ha hecho contra otros estados que no son de su agrado.

Asimismo, todavía son varios los países de la Unión que no reconocen a Palestina como Estado, a pesar de una mayoría abrumadora y de ser una resolución antigua de Naciones Unidas. Estos son Alemania, Italia, Croacia, Chequia, Dinamarca, Letonia, Países Bajos, Estonia, Finlandia, Grecia, Lituania y Macedonia del Norte.

A inicios de 2025 aceptaron humildemente todos los ataques arancelarios que les hizo el presidente de Estados Unidos, incluso fueron a negociar directamente a la Casa Blanca, sin atreverse a ocupar los instrumentos e instancias internacionales para denunciar y oponerse a los ataques al núcleo de su modelo liberal, el libre comercio sin trabas proteccionistas.

Entró en conflicto con China en materia comercial, solo siguiendo los dictados e intereses estadounidenses, ya que en estricto rigor podrían acceder a economías complementarias de mutuo beneficio e incorporándose con decisión en los programas estratégicos de rutas comerciales. Al mismo tiempo, en sus documentos prospectivos de defensa han definido a China, al igual que Rusia, en términos de amenazas para su seguridad. Algo que solo es posible comprender bajo el concepto de subordinación estratégica a la Casa Blanca. Hoy, después de todos los encuentros ríspidos con Estados Unidos en materia comercial, vuelven su mirada hacia el gigante asiático para que la salve del hundimiento económico. Viajes con posturas más humildes han realizado Starmer, Merz, Sánchez y la propia von der Leyen.

Ha mantenido un conveniente silencio y bajo perfil ante la brutal agresión de Estados Unidos contra Venezuela, con el secuestro de su presidente y un cierto control del país en base a la amenaza del uso de la fuerza.

A mediados de 2025 pasaron un susto tremendo ante la ofensiva de Trump por apoderarse de Groenlandia. Una vez más posiciones dubitativas, posibilidades de llegar a un acuerdo conveniente sin necesidad de invasión, más de alguna declaración rimbombante, pero en rigor ninguna posición fuerte de defensa de integridad territorial, además de una gran confusión de cómo operaría el tratado de defensa colectiva. Solo el vasallaje, casi escandaloso, de Mark Rutte salvó la situación.

Ha mantenido un conveniente silencio y bajo perfil ante la brutal agresión de Estados Unidos contra Venezuela, con el secuestro de su presidente y un cierto control del país en base a la amenaza del uso de la fuerza. Europa fue un actor muy activo en la crítica al proceso venezolano, pero también en medidas concretas, como el bloqueo económico y el de activos financieros.

En la agresión de la coalición de Israel y Estados Unidos contra Irán, nuevamente aparecieron todos los fantasmas de la incoherencia. Han sido sujetos activos del bloqueo económico a la república islámica, pero a su vez pasivos en reconocer y promover el compromiso iraní por el desarrollo de una política nuclear pacífica, lo que ha ayudado para abrir las puertas a los ataques unilaterales. En la primera operación, de junio de 2025, colaboraron activamente enviando unidades navales y aéreas para apoyar los bombardeos a Irán y a su vez interceptar la respuesta iraní sobre territorio israelí, así como el apoyo logístico de sus bases en el continente.

En la actual guerra caminan por la vacilación, ya que han transitado por facilitar la infraestructura y luego condicionarla; por enviar unidades de guerra a luego retenerlas; por participar en el desbloqueo del estrecho de Ormuz para luego decir que solo una vez que acabe el conflicto; condenan a Irán por la interrupción de los flujos de suministros, pero no han usado el mismo calificativo sobre Israel y Estados Unidos; se han remitido a decir que no participan de la guerra porque no se ajusta al derecho internacional. Son pocos los que han tenido una voz fuerte en el nuevo genocidio contra el pueblo libanés.

Al parecer, la posición europea frente a este conflicto más tiene que ver con una revancha ante el maltrato de Trump que por una sólida convicción de principios internacionales. Es la cuenta por los aranceles, el episodio Groenlandia, la ausencia en las negociaciones con Rusia, la semi retirada del sostén económico y militar a Ucrania y el traspaso de la responsabilidad total a Europa, el apoyo a líderes díscolos para la elite europea. Asimismo, una pequeña intuición de que el liderazgo de Trump va en decadencia, posible derrota en las elecciones de medio término y nuevamente volver a una buena relación con los demócratas. Y esto habría sido solo una pesadilla, para poder volver al redil estadounidense.

Actualmente están en una incómoda posición ante Donald Trump, por lo que ha sido la toma de posición sobre la guerra contra Irán. Ha sido muy crítico con los líderes europeos, hasta la humillación, por el papel que han jugado en esta coyuntura. Ya los calificó como un tigre de papel (condición que en todo caso es bastante cercana a la realidad).

En la guerra en Ucrania, hoy día recibe las críticas de su protegido presidente de Ucrania, Zelensky, quien los ha tratado de vacilantes, mentirosos y temerosos, como se los dijo en el encuentro de Davos a principios de este año.

Llegó a tal punto la fricción, que el secretario general de la OTAN, el europeo Mark Rutte, tuvo que viajar hasta Washington, reconocer que “algunos aliados europeos fueron un poco lentos” en respaldar a Estados Unidos cuando se inició la agresión, pero que en la actualidad “le proporcionan una gran cantidad de apoyo”, y a su vez aseveró que los miembros de la alianza “están haciendo todo lo que Estados Unidos está pidiendo” (8/4/2026).

Este cúmulo de toma de posiciones ha terminado en que prácticamente en todos los escenarios de conflictos actuales, la Unión Europea-OTAN ha terminado descolocada y siendo criticada fuertemente por todos los actores involucrados.

En la guerra en Ucrania, hoy día recibe las críticas de su protegido presidente de Ucrania, Zelensky, quien los ha tratado de vacilantes, mentirosos y temerosos, como se los dijo en el encuentro de Davos a principios de este año. Esto, debido a que no le apoyan con más dinero, no han cumplido sus tratos de entrega de armas nuevas y en forma oportuna, y, particularmente, porque no están dispuestos a hacerlo socio de la OTAN, y el premio de consuelo de entrada a la Unión Europea sigue posponiéndose. Queda claro que es un malagradecido ante todo el soporte entregado por los europeos y que siguen dispuestos a hacerlo, pero pareciera una suerte de síndrome de Estocolmo el que siente Europa por su insolente líder ucraniano.

Por otro lado, Rusia se aparta cada vez más de Europa, los acusa con razón de no haber tenido nunca una disposición para una salida diplomática, y, por el contrario, aumentan su discurso anti ruso, militarista y casi apocalíptico, situando una confrontación con el país eslavo para la década del 30.

Rusia tendrá muchas cartas sobre la mano para tratar a Europa después de la guerra, y, aparentemente, ninguna será muy benévola, además de la rotación de una mirada más interesada y acentuada hacia el Oriente, que se presenta como el futuro esplendor.

Israel, que siempre ha sido un protegido por los europeos, que más allá de declaraciones y votos en la ONU nunca ha sido objeto de sanciones o bloqueos materiales -como han hecho con otros países-, a través de Netanyahu los criticó duramente por no participar en esta guerra contra Irán y saca permanentemente el calificativo de sionistas para amedrentarlos y bloquearlos moralmente.

En los ataques a las bases en Irak, los europeos se vieron forzados a retirar sus tropas y también fueron declarados objetivos militares legítimos si seguían apoyando el esfuerzo bélico de la coalición agresora.

Irán ha criticado y amenazado a los europeos en esta coyuntura de agresión, y con bastante razón. Si bien en esta ocasión no han avalado los ataques de Estados Unidos e Israel, sí han mantenido en bajo perfil el sostén logístico de bases aéreas y puertos para operaciones, salvo honrosas excepciones. En los ataques a las bases en Irak, los europeos se vieron forzados a retirar sus tropas y también fueron declarados objetivos militares legítimos si seguían apoyando el esfuerzo bélico de la coalición agresora.

Desde África han sufrido el retiro obligatorio de su presencia militar, demandado por países que han entrado en un lento proceso final de descolonización. El más afectado ha sido Francia, que tuvo que retirarse de los países del Sahel, que en 2023 iniciaron un proyecto autónomo. Pero otros también han entrado en conflictos con sus antiguos imperios europeos: Nigeria, Uganda, Namibia, Sudáfrica, República Democrática del Congo, Gabón, Ghana, Ruanda, Unión Africana, están construyendo y exigiendo un nuevo tipo de relación, equilibrada y de respeto mutuo.

Fue muy decidora la votación en la Asamblea de Naciones Unidas, del 25 de marzo de 2026, sobre la resolución que califica el tráfico de esclavos y la esclavitud racializada de África como el crimen de lesa humanidad más grave de la historia, realizada durante siglos por el colonialismo europeo. Fue aprobada por 123 países, pero hubo 52 abstenciones, de estas 27 corresponden a todos los países miembros de la Unión Europea, sumados a otros seis miembros que son de la OTAN europea, más Canadá. Estados Unidos votó en contra, y el único voto a favor de estos dos conglomerados fue Turquía. Claramente, era el mundo contra el occidente europeo y me parece que la razón de fondo era la preocupación por los efectos que pudiese tener en el campo de las demandas para las compensaciones y resarcimiento de los daños que produjo en los países afectados.

Pero, indudablemente, el golpe principal viene de su socio fundamental, Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, que desde el inicio de su segundo gobierno los ha desnudado en su decadencia y vasallaje. Famosa fue la participación del vicepresidente Vance en el encuentro de Davos del año 2025, en que se dedicó a resaltar la decadencia de Europa, sus limitaciones y desafíos que debía enfrentar si quería seguir siendo un actor principal. Fue la explicitación de la visión que el nuevo gobierno tenía de Europa, y la que ha conducido las relaciones entre ambos actores.

Trump ha insistido permanentemente en la debilidad de la parte europea de la OTAN, a tal punto de exigirles que aumentaran su gasto en la alianza, la cual la mayor parte asumió sin mayores observaciones, a pesar de todas las limitaciones reales para cumplir.

Durante el año, la displicencia hacia Europa se hizo aún más manifiesta cuando se iniciaron las negociaciones, por alcanzar una paz en la guerra de Ucrania, entre Rusia y Estados Unidos, sin considerar en parte alguna la participación europea, aunque ésta hiciera notar su interés y necesidad por aquello. Es claro que Europa debe ser considerada en la negociación, porque es parte fundamental para un acuerdo estratégico y de largo plazo, pero el proceso llevado hasta ahora es demostrativo de que su opinión no importa y que tendrá que acatar lo que resuelvan otros actores.

Si existiera un fuerte movimiento político-social progresista, esta sería una gran oportunidad para encauzar un proyecto nuevo de unidad de Europa.

Actualmente, la mayor preocupación instalada es la amenaza de Trump de salirse de la OTAN, lo que ha activado todas las alarmas en Europa. En las condiciones actuales, sería un golpe demoledor para su estatura estratégica, ya que por sí solo no tiene capacidades de mantenerla. Es poco probable una salida total de Estados Unidos, sobre todo por los vericuetos institucionales, pero podría tomar medidas localizadas con algunos países.

Si existiera un fuerte movimiento político-social progresista, esta sería una gran oportunidad para encauzar un proyecto nuevo de unidad de Europa.

Al final de cuentas, toda esta disonancia estratégica ha descalificado a la Unión Europea-OTAN, que está llena de contradicciones y posiciones encontradas entre sus miembros, donde no se aprecia una línea coherente en su postura internacional, y más bien está cruzada por una lectura muy básica y de corto plazo de los acontecimientos.

El declive europeo se complementa entre su realidad material interna, su liderazgo mediocre a nivel nacional y realmente estúpido a nivel supra nacional y su irrelevante papel internacional, otrora muy decisivo. Nadie considera a esta unión para que juegue un papel destacado en los acontecimientos relevantes, excepto auto ofrecerse y recibir como respuesta un humillante silencio.

Es necesario que, por el simbolismo y las capacidades potenciales de esta región, recuperase una lectura estratégica sintonizada con la tendencia mundial del multipolarismo, desde una posición autónoma, autovalente, autocrítica con su pasado colonial y de supremacismo occidental, que le permitiera un diálogo más fluido con el Sur Global.

Hoy día esto parece estar lejano, especialmente por el tipo de liderazgo, la falta de una coherencia estratégica, el avance de la ultraderecha con rasgos fascistas, y el propio declive económico. Parece ser que un futuro más auspicioso de la Unión Europea-OTAN pasará primero por un reformateo de su proyecto, que tiene signos evidentes de agotamiento. Pero si faltan fuerzas propias para salir adelante, será necesaria una ayuda externa que logre apuntalar un desacople paulatino ante el hegemón imperial, y para eso puede ser relevante, entre otros, el papel de China, de México y Brasil por nuestro continente, que colabore en instalar una nueva mirada hacia el mundo que aparece desde el Sur Global.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 88 – 14/04/2026


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Abril 14, 2026 • 4 días atrás por: ElCiudadano.cl 136 visitas 1993409

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