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Turismo sustentable, comunidad y experiencias en la costa sur del Maule

El Ciudadano

Ubicado en Peuño Bajo, a pocos kilómetros de Curanipe, el Hotel Punta Sirena se ha consolidado como uno de los destinos emergentes más singulares de la costa del Maule. Su propuesta combina naturaleza, arquitectura integrada al paisaje, gastronomía local y una fuerte conexión con la comunidad.

Desde 2024, el proyecto es liderado por Ellen Sotomayor, con más de 25 años de experiencia en hotelería, quien ha impulsado una nueva etapa enfocada en el turismo durante todo el año, el desarrollo local y la generación de experiencias culturales.

En esta conversación, Ellen profundiza en los atributos del territorio, el concepto del hotel y los desafíos de activar una zona aún poco explorada del litoral chileno.

—Ellen, ¿cuáles son los principales atractivos que pueden encontrar los visitantes en el hotel?

-Yo creo que aquí hay algo súper especial, y es que la costa sur sigue siendo bastante desconocida. Las playas son realmente maravillosas, con condiciones ideales para deportes acuáticos como surf, kitesurf o windsurf. De hecho, viene gente de distintas partes del mundo como Australia y California, buscando la ola.

Pero no es solo eso. El paisaje en sí es muy particular: esta arena un poco más oscura, el entorno de “playa-campo”, donde todavía ves gallinas, caballos pasando cerca, una vida más sencilla. Esa mezcla lo hace muy atractivo.

—Y además se mantiene como un destino poco masificado…

-Claro, todavía no es tan conocido. Es como un enclave para deportes náuticos. Viene gente muy específica por el surf, el kitesurf y el windsurf.

Incluso pasa algo curioso: vienen audiovisuales porque el paisaje es impresionante, pero no etiquetan el lugar en redes sociales, justamente para que no se masifique. No quieren que pase lo que ha ocurrido en otros destinos más conocidos.

—El proyecto del hotel también está vinculado a ese origen…

-Sí, totalmente. El proyecto nace a partir del lugar. Los dueños practican estos deportes, se conocieron haciendo windsurf y kitesurf, se enamoraron del entorno y decidieron levantar este hotel en función de eso.

—Otra característica importante es la arquitectura…

-Sí, es una arquitectura bien práctica, bien playera. Está pensada para el clima, la lluvia, el desgaste natural. Por ejemplo, muchas estructuras de madera son modulares, porque se sabe que con el tiempo se deterioran, entonces se pueden cambiar fácilmente. Los pilares, los materiales, todo responde a esa lógica.

Además, es el mismo arquitecto que trabajó en Matanzas, alguien que también está ligado al windsurf. Entonces hay una coherencia entre el diseño y el estilo de vida del lugar.

—El hotel no solo recibe deportistas…

-No, para nada. También vienen muchas familias, parejas, gente con niños. Nosotros nos adecuamos a eso: tenemos juegos de mesa, espacios para pintar, dibujar, ping-pong, taca-taca. En invierno, por ejemplo, hacemos karaoke, bingo… el bingo funciona súper bien.

Es como volver a lo simple, a los juegos de antes. Hay distintos ambientes dentro del hotel, entonces siempre hay algo que hacer.

—La gastronomía también destaca dentro de la experiencia…

-Sí, y eso ha sido un proceso bien bonito. Trabajamos principalmente con cocineras de la zona del Maule. Son mujeres que han ido aprendiendo técnicas más gourmet, pero que mantienen el sabor local. Han pasado chefs que les han enseñado procesos, montaje, técnicas, pero la base sigue siendo el producto de acá.

Por ejemplo, el pescado es fresco: corvina, reineta, mariscos que se sacan directamente del mar. Hay pescadoras que trabajan con nosotros, que incluso se meten al mar a recolectar. Tenemos distintos tipos de jaibas que mucha gente ni conoce. Entonces se genera una mezcla muy interesante: producto local con una presentación más elaborada. Es una experiencia culinaria muy potente.

—La ubicación también es un punto clave…

-Sí, estamos literalmente sobre la arena. Sales del hotel y estás en la playa. Puedes caminar kilómetros, incluso llegar hasta Curanipe. Los atardeceres son increíbles, los colores son únicos. Además, la geografía hace que la vista sea distinta: estamos como en una especie de depresión, entonces ves cómo se junta el cielo con el mar de una forma especial.

Y algo muy importante es que sigue siendo un lugar limpio, poco intervenido. No hay basura, no está sobreexplotado. Eso hoy es un lujo.

—Se percibe también una fuerte identidad local…

-Sí, totalmente. Es lo que yo llamo “campo-playa”. Es una mezcla de vida rural con mar. La gente es la misma de siempre, se conocen entre ellos, muchos son dueños de sus terrenos desde hace generaciones. Eso le da una identidad muy auténtica. Y al mismo tiempo convive con gente que viene de afuera: surfistas, viajeros, personas que buscan tranquilidad. Esa mezcla es bien única.

—Has impulsado también iniciativas con emprendedores locales…

-Sí, eso es fundamental. Creamos una tienda dentro del hotel donde mujeres emprendedoras de la zona venden sus productos: cerámica, tejidos, joyas, madera. Muchas trabajaban solas, sin un espacio para mostrar lo que hacen. Entonces esto les da visibilidad y también genera movimiento en el hotel. Yo siempre digo que los proyectos tienen que tener sentido, no solo ser negocio.

—¿Cómo ha sido activar la zona fuera del verano?

-Ese fue uno de los grandes desafíos. Cuando llegué, en invierno esto era muy quieto. La gente venía, dormía y no pasaba mucho más. Entonces empezamos a hacer eventos: música en vivo, experiencias gastronómicas, actividades culturales. Invitamos músicos, generamos redes, alianzas. Y poco a poco eso empezó a mover todo: no solo el hotel, sino también el resto del pueblo. Ahora hay más vida en invierno, más movimiento, más comunidad.

—¿Qué tipo de eventos realizan actualmente?

-Hacemos de todo. Desde conciertos más íntimos hasta eventos más grandes. Han venido músicos reconocidos, DJs, también hacemos experiencias con empresas, degustaciones, encuentros. Por ejemplo, pronto tendremos un evento tipo sunset con música electrónica, abierto al público. La idea es que siempre esté pasando algo.

—También han trabajado con marcas y empresas…

-Sí, hemos hecho experiencias con empresas, eventos corporativos, encuentros más personalizados. La idea es que la gente venga, desconecte, viva algo distinto. No es solo hospedarse, es vivir una experiencia completa.

—¿Cómo ha sido tu cambio desde la hotelería en Santiago a este entorno?

-Ha sido un cambio grande, pero muy enriquecedor. En Santiago todo es rápido, hay muchas distracciones, mucho ruido. Acá hay más tranquilidad, y eso te permite enfocarte. No ha sido fácil, porque el hotel tenía muchos desafíos: infraestructura, clima, operación. Pero también ha sido muy gratificante ver cómo el proyecto vuelve a tener vida.

—Hoy el restaurante también atrae público externo…

-Sí, mucha gente viene solo a comer. De Linares, de zonas cercanas, incluso personas que tienen casas en la zona.Eso es muy positivo, porque genera movimiento y posiciona el lugar. Porque el restaurante se ha hecho su nombre aquí, su prestigio, más allá del hotel. Mucha gente viene a almorzar o a cenar. El fin de semana viajan de todos los alrededores.

El panorama es escaparse y venir a comer, incluso por el día y van a la playa, o se quedan para mirar el atardecer. Me dicen de repente, Ellen, queremos comer en la parrilla y yo les pongo la parrilla, qué me cuesta.

Ahora para Semana Santa, viene una familia entera de Santiago. La abuela me dice, somos 20, qué nos vas a tener? Entonces yo feliz de armarle cosas a la gente, nunca se aburren y son felices, disfrutan. Yo creo que el servicio, la buena onda, más el lugar, la comida, es todo lo que se necesita. Así que ahí vamos a dejar a todos bien invitados, a que vengan.

—Finalmente, ¿qué representa hoy Punta Sirena para ti?

-Es mucho más que un hotel. Es un proyecto con sentido. Aquí se mezcla comunidad, naturaleza, cultura, experiencia. Yo creo que hoy el verdadero lujo es tener tiempo, poder desconectarse, disfrutar lo simple. Y eso es lo que buscamos ofrecer.

Por Sebastián Saá

El Ciudadano

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Marzo 28, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 27 visitas 1937792

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