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Un buen Gobierno

Hasta el momento este gobierno resulta ser un “buen gobierno” porque no gobierna contra sus propios intereses que es la señal suprema de estupidez política. En lo comunicacional lucha a cada momento para disfrazar su interés como interés general. Pero esto recién comienza, y el viejo Maquiavelo nos recuerda que “Los hombres olvidan con mayor rapidez la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio”, en este caso derechos adquiridos.

Fernando Bahamonde A. Profesor. Punta Arenas. 28/7/2026. La mayor parte de los ciudadanos no viven pensando en política. Es más, posiblemente, no relacionan las diferentes esferas de la vida social con la acción política. Y un porcentaje significativo detecta y repudia el gigantesco abismo existente con los políticos “profesionales”. Transformándose el voto en un trámite que cada cierto tiempo se debe cumplir por ley.

Las reflexiones, conceptos y tesis de los cientistas políticos son ajenos a la gran masa de ciudadanos, no porque los ciudadanos sean tontos; sino porque los analistas sólo se entienden entre ellos mismos. Generalmente interpretan encuestas de dudosa objetividad, para descifrar la opinión ciudadana y sus eventuales prioridades.

Entonces, la política es algo de los políticos circunscrito a peleas mediáticas y marketing. Lo que sí siente el ciudadano es el bolsillo, como nos recuerda con frialdad desde hace 500 años Maquiavelo; con el alza de los combustibles, el transporte, la salud y el costo de los artículos de primera necesidad.

Como un embudo político debe situarse el “presidencialismo chileno”, creado por la institucionalidad y reforzado por los medios, encuestas, analistas y periodistas; crea una nueva reducción política al personalizar en las cualidades de una sola persona el devenir político o destino a cuatro años plazo de millones de personas.

Para la izquierda el buen gobierno es aquel que transforma y no sólo administra. Sin embargo, para un sector del progresismo un buen gobierno es aquel que administra, pero comunica bien. Posiblemente ahí radica la dificultad de construir alianzas duraderas, más allá de llegar al gobierno y sostenerse.

Para la derecha el circuito de un buen gobierno era administrar y comunicar. La obsesión en las encuestas de Sebastián Piñera se relaciona con esta idea de comunicar más y mejor.

La baja en las encuestas significaba que los asesores intentaban, sin resultados, explotar habilidades blandas inexistentes en el fallecido expresidente. Piñera cargó siempre con el estigma del compañero no querido, ganaba la elección de presidente de curso a costa de sobornar con chocolates a todos sus compañeritos, pero jamás pudo ganar como mejor compañero.

Otra evidencia de la baja en las encuestas era enviar con urgencia a los ministros a la televisión. De esa manera era posible ver al Ministro del Trabajo y Previsión Social Nicolás Monckeberg, sudando frente a las cámaras y tropezando con una pizarra que hacía inexplicable e inverosímil la reforma de pensiones.

Con el afán de administrar, comparado con el presente gobierno, los dos gobiernos de Sebastián Piñera parecen una extensión de los de la Concertación. Eso sí, dos gobiernos quebrados por masivas movilizaciones, y a no olvidar, con una feroz represión y víctimas.

Lo que vivimos hoy como gobierno es transformador o hasta revolucionario, la constatación es el Plan de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social. En la tramitación legislativa de su “megarreforma” el Ejecutivo generó una fractura en la oposición. Elemento básico en la correlación de fuerzas, dividir o aislar al adversario.

Su objetivo es acrecentar desde el Poder Ejecutivo y el Congreso una lucha de clases unilateral. Donde únicamente hay un contendiente consciente de la lucha. Y hay otro grupo mayoritario que incluso votó al Gobierno que lucha contra ellos.

Hay algunas cualidades del Estado en Chile que refuerzan la idea para que el actual pueda ser considerado un “Buen Gobierno”.

Primero, la capacidad del Estado de supervisar la implementación de leyes. Se suma a la imposibilidad de evaluar el impacto social de una política pública en el corto, mediano y largo plazo. Esto se relaciona con, incluso, las limitadas facultades fiscalizadoras en el uso de los recursos públicos entregados como Estado subsidiario.

También, las contradicciones presentes en la legislación coexisten en Chile leyes discordantes unas de otras que dan cuenta de las traumáticas alternancias de gobiernos de distinto signo. Otra condición del Estado es su fragmentación, que la derecha entiende como especialización y modernización. Cuya consecuencia es falta de diálogo interno administrativo sectorial. La mano diestra del Estado no sabe qué hace su mano izquierda.

Por último, la permeabilidad del Estado a la corrupción en sus tres poderes y al “lobby” de grupos de presión que siempre pertenecen a la misma clase.

Hasta el momento este gobierno resulta ser un “buen gobierno” porque no gobierna contra sus propios intereses que es la señal suprema de estupidez política. En lo comunicacional lucha a cada momento para disfrazar su interés como interés general. Pero esto recién comienza, y el viejo Maquiavelo nos recuerda que “Los hombres olvidan con mayor rapidez la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio”, en este caso derechos adquiridos.

 

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Julio 28, 2026 • 1 hora atrás por: ElSiglo.cl 24 visitas 2329429

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