En una casa sencilla de Cabildo, lejos de los ruidos del siglo, el poeta de los gatos silenciosos y la mirada pueblerina tejió su despedida. Entre el llantén del doctor Charlín y la sombra de la cirrosis, Teillier habitó ese rincón donde el tiempo se detiene a escuchar el paso del agua. Lo recordamos hoy, a 30 años de su partida.
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