León, 20 abr (EFE).- El granizo, uno de los fenómenos meteorológicos más dañinos para la agricultura y las infraestructuras, tiene en los Alpes su principal epicentro europeo y sigue un marcado desplazamiento estacional que culmina en el Mediterráneo a comienzos del otoño, según un estudio liderado por investigadores de la Universidad de León (ULe) y publicado en la revista científica 'Atmospheric Research'.
El trabajo, recogido por EFE, analiza una década completa de observaciones (2014–2024) y ofrece por primera vez una climatología continental del granizo en Europa basada exclusivamente en datos de satélite, lo que permite superar las limitaciones de los registros terrestres, desiguales según países y muy condicionados por la densidad de población.
El equipo científico ha empleado información del radar de doble frecuencia del satélite GPM (Global Precipitation Measurement), desarrollado por la NASA y la agencia espacial japonesa JAXA, para identificar la presencia de granizo en tormentas a partir de su estructura vertical.
Los resultados sitúan de forma clara el principal foco de granizo en Europa en torno al arco alpino, especialmente en zonas de Austria, el norte de Italia, Eslovenia y el sur de Suiza. Desde este núcleo central se extienden dos grandes ejes de actividad: uno hacia la península balcánica y otro a lo largo de los Apeninos en Italia.
Además, el estudio identifica otros focos persistentes de menor intensidad, como los Cárpatos, el norte y centro de Turquía y el nordeste de la península ibérica. En este último caso, la zona más expuesta se localiza en el valle medio del Ebro y las estribaciones del sistema Ibérico, una zona donde tradicionalmente se han registrado episodios severos de granizo que afectan al sector agrario.
Según explican los autores, la orografía es el factor clave que explica esta distribución espacial. Las grandes cordilleras europeas favorecen la formación de tormentas intensas al forzar el ascenso del aire húmedo, un mecanismo esencial para la generación de granizo de gran tamaño.
Más allá del mapa medio anual, el estudio detalla una evolución mensual muy marcada durante la temporada de tormentas, que se extiende de abril a septiembre. La actividad comienza de forma dispersa en primavera, con focos aislados, y gana extensión y complejidad en junio, el mes con mayor variedad espacial.
Durante julio y agosto, el granizo se concentra con claridad en el entorno alpino y el norte de Italia, coincidiendo con el pico del verano. Sin embargo, en septiembre el patrón cambia de forma notable: la actividad sobre tierra firme disminuye y el Mediterráneo pasa a convertirse en el principal escenario, impulsado por la elevada temperatura acumulada del mar tras el verano.
Este desplazamiento estacional confirma, según los autores, que el granizo europeo no es solo un fenómeno continental, sino también marítimo en la recta final del verano, especialmente en zonas costeras y en mares como el Adriático y el Mediterráneo central.
El valor principal del estudio reside en su metodología, al basarse en observaciones de satélite homogéneas para todo el continente, el análisis evita los sesgos habituales de los registros en superficie, que dependen de la presencia de observadores, redes de radar o informes de daños.EFE
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