En 1929, cuando Europa se desmoronaba entre la crisis económica y el avance del fascismo, un dentista alemán llamado Friedrich Ritter tomó una decisión radical: abandonar la civilización y construir un Edén particular en una isla deshabitada del archipiélago de Galápagos. Pero lo que comenzó como una utopía nietzscheana derivó en una pesadilla: en apenas cinco años, la llegada de otros colonos desencadenó una serie de desapariciones y muertes que permanecen sin resolver, alimentando uno de los misterios más inquietantes del Pacífico.
La decisión de Ritter de abandonar Berlín en 1929 no surgió de la nada: la República de Weimar atravesaba su momento más crítico, el desplome de Wall Street había desencadenado una crisis económica devastadora y el partido nazi ganaba terreno en un clima de inestabilidad. En este contexto nacieron movimientos como el Lebensreform ("reforma de la vida") que proponían un retorno radical a la naturaleza, y promovían el vegetarianismo, la medicina natural, el nudismo y nuevas corrientes espirituales como la teosofía. En los años veinte, este movimiento contaba con tres millones de adeptos.
Ritter, sin embargo, llevó estas ideas más allá. Estaba influido por la filosofía de Friedrich Nietzsche y quería encarnar al Superhombre sobre el que el filósofo había teorizado: un individuo que se autosupera y crea sus propios valores al margen de la civilización decadente. La elección de Galápagos como destino no era casual: el archipiélago, descubierto accidentalmente en 1535, había servido durante siglos como refugio de piratas y balleneros. Cuando Ritter llegó a la isla de Floreana (que había sido visitada en 1835 por Darwin durante el legendario viaje del HMS Beagle), la isla llevaba casi un siglo virtualmente deshabitada.
La historia de Friedrich Ritter y Dore Strauch comenzó en un consultorio dental de Berlín. Ella, una profesora de 26 años que sufría esclerosis múltiple había acudido en busca de tratamiento; él, un dentista treintañero con inclinaciones filosóficas, le propuso algo más radical que una simple intervención odontológica: le ofreció una cura a través del rechazo total a la civilización moderna. La relación evolucionó hasta el punto de que ambos abandonaron a sus respectivos cónyuges (luego éstos terminaron viviendo juntos, pero esa es otra historia) para embarcarse hacia Floreana en septiembre de 1929.
Una buena forma de entender el compromiso de Ritter con el proyecto fue la primera decisión que tomó: extrajo todos sus dientes antes de la partida, reemplazándolos con piezas de acero inoxidable, con el fin de evitar emergencias dentales en un lugar sin atención médica. El dentista no previó, sin embargo, el encogimiento natural de las encías, por lo que las prótesis nunca encajaron correctamente. Un detalle altamente simbólico: la brecha entre la teoría y la práctica dominaría todo este viaje.
Dore Strauch y Friedrich Ritter
La pareja estableció su asentamiento en los restos de una colonia anterior, bautizando su nuevo hogar como Friedo (acrónimo de Friedrich y Dore, pero también palabra alemana que evoca "paz" y "libertad"). Ritter construyó un huerto experimental y desarrolló dispositivos rudimentarios como un molino de caña de azúcar. Se declaraba vegetariano estricto y practicante de medicina holística, y pretendía demostrar que la humanidad podía regenerarse mediante la autosuficiencia y el contacto con la naturaleza.
Sin embargo el aislamiento no era absoluto: Ritter enviaba artículos al 'Berliner Tageblatt' y a la revista estadounidense 'Atlantic Monthly' en los que romantizaba su vida salvaje, describiendo sus logros agrícolas y reflexiones filosóficas. Estos textos, recogidos cada tres o cuatro meses por barcos de paso que dejaban correo en el legendario barril postal de la isla (establecido por balleneros en 1793) dio fama no buscada (o eso decía Ritter) a la pareja.
Friedrich Ritter y Dore Strauch
Pero fue el principio del fin: sus textos fueron un imán para otros europeos descontentos que soñaban con un refugio lejos del caos continental. La prensa europea y estadounidense los bautizó como "Adán" y "Eva" y creó una narrativa paradisiaca que fascinó a lectores ávidos de escapismo en plena Depresión. Yates privados comenzaron a hacer escala en Floreana para conocer a los famosos ermitaños, trayendo provisiones que contradecían las intenciones de Ritter. La propia Dore admitiría en su libro 'Satan came to Eden', publicado en 1936, que de no ser por la asistencia de tripulaciones de yates estadounidenses, fácilmente habrían perecido en su primer año como colonos
En julio de 1932, apenas tres años después de la llegada de Ritter y Strauch, Heinz Wittmer, veterano de la Primera Guerra Mundial y funcionario de la República de Weimar, junto a su esposa Margret (embarazada de cinco meses) y su hijo adolescente Harry, desembarcaron en Floreana. Heinz temía la persecución política ante el ascenso nazi y Harry padecía tuberculosis y necesitaba un clima más favorable. Los Wittmer llegaron preparados para el trabajo duro: establecieron su asentamiento en el lado opuesto de la isla, en una zona cercana a un manantial natural. Inicialmente vivieron en una cueva y construyeron una vivienda con madera y hojas de plátano.
Margret dio a luz en poco tiempo a su hijo Rolf, que se convirtió en la primera persona oficialmente registrada como nacida en Floreana. La relación entre los nuevos y los viejos colonos fue fría: Ritter consideraba la llegada una invasión de su paraíso privado y raramente ofrecía ayuda a sus nuevos vecinos. Cuando Margret, embarazada de su segundo hijo, buscó asistencia médica del dentista convertido en ermitaño, este se negó.
Más conflictiva aún fue la llegada de la baronesa Eloise Wehrborn de Wagner-Bosquet en octubre de 1932, vienesa de 39 años que iba acompañada de dos jóvenes amantes alemanes. Su pasado era turbio y probablemente inventado: circulaban rumores no verificados de que había huido de París tras cometer un asesinato, que estaba casada con un héroe de guerra francés cuya suegra le pagó para que se marchara, y que había sido espía en Constantinopla durante la Primera Guerra Mundial. La baronesa quería construir un hotel de lujo llamado Hacienda Paradiso para acoger a millonarios estadounidenses, y había traído vacas, burros, gallinas y 80 quintales de cemento. El proyecto inmobiliario acabó siendo una cabaña de chapa con dos habitaciones.
La familia Wittmer
La baronesa se autoproclamó Emperatriz de Floreana (título también de un corto financiado por un millonario con el que esperaba abrirse las puertas de Hollywood) y recibía a los barcos visitantes vestida con ropas transparentes y una pistola enfundada en la cadera. Su comportamiento era insultante con los habitantes de la isla, acaparaba los suministros que llegaban en los barcos (incluida la leche en polvo para el bebé de los Wittmer), interceptaba y reescribía el correo y escribía a periódicos europeos falseando la situación.
Pronto, las tensiones escalaron: uno de los jóvenes amantes enfermó de tuberculosis y empezó a ser insultado y tratado como un criado. Además, una sequía prolongada convirtió cada disputa por recursos en un conflicto cada vez más acusado. Se mascaba la tragedia.
Ritter se negaba sistemáticamente a mediar en los conflictos. Su utopía personal había fracasado: no podía escribir el libro que justificaría su experimento, su relación con Dore se deterioraba, y el flujo de regalos de los yates visitantes había disminuido drásticamente desde que la baronesa acaparaba la atención mediática. El aislamiento entre las tres colonias era absoluto.
La baronesa de los Galápagos
La noche del 27 de marzo de 1934, Dore Strauch despertó a causa de un grito desgarrador de procedencia desconocida. Cuando amaneció comprobaron que la baronesa y Philippson (el amante maltratador) habían desaparecido. La versión oficial proporcionada por Margret Wittmer relataba que la baronesa había llegado muy excitada a su casa: unos amigos estadounidenses habían llegado en su yate y los habían invitado a navegar hacia los Mares del Sur. Partían inmediatamente y probablemente no regresarían; los Wittmer podían quedarse como dueños de la casa y los animales.
Los Ritter, sin embargo, declararon no haber visto ningún barco desde enero, y la pareja nunca reapareció en Tahití ni en ningún otro lugar. La baronesa había dejado atrás todas sus posesiones, incluida su copia de 'El retrato de Dorian Gray', el libro que llevaba a todas partes. Las teorías proliferaron, desde las más obvias (un complot colectivo) a todo tipo de posibilidades intermedias (Strauch afirmó haber visto posteriormente un mantel de la baronesa en casa de los Wittmer, y Ritter escribió una carta a las autoridades responsabilizando directamente a la familia alemana).
La baronesa y su amante Phillipson
Semanas después de la desaparición, Lorenz (el amante maltratado tuberculoso) logró convencer a un pescador noruego para que lo transportara a San Cristóbal, donde esperaba encontrar un barco que lo llevara de regreso a Europa. Ambos hombres desaparecieron hasta que el 2 de noviembre de 1934, cuando sus restos momificados fueron hallados en una isla inhabitable de Marchena. Los cadáveres yacían juntos, aparentemente muertos de deshidratación. El barco donde se fueron y su tripulación nunca fueron encontrados. Más dudas: ¿cómo habían acabado tan lejos de su ruta? ¿Acaso Lorenz había confesado algo durante el viaje que provocó su desviación forzosa?
En noviembre de 1934, Friedrich Ritter murió de intoxicación alimentaria, probablemente debida a la ingestión de pollo en mal estado. Ritter y Dore, vegetarianos, estaban pasando hambre por la escasez de vegetales a causa de la sequía, e hirvieron algunos pollos muertos que encontraron. Dore sobrevivió pese a haber comido del mismo pollo. Según Margret, presente en el momento de la muerte de Ritter, éste escribió en un papel justo antes de morir: "Te maldigo con mi último aliento", mensaje dirigido a su amante. En diciembre, Dore regresó a Alemania, donde moriría en 1943. En la isla quedó solo la familia Wittmer.
Los supervivientes narraron versiones contradictorias de los hechos. En el mencionado 'Satan Came to Eden' de Dore Strauch, la autora culpaba implícitamente a los Wittmer del asesinato de la baronesa y describía a Ritter como un tirano que la maltrató durante años. Margret Wittmer publicó 'Postlagernd Floreana' (que fue traducido como 'Floreana: El preregrinaje de una mujer a las Galapagos') en 1959. Pintaba a su familia como colonos trabajadores y pragmáticos que habían sobrevivido gracias a su esfuerzo, mientras insinuaba que Dore envenó a Ritter. La muerte de la baronesa quedó oficialmente sin resolver y Margret falleció en 2000, con 95 años.
Rolf Wittmer, primer niño nacido oficialmente en Floreana, innovó en la industria del ecoturismo de Galápagos al establecer una compañía de barcos turísticos, Rolf Wittmer Turismo. Los descendientes de la familia continúan viviendo en la isla, manteniendo un pequeño hotel que recibe a los turistas que llegan atraídos tanto por la fauna endémica como por la macabra historia de sus antepasados.
En cuanto a las obras de ficción inspiradas en los hechos, ha habido desde aquella misma época. El belga Georges Simenon, conocido por sus novelas de Maigret, escribió artículos periodísticos sobre el caso y la novela 'Ceux de la soif' en 1938. En 2013 se estrenó el documental 'The Galapagos Affair: Satan Came to Eden', que incluía la película muda 'The Empress of Floreana'. Y finalmente, en 2025, Ron Howard rodó 'Edén', que interpretaron Jude Law, Vanessa Kirby, Daniel Brühl, Sydney Sweeney y Ana de Armas. Puedes verla en Prime Video.
Floreana hoy es una pequeña isla con una población de aproximadamente 150 habitantes, y que se aprovecha moderadamente del drama que se desencadenó hace algo menos de un siglo: el hotel de los Wittmer funciona, se pueden dejar postales en el mismo sitio desde donde Ritter enviaba sus manifiestos y la baronesa reescribía las cartas ajenas, y caminar por las cuevas de piratas donde Margret dio a luz a Rolf. Aún quedan misterios por resolver, y posiblemente así seguirán, porque quienes sabían las respuestas se las llevaron a la tumba. Lo que sí queda es una fábula apasionante y atroz sobre lo difícil que es escapar de lo que nos hace humanos, por mucho que nos vayamos a una isla desierta.
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La noticia
Un filósofo, la baronesa y tres cadáveres: el misterio sin resolver de la isla más remota de Galápagos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
John Tones
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