Málaga, 27 mar (EFE).- Investigadores malagueños colideran un estudio que ha desarrollado un 'interruptor' biológico que puede frenar los atracones con nuevos fármacos para lograr resetear el centro del hambre en el cerebro.
El trabajo, liderado por el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) y la Universidad de Camerino (Italia), ha identificado fármacos de acción dual capaces de restaurar el control del apetito y reducir la ingesta compulsiva en episodios de estrés.
El trastorno por atracón (BED, por las siglas en inglés) es mucho más que una falta de voluntad, es un trastorno alimentario frecuente caracterizado por episodios recurrentes donde se pierde el control y se ingieren grandes cantidades de comida en poco tiempo.
A pesar de su impacto en la salud, los tratamientos actuales suelen presentar efectos secundarios o no funcionan en todos los pacientes, pero un equipo internacional de investigadores ha dado un paso de gigante al identificar nuevos compuestos químicos capaces de "apagar" ese impulso incontrolable.
La investigación, publicada en la revista 'Pharmacological Research', ha sido liderada por el responsable del grupo de neuropsicofarmacología del IBIMA y del Hospital Regional Universitario e investigador del programa Nicolás Monardes, Fernando Rodríguez de Fonseca, y el doctor Carlo Cifani, responsable del equipo investigador de la Universidad de Camerino.
La investigadora del mismo grupo María Luisa de Ceglia, primera firmante del estudio e investigadora del programa Sara Borrell del Instituto de Salud Carlos III, ha explicado que el objetivo era entender qué ocurre en el cerebro cuando el hambre se vuelve patológica.
Utilizando un modelo avanzado que simula el comportamiento humano -basado en ciclos de dieta intermitente y situaciones de estrés-, descubrieron que el cerebro de quienes sufren atracones entra en un estado de "caos biológico", han informado la Junta de Andalucía y la Universidad de Málaga (UMA).
El hipotálamo, encargado, entre otras funciones, de decir cuándo comer y cuándo parar y de controlar la respuesta al estrés, deja de funcionar correctamente.
El estudio revela que los sujetos con este trastorno desarrollan lo que se conoce como "resistencia a la leptina": la hormona que debería enviar la señal de saciedad al cerebro es ignorada.
Al mismo tiempo, el sistema de recompensa (vinculado a los opioides y el placer) se altera y hace que la comida altamente apetecible -rica en azúcares y grasas- sea prácticamente irresistible para aliviar el malestar emocional.
La gran novedad de este trabajo es el uso de ligandos duales, compuestos químicos diseñados para actuar sobre dos dianas distintas del cerebro de forma simultánea: "Es como tener una llave maestra que puede abrir dos cerraduras a la vez para resetear el sistema".
Los investigadores probaron tres moléculas y destacaron por su eficacia la OLHHA y la OLS: el primer compuesto demostró ser capaz de reducir drásticamente la ingesta de comida basura en momentos de mayor urgencia, mientras que el segundo no solo frenó el atracón inicial sino que mantuvo su efecto protector durante horas y restauró los niveles de glucosa y hormonas del estrés en la sangre.
Estos fármacos actúan sobre los sistemas endocannabinoide y paracannabinoide, un complejo entramado de señales químicas que regulan el equilibrio de energía y las emociones.
Al combinar esta acción con la activación de sensores metabólicos (como los receptores PPARa), los compuestos logran que el cerebro vuelva a "escuchar" las señales de saciedad y deje de emitir órdenes de hambre desesperada.
Este descubrimiento "abre la puerta al desarrollo de una nueva generación de fármacos para el trastorno por atracón más específicos y con menos efectos secundarios que los actuales", han destacado.
Aunque los resultados se han obtenido en modelos preclínicos, la precisión con la que estos compuestos normalizan la química cerebral sugiere que "podrían ser una herramienta farmacológica clave en el futuro de la psiquiatría y la nutrición", resaltan.
El equipo investigador acaba de obtener un proyecto de Desarrollo Tecnológico en Salud del Instituto de Salud Carlos III para desarrollar estas moléculas, no sólo para el trastorno por atracón, sino también para el trastorno por uso de alcohol en el que se combinan trastornos apetitivos por el etanol, que es a la vez un alimento calórico y una droga psicoactiva. EFE
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