El IVA es un impuesto con buenos atributos. Tiene bajo costo de recaudación, y grava el consumo a todos los productos a una tasa pareja (y por lo tanto es neutral tanto para la oferta de productos como su demanda). Al gravar solamente el consumo, incentiva el ahorro, lo que contribuye a incentivar la inversión y el crecimiento. Por ello es el impuesto sobre el que debería centrarse la estructura tributaria. Pero tiene un defecto que ha sido paralizante: es percibido como regresivo. Esto, a pesar de que es el equivalente de un impuesto al ingreso a tasa única, en el que el ahorro está exonerado, para incentivarlo. Si lo comparamos con un impuesto al ingreso sin exoneración del ahorro se puede decir que es regresivo ya que, al gravar solo el consumo, como los pobres consumen todo su ingreso, la tasa de ese impuesto es mayor para los pobres.
La percepción de que es regresivo hace importante evaluar cómo reformarlo para que deje de ser percibido como tal. Hay varias experiencias de reformas con esa intención, examinadas en un trabajo del Fondo Monetario Internacional (Rita de la Feria y Artur Swistak: “Diseñando un impuesto al valor agregado progresivo” de abril 2024). Entre los países que han implementado esas reformas están Colombia, Brasil, Sudáfrica y Portugal.
En el trabajo del FMI se mencionan dos formas de reducir la incidencia del IVA sobre los deciles más pobres. Una es eximir aquellos productos que ellos más consumen. Por mucho tiempo ese fue el camino elegido. Pero eso significa romper la neutralidad del impuesto respecto del aparato productivo, y genera incentivos perversos (en breve, porque transforma el IVA comprado en un costo). Además, esos bienes están exentos de IVA para todos, no solo para los más pobres, por lo que la pérdida de recaudación supera apreciablemente los beneficios para los deciles más pobres.
La otra forma de hacerlo es vía transferencias, y De la Feria y Swistak destacan que esta opción es muy superior desde el punto de vista de la eficiencia y desde el punto de vista de la focalización.
En Chile, Jorge Claro ha hecho una propuesta en esta línea. Su propuesta es aumentar la tasa del IVA y devolver el 100% -o parte- del IVA pagado a los primeros deciles de ingresos. Un posible criterio de devolución podría ser 100% al primer decil y 50% al segundo decil. Dicha devolución se podría realizar de manera mensual en las cuentas RUT de los beneficiarios (o en tiempo real, como en Brasil).
Una reforma de este tipo daría más espacio para apoyarse en un aumento de la tasa del IVA para mejorar la estructura tributaria, disminuyendo impuestos más distorsionantes. Una forma de hacerlo sería disminuyendo el impuesto al trabajo, un impuesto que tiene como consecuencia disminuir el salario y/o el empleo.
Por Claudio Sapelli, Faro UDD
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