Varias reporteras de la Franja muestran su día a día en una casa financiada por una organización donde han encontrado privacidad, espacio, internet, electricidad para continuar ejerciendo el oficio, pese a la devastación generalizada de las estructuras básicas, las dificultades cotidianas en conseguir agua y productos esenciales y la presión de una sociedad muy patriarcal y conservadora
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