Hace 16 años, las siete palabras que escribió José Ojeda en un papel llegaron a ojos de una sociedad conmocionada por el destino de un grupo de mineros en el desierto de Atacama. Abajo: la supervivencia, el hambre, el agua turbia y el mando a los gritos. Arriba, la presión para continuar con la búsqueda jamás cedió
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