A finales de 1982, Seymour Rubinstein, fundador de la empresa que lo estaba petando con su procesador de texto WordStar, llegó puntual a las oficinas de Microsoft donde Bill Gates le había convocado para hablar del inminente lanzamiento de Microsoft Word. El empresario esperaba hablar de negocios con Gates, al que conocía desde hacía años y unía una buena amistad, aunque sus empresas eran rivales.
Lo que no esperaba Rubinstein era que su reunión iba a acabar en un juzgado. Esa mañana, la reunión cambió de escenario por sorpresa, y el empresario él terminó ayudando a su rival a salvar su carnet de conducir.
Gates ante la justicia. El curioso episodio quedó recogido en el libro 'Hard Drive: Hard Drive: Bill Gates and the Making of the Microsoft Empire'. Rubinstein era el fundador de MicroPro, la empresa que estaba detrás de WordStar, el procesador de textos dominante de la época. Microsoft, mientras tanto, preparaba su asalto con Word, que se iba a lanzar para MS-DOS en septiembre de 1983.
Gates tenía un problema serio con los excesos de velocidad. Cuando Rubinstein llegó esperando hablar de contratos, Gates le soltó la noticia: esa misma mañana tenía que acudir a una vista en el juzgado de tráfico de Seattle. Gates acumulaba tantas multas con su Porsche, que estaba a un paso de perder su carnet de conducir. Según sus biógrafos, incluso pudo acabar en la cárcel por aquel asunto.
Su rival le salvó de sí mismo. El propio Gates reconocía en su autobiografía 'Código fuente: Mis inicios' que en ocasiones se pasaba de "listillo" queriendo rebatir argumentos que consideraba irracionales. El joven millonario quería pelear ante el tribunal una multa que le habían puesto por exceso de velocidad y por llevar un detector de radares en el coche. Gates iba a basar su defensa en retorcer hasta el extremo un argumento técnico: tener un detector de radar era legal, pensaba, así que no había delito por ello.
Rubinstein sabía que ese plan no iba a colar delante de un juez. Se lo explicó sin rodeos: "Puedes estar muy en tu derecho de tener un detector de radar en tu rápido Porsche. Pero el hecho es que a ellos no les va a gustar porque pensarán que la razón principal por la que lo tienes es para escapar de la ley. Lo mejor que puedes hacer es decirles que vas a tirar tu detector de radar, que estás realmente arrepentido de lo que hiciste y que no vas a volver a correr. De lo contrario, te van a machacar los huevos", le advirtió su rival y, sin embargo, amigo.
Gates hizo caso. Afortunadamente para el fundador de Microsoft, hizo caso del consejo. Se disculpó ante el tribunal, prometió tirar el detector de radares y se comprometió a dejar de circular con exceso de velocidad. Salió del juzgado solo con una multa.
La ironía de la anécdota es que, quien le salvó de perder el carnet de conducir era, en ese momento, uno de los mayores rivales de Microsoft. MicroPro, la empresa de Rubinstein, llegó a controlar el 23% del mercado de procesadores de textos en 1984. Justo el negocio que Microsoft Word quería arrebatarle.
A Gates le pesaba el pie. Con su carnet a salvo, Gates afrontó su problema con la velocidad (bueno, en realidad, con las multas) desde otro ángulo. Si él no era capaz de resistir la tentación de subir de revoluciones el motor de su deportivo, la mejor solución sería eliminarlo de la ecuación. Compró un Mercedes- Benz diésel de color marrón, lento y sin radio.
Según él mismo explicaba a sus biógrafos en el libro, el vehículo era "una buena prueba para su disciplina mental", precisamente porque era torpe al acelerar. También valoraba que "no tuviera radio para distraer sus pensamientos" mientras conducía. El experimento sonaba bien sobre el papel. En la práctica, fue un fracaso.
Una velocidad que nadie logró frenar del todo. En 1986, Fortune contaba en uno de sus artículos que Gates seguía coleccionando multas, incluso con el coche más lento del mercado. El motor del Mercedes-Benz destartalado que trató de limitar el gusto por la velocidad de Gates acabó averiado porque olvidó por completo de ponerle aceite al motor y terminó quemándolo, una desgracia mecánica que acabó siendo el tema de conversación y burla de sus compañeros en su décima reunión de antiguos alumnos de la escuela secundaria.
Entonces, Gates, volvió sin dudarlo, a su Porsche 911 Turbo de color azul turquesa con motor de 300 CV…y a los excesos de velocidad.
Imagen | Unsplash (Matthew Woinarowicz), Flickr (World Economic Forum)
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La noticia
Un radar no consiguió frenar a Bill Gates. Tampoco lo logró el Mercedes-Benz diésel destartalado que compró para ir más despacio
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Rubén Andrés
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