En una operación montada con sigilo, las sociedades de la familia Barros liquidaron hace unos días su 7,2% de la constructora Echeverría Izquierdo, unos US$ 23,3 millones. Días después, el único integrante que quedaba en la gestión, Darío Barros, renunció a la gerencia de la filial de montajes industriales. Detrás del movimiento está la muerte del fundador, los nuevos proyectos de tres herederos y una venta ejecutada en el punto más alto del ciclo minero.
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