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Un vídeo de un soldado ruso ignorando cómo le cae una bomba encima es la pista de algo más profundo en Ucrania

Un vídeo de un soldado ruso ignorando cómo le cae una bomba encima es la pista de algo más profundo en Ucrania

Está circulado un clip tan breve como perturbador: a un soldado le cae a los pies lo que parece una munición de fragmentación, explota prácticamente debajo de él y, contra toda lógica, el hombre sigue caminando como si nada, “ignorando” el impacto inmediato de una detonación que, por pura física, debería haberlo destrozado o al menos derribado y dejado incapacitado.

La explicación apunta a una táctica que no es nueva.

Lo que no encaja. Lo más llamativo del vídeo no es solo que permanezca en pie, sino la ausencia de la reacción instintiva que cualquier cuerpo tiene ante el dolor y el sobresalto, como si el sistema nervioso estuviera desconectado o estuviera anestesiado. 

Y aquí entra el detalle que vuelve la escena todavía más inquietante: según el analista canadiense Roy, la escena apunta a que se trata de un soldado ruso, y que lo que vemos no es un ataque ucraniano al uso, sino un intento deliberado de eliminarlo por parte de los suyos, quizás porque estaba tratando de desertar. En esa lectura, la explosión no sería mala suerte, sino una ejecución encubierta, con lo que parece ser una OFSP-0.5, lanzada con la intención de cortarle la retirada en seco y borrar cualquier historia incómoda antes de que llegue a cruzar una línea o rendirse.

Los “zombis” de Bajmut. La imagen no aparece de la nada: encaja dentro de una sensación que se repite desde los momentos más duros del asedio en Bajmut, cuando combatientes ucranianos describían ataques rusos que parecían escritos por alguien que no entiende la supervivencia humana. Oleadas de hombres avanzando sin coordinación, sin lógica táctica visible, caminando casi en línea recta hacia el fuego enemigo, con relatos que hablaban de soldados que seguían apareciendo, aunque los primeros ya hubieran sido abatidos, y de una pasividad extraña incluso bajo bombardeo. 

Hablamos de vídeos donde se veía a soldados moverse con lentitud, tambaleándose, como si estuvieran atascados en un sueño espeso, incapaces de apartarse incluso cuando caían granadas alrededor. En ese marco, el soldado del vídeo actual parece la versión extrema de la misma impresión.

La hipótesis de las drogas. Durante meses, muchos ucranianos han sostenido una idea incómoda: que parte de esos ataques no se explican solo por incompetencia o desesperación, sino por soldados enviados “dopados”, con sustancias que les recortan el miedo y desconectan la prudencia. La acusación aparece en testimonios directos: hombres que parecen eufóricos o ausentes, que avanzan sin entender lo que hacen, que no se repliegan aunque la muerte sea obvia, que reaccionan tarde o no reaccionan. 

No solo eso. La sospecha persiste porque, desde el punto de vista militar, la tentación es demasiado clara: si lo que necesitas es infantería que camine hacia el fuego, que aguante un corredor batido por artillería, que no se frene por la ansiedad y que ejecute órdenes en un entorno donde el instinto diría “huye”, un estimulante o una mezcla de narcóticos puede convertir a un soldado en un recurso más manejable. 

Pervitindose La pervitina, una forma temprana de metanfetamina, que se usó ampliamente en la Alemania nazi

La sombra nazi. Para entender por qué esta idea no es ciencia ficción, basta mirar el precedente histórico más famoso: la Alemania nazi llevó el uso de drogas de combate a un nivel industrial con el Pervitin, una anfetamina de baja dosis similar a la metanfetamina moderna que se popularizó primero en la sociedad civil y luego se convirtió en un multiplicador militar. 

Se buscaba algo simple: reducir el sueño, elevar la moral, disminuir el miedo, aumentar la agresividad y sostener la ejecución de tareas sin descanso durante días, justo lo que hace falta para ofensivas rápidas y para mantener el ritmo cuando el cuerpo debería colapsar. Y no fueron solo los nazis, también los aliados.

Supersoldados. Aquella lógica encajó como una llave en la cerradura del blitzkrieg: movimientos continuos, ataques mecanizados, avance sin pausa, una sensación de empuje permanente que desbordaba al enemigo no solo por la potencia, sino por la capacidad de no detenerse. 

El mito del “supersoldado” no era un casco futurista: era una pastilla. Y si algo enseñaba ese episodio es que los ejércitos, cuando creen que pueden ganar ventaja o sostener el rendimiento, suelen anteponer la eficacia inmediata al coste humano a medio plazo.

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Soldados bajo los efectos. El patrón de efectos atribuidos a este tipo de estimulantes es perfectamente compatible con lo que aparece en muchos relatos de la guerra: menos miedo, más agresividad, menos necesidad de dormir, más resistencia a la fatiga y una cierta facilidad para ejecutar órdenes simples incluso en condiciones extremas. El precio suele ser la factura psicológica y física: dependencia, bajones, depresión, impulsividad, pérdida de juicio, y una degradación progresiva del soldado como persona funcional fuera del momento de combate. 

En el frente, sin embargo, esa factura es irrelevante para quien planifica a corto plazo: si lo que necesitas es que alguien cruce un campo de fuego hoy, te importa poco lo que ocurra con él dentro de un mes. Por eso el vídeo en redes resulta tan simbólico y llamativo: parece el instante exacto en el que el cuerpo deja de comportarse como un humano que preserva su vida y empieza a comportarse como un objeto en movimiento que solo obedece al vector de avance.

El otro lado de la moneda. Con todo, hay un matiz esencial: el comportamiento “zombi” no siempre implica drogas. Puede ser simplemente la versión más fea de la realidad: frío extremo, falta de equipo, agotamiento, hambre, sueño acumulado, estrés sostenido y la confusión de una mente que se apaga. La hipotermia temprana, por ejemplo, encaja de forma brutal con muchos clips: lentitud, torpeza, dificultad para procesar estímulos, habla confusa, mirada perdida. 

Y en el caso ruso existe además una tradición histórica de “combustible” de guerra mucho más mundana: el alcohol como valor táctico y psicológico, desde las raciones de vodka en la Segunda Guerra Mundial (usadas para combatir el frío y para dar coraje antes de ataques) hasta episodios modernos de indisciplina y borracheras documentadas. 

Una señal de época. En definitiva, el vídeo que se ha hecho viral en redes deja esa sensación un tanto absurda de “dos opciones”: o era un Terminator, o el soldado iba bajo algún tipo de estado alterado que anulaba el miedo y el dolor inmediato. 

Si se quiere también, la respuesta más realista, y quizás más inquietante, es que basta la combinación de un ejército agotado, una guerra que exige avance constante, una disciplina endurecida hasta lo cruel y la posibilidad de usar sustancias para convertir el cuerpo en un instrumento más obediente. 

Imagen | Nara, X, Jan Welle, Sergeant Ian Forsyth RLC/MOD

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La noticia Un vídeo de un soldado ruso ignorando cómo le cae una bomba encima es la pista de algo más profundo en Ucrania fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

Enero 13, 2026 • 2 horas atrás por: Xataka.com 21 visitas

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