Pensamos en la memoria como algo ligado a recuerdos que se desvanecen o se transforman con el tiempo. Pero existe otra forma de memoria mucho más precisa y obstinada, una que no depende de las personas ni de la tecnología y que, aun así, conserva información con una fidelidad extraordinaria. Algunas rocas son capaces de registrar el entorno magnético en el que se formaron. Eso es lo que ocurre con el polvo de un asteroide muy particular: pequeñas partículas que han conservado durante miles de millones de años una señal magnética que hoy permite reconstruir cómo era el sistema solar en sus primeros compases.
Ese “registro” no es una metáfora. Procede de partículas recogidas en el asteroide Ryugu y traídas a la Tierra en 2020 por la misión Hayabusa2 de Japón. Como apunta Eurekalert, un equipo liderado por Masahiko Sato ha analizado su comportamiento magnético y ha encontrado señales que apuntan a que estas partículas conservaron información del entorno en el que se formaron. Esto abre la puerta a reconstruir cómo eran los campos magnéticos presentes en el dissco protoplanetario, es decir, el "vivero" donde se formaron los planetas.
Una huella que no se borra. La clave está en cómo algunos minerales reaccionan al campo magnético cuando se forman. Sus estructuras internas, formadas por pequeños dominios magnéticos, se orientan siguiendo ese campo y quedan “bloqueadas” cuando el material se solidifica. Ese proceso deja una marca duradera que los científicos pueden medir hoy con instrumentos de alta sensibilidad. Este fenómeno, conocido como magnetización remanente natural, convierte a estas partículas en testigos físicos del pasado.
El desafío. Los primeros análisis de estas muestras ofrecieron conclusiones muy distintas entre sí: algunos estudios apuntaban a que conservaban una señal magnética estable del sistema solar temprano, mientras que otros defendían que se habían formado en una región prácticamente sin campo magnético. También hubo quien sugirió que las señales detectadas podían deberse a contaminación durante el análisis en la Tierra. Parte del problema estaba en la base de esos trabajos, que se apoyaban en un número muy limitado de partículas, apenas siete, lo que dificultaba obtener conclusiones sólidas.
Nuevas muestras. Para resolver esas discrepancias, el equipo amplió de forma notable el número de partículas analizadas, pasando de siete a 28, lo que permitió trabajar con una base estadística mucho más sólida. Tras aplicar técnicas de desmagnetización para eliminar posibles señales modernas, los resultados mostraron un patrón más claro: 23 de las 28 partículas conservaban una señal magnética estable. De esas partículas, ocho mostraban dos componentes estables y una presentaba direcciones de magnetización espacialmente no homogéneas, algo difícil de explicar si la señal hubiese sido introducida posteriormente en la Tierra.
Por qué es importante. Las señales detectadas apuntan a que estos materiales se originaron en una fase temprana del sistema solar, aproximadamente entre 3 y 7 millones de años después de su formación. También apuntan a procesos de alteración por agua en el cuerpo progenitor de asteroide. Así que podemos decir con mucha seguridad que Ryugu no es solo un montón de rocas: es un valioso archivo del sistema solar primitivo que nos ha permitido comprender mejor el entorno magnético de aquellos tiempos.
Imágenes | JAXA
En Xataka | A la NASA le pisan los talones, así que ha tomado una decisión: adelantar su regreso a la Luna a 2030
-
La noticia
Una “grabadora” de 4.600 millones de años estaba oculta en polvo de asteroide: lo que ha contado cambia lo que sabíamos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Marquez
.
completa toda los campos para contáctarnos