María Julia Castañeda
Ciudad de México, 13 jul (EFE).- Organizaciones civiles presentaron este lunes una guía clínica para profesionales de la salud que adapta por primera vez recomendaciones médicas para la atención de personas trans a los contextos económicos, sociales y sanitarios de América Latina, el Caribe y las Antillas, ante la falta de lineamientos adaptados a los sistemas de salud de la región.
Daniela Muñoz Jiménez, coautora de la guía, explicó a EFE que, si bien la Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero (WPATH, en inglés) ha desarrollado lineamientos internacionales para la atención de personas trans, estos responden a contextos distintos al latinoamericano.
"Las guías de la WPATH dan una forma de seguir la medicina para medicamentos nada más asequibles en Estados Unidos, literalmente", explicó Muñoz, directora general de TransSalud.
Por ello, las Guías de Atención Latinoamericana para la Salud Trans (GALA) adaptan las recomendaciones médicas a las realidades de la región, desde el acceso a medicamentos hasta los marcos legales, agregó la coautora.
Presentada en Ciudad de México en el marco del Día Internacional de la Salud Trans, la guía reúne la experiencia clínica de una red de especialistas que ha atendido a más de 7.000 pacientes en veintitrés países de América Latina, el Caribe y las Antillas.
Uno de los capítulos aborda el impacto económico de garantizar el acceso a una atención oportuna frente al costo de atender complicaciones derivadas de la falta de acceso, señaló Muñoz.
"No tratar a lo largo de la vida a una persona trans al Estado le cuesta 1.600.000 pesos (unos 91.300 dólares). Haberle dado acceso durante cuarenta años costaría cerca de 600.000 pesos (unos 34.200 dólares)", apuntó.
La guía incorpora una perspectiva "despatologizante" de la atención, al plantear que la práctica médica debe considerar el contexto social, económico y cultural de las personas trans, además de su condición clínica.
Bajo ese enfoque, sus autores sostienen que parte de la evidencia utilizada hasta ahora para orientar la atención de esta población ha contribuido a reproducir estigmas, al generalizar hallazgos obtenidos en contextos específicos.
Como ejemplo, Muñoz cuestionó la idea ampliamente difundida de que la esperanza de vida de esta población es de 35 años.
La especialista explicó que esa cifra proviene de un estudio realizado con una población integrada por mujeres trans trabajadoras sexuales, sujetas a trata, con consumo de sustancias, VIH y en situación de migración, por lo que consideró que no puede utilizarse para describir a toda la población trans.
"Este dato de 35 años es erróneo, estigmatizante y patologizante. No es nada más cosa de un número", afirmó.
Según Muñoz, ese dato puede elevar entre un 50 % y un 70 % las primas de seguros de vida para personas trans al ser tomado como referencia sobre su esperanza de vida.
En contraste, la experta aseguró que un estudio de la WPATH encontró que las personas trans sin condiciones de vulnerabilidad tienen una esperanza de vida similar o incluso superior a la de la población cisgénero, lo que atribuyó a que suelen acudir con mayor frecuencia a revisiones médicas.
La revisión de la evidencia también llevó al equipo a cuestionar otros mitos ampliamente difundidos sobre la terapia hormonal, agregó Muñoz.
"Confirmamos que las hormonas no nos dan trombosis por sí solas. Confirmamos que las hormonas no nos dan cáncer", afirmó, y sostuvo que los peores desenlaces en salud responden principalmente a contextos de vulneración social y no a la identidad trans.
La guía incorpora además recomendaciones para individualizar los tratamientos con base en variables como peso, talla, edad y porcentaje de grasa corporal, así como orientaciones sobre qué especialistas pueden atender distintos aspectos de la salud de las personas trans y cómo adaptar la práctica clínica a los distintos marcos legales de la región.
"No patologizamos a la persona, pensamos en la persona con su contexto", resumió. EFE
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