El Ciudadano
Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Nuevamente estoy en China. Es mi décimo tercer viaje a este país tan fabuloso e intrigante. Es difícil hacerse -en pocos días- una idea total de lo que está ocurriendo, pero es posible hacer una mirada somera que permita dar luces acerca de algunos de los principales hechos que exponen el interés nacional.
El país se está preparando para el próximo año 2027, cuando se conmemore el centenario de la fundación del Ejército Popular de Liberación (EPL) y se celebre el XXI Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), donde se espera que Xi Jinping asuma un cuarto mandato como máximo dirigente del Partido en calidad de secretario general.
En el marco general, el país se mueve a partir de las decisiones tomadas en el cuarto pleno del Comité Central del PCCh que rigen las directrices políticas, económicas y sociales del decimoquinto plan quinquenal, oficializado en marzo de este año. En una economía planificada como la china, estos planes cobran especial relevancia ya que fijan los objetivos económicos y estratégicos que deben cumplirse, en este caso, en el periodo 2026-2030.
Siendo la economía la preocupación principal de las altas autoridades chinas, las claves para los próximos cinco años girarán en torno a cuatro ejes: el liderazgo científico-tecnológico, el refuerzo de la seguridad nacional –un concepto amplio que en China abarca diferentes ámbitos como el político, económico, militar o social–, la autosuficiencia y el impulso del consumo interno como motor de crecimiento.
No obstante, el PCCh no oculta los riesgos y desafíos que atraviesa el país y advierte acerca del aumento de “las incertidumbres y los factores imprevistos”. Las grandes directrices para el período son:
La situación económica signada por la deflación producida por una reducción de la demanda interna, así como la búsqueda de lograr estabilidad en el empleo, son tal vez los problemas de primer orden que debe enfrentar el gobierno.
Todo ello en el contexto de una fuerte lucha contra la corrupción que ha permeado al Partido, el Estado y sobre todo al Ejército. Durante el cuarto pleno se anunció la destitución de 11 miembros titulares del Comité Central así como la expulsión de catorce altos funcionarios del PCCh. La situación de las Fuerzas Armadas ha sido una preocupación de primer nivel de las altas autoridades chinas. De los siete integrantes de la Comisión Militar Central (CMC) a finales de 2022, solo permanecen en ella Xi Jinping y Zhang Shengmin, vicepresidente segundo y encargado de la campaña anticorrupción dentro del Ejército. El año pasado fueron destituidos nueve generales de alto rango militar, incluyendo He Weidong, quien a la sazón era vicepresidente de la Comisión Militar Central, la más alta instancia militar del país, por “violar gravemente la disciplina” del PCCh.
En general, las atribulaciones más importantes que se perciben en el país dicen relación con la necesidad de mantener la estabilidad política, la situación económica, el manejo de la Inteligencia Artificial (IA) que está teniendo repercusiones en el empleo, sobre todo en el estamento de los más jóvenes de la sociedad y la necesidad de mantener y elevar el bienestar del pueblo.
La situación económica signada por la deflación producida por una reducción de la demanda interna, así como la búsqueda de lograr estabilidad en el empleo, son tal vez los problemas de primer orden que debe enfrentar el gobierno. Por ello se han propuesto diversificar la economía pasando de un modelo centrado principalmente en el sector inmobiliario a otro en el que se está estimulando otro tipo de industrias en particular las de alta tecnología. En ese marco, hay un esfuerzo superlativo en el desarrollo de la IA, la robótica y los semi conductores.
En el plano internacional, la relación con Estados Unidos copa la mayor parte del interés del PCCh, el gobierno y el Estado, sobre todo en aquello que tiene que ver con la injerencia de Washington en Taiwán, que, como es sabido, Beijing considera un asunto interno. No obstante que China se ha propuesto una reversión de la isla a su soberanía por vías pacíficas, ha establecido claramente la posibilidad de utilizar instrumentos armados para lograrlo en caso de que intenciones independentistas dentro de Taiwán cobren mayor protagonismo, amenazando con un cambio en el status actual.
La otra gran preocupación de China en materia internacional es el desbordado incremento de corrientes militaristas en Japón tras la llegada al poder de la primera ministra Sanae Takaichi. Rompiendo los acuerdos firmados tras el fin de la segunda guerra mundial, el gobierno japonés ha llegado incluso a insinuar el inicio de los trabajos para desarrollar armamento atómico, explícitamente prohibido tras su derrota militar a mediados del siglo pasado. Las declaraciones de Takaichi, ligando la estabilidad de Japón a la de Taiwán, han colocado las relaciones bilaterales en un punto crítico.
Precisamente, durante esta semana una delegación parlamentaria japonesa integrada por un legislador del partido oficialista y dos de la oposición están en China con el objetivo de recomponer los lazos tras estos comentarios de la primera ministra Takaichi sobre Taiwán, que enfurecieron a China provocando tensiones que se han extendido a la economía.
En el plano multilateral, Beijing se ha comprometido a apoyar a la ONU como instrumento válido para mantener la paz, sostener el derecho internacional y servir como herramienta básica para la solución y superación de las controversias a través de la negociación y el diálogo.
Por Sergio Rodríguez Gelfenstein
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