El 27 de julio de 1981, Adam Walsh desapareció mientras acompañaba a su madre a un centro comercial de Florida. Dos semanas más tarde, el hallazgo de su cabeza a 160 kilómetros del lugar del secuestro estremeció al país. La tragedia expuso graves fallas policiales, impulsó nuevas leyes y convirtió a su padre en uno de los rostros más conocidos de la lucha contra el crimen
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