SEÑOR DIRECTOR:
En el Congreso toda ley nace con un propósito, o “idea matriz”, que delimita qué puede discutirse dentro del proyecto y qué queda fuera de él.
En leyes anuales, como la de reajuste del sector público, se admite cierta flexibilidad pues pueden incorporarse normas accesorias cuando resultan necesarias para la aplicación del reajuste durante el año. El problema surge cuando esa flexibilidad desdibuja los límites del proyecto y el reajuste pasa a usarse como un “bolsillo de payaso” en el que cabe toda la creatividad del legislador; y si bien el papel lo aguanta todo, la institucionalidad no. Lamentablemente, los efectos terminan por perjudicar a la política: se empobrece el debate, se desordena la ley y las reformas de fondo se discuten por la puerta chica. Ahí es donde conviene mirar con recelo este uso expansivo de la famosa ley reajuste.
Arnau Sarrà Toriszay
IdeaPaís
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