David Ramiro
Madrid, 25 may (EFE).- "El Rayo es lo último que queda del fútbol de antes". Esta frase del delantero Sergio Camello podría resumir la filosofía del conjunto vallecano, pero no tanto por el aspecto puramente deportivo, sino por todo lo que lo rodea, con una afición arraigada en un barrio obrero y unos valores muy marcados que los propios aficionados tratan de inculcar a todo aquel futbolista que pasa por el club.
El Rayo no se entiende sin Vallecas. Es su símbolo y el emblema más reconocido de un barrio inmensamente poblado que no siempre perteneció a la capital española. De hecho, si Vallecas hubiera seguido siendo un municipio independiente de Madrid, como lo fue hasta 1950, ahora mismo sería la décima ciudad con más habitantes de España.
En 1946, antes de iniciar las anexiones de los trece pueblos limítrofes, la ciudad de Madrid tenía 67 km2 de extensión y Vallecas contaba con 73 km2 de superficie. En resumen, Vallecas era más grande que el propio Madrid y esa identidad propia que tuvo como municipio la sigue manteniendo casi ochenta años después como barrio integrado en la capital.
El Rayo es un club atípico y, prueba de ello, es su estadio, que sólo cuenta con un fondo para albergar público. En el otro, con bloques de edificios, no es extraño ver a gente presenciando los partidos desde la terraza de sus casas.
Por ese estadio han pasado grandes estrellas internacionales para dar conciertos de música como Bob Dylan, Metallica, Queen o Scorpions, en sus bajos entrenaron en el gimnasio de boxeo mitos como Poli Díaz o Javier Castillejo y cada año sigue albergando el tradicional partido solidario de Navidad que reúne a un variopinto número de famosos, desde actores a cantantes o folclóricas.
El estadio, en la calle Payaso Fofó, otro icono del barrio, es el punto de unión del rayismo, el símbolo de las mayores pasiones y el lugar en el que todo equipo es bien recibido. El encargado de la megafonía, Rafa García Navas, se encarga de recordarlo antes de cada partido con unas palabras que no se escuchan en ningún otro sitio. "Buenas tardes amigos, ¡en Vallecas sois bien recibidos!. Aúpa Rayo".
Lo que se escucha también en cada partido es 'Presa, vete ya', en alusión al presidente Raúl Martín Presa, máximo accionista del club desde mayo de 2011.
El enfado de la afición con Presa es por su poca empatía con la afición y con los valores que se transmiten desde el barrio y con la gestión del club. Este descontento incluye varios elementos, entre ellos las trabas que pone a cada iniciativa que parte desde la afición, como los tradicionales 'Días del rayismo'.
Precisamente esas fechas especiales son otro ejemplo de lo que el Rayo significa para los habitantes de Vallecas. Son unas jornadas culturales y deportivas que cada año celebra la Plataforma ADRV, que engloba a la gran mayoría de peñas, y en la que coincidiendo con el último partido en casa de la temporada se celebran conciertos, actividades infantiles, otras relacionadas con la historia del club e incluso charlas en las que se involucra a jugadores para que conozcan la realidad del barrio y puedan interactuar con la gente.
La afición del Rayo, en gran mayoría de clase trabajadora e ideología de izquierdas, está muy arraigada con su club y hace siempre gala de su compromiso social y solidaridad para no dejar a nadie atrás. Por ello es habitual escuchar cánticos o ver pancartas con denuncias contra la mercantilización que vive el fútbol en los últimos años, los desahucios, las casas de apuestas, la inmigración, el racismo o los genocidios que se cometen en diversos lugares del mundo, como el que ellos denuncian en Palestina.
Otro ejemplo de ese compromiso es la organización por redes sociales y rápida respuesta que han tenido para ayudar a aficionados estafados por algunas agencias con el viaje a Leipzig para la final de la Liga Conferencia: incluso algunos jugadores contribuyeron donando dinero para poder cumplir ese sueño de llegar a Alemania.
"El Rayo es lo último que queda del fútbol de antes y es lo que se respira. Cuando invito a la gente al estadio siempre les digo que lo menos importante es el fútbol sino todo lo que se respira, las previas, la unión con la gente, lo que sucede dentro, cómo anima la grada y lo que reivindican y por lo que luchan. Por eso nosotros, los futbolistas, es importante que entendamos por quién luchamos y que lo demos todo", dijo Camello antes de la final europea.
Íñigo Pérez, el actual entrenador del Rayo, lo ha entendido bien y su humildad así lo retrata. Es uno más y al acabar cada partido en casa, junto a sus jugadores, escucha las proclamas de los Bukaneros y el himno que resume su lucha: 'La vida pirata'. En Vallecas el fútbol es importante, pero más lo son las personas, su dignidad y su orgullo de clase. EFE
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