El Ciudadano
Por Carlos Gutiérrez P.

La semana pasada, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, en uno de esos arranques de honestidad declaró que como nunca antes en la historia podía afirmar que el hemisferio occidental (léase el patio trasero americano) en su totalidad compartía los intereses y la política de Estados Unidos.
No deja de tener parte de razón su afirmación, ya que el actual panorama político latinoamericano está contaminado de derechismo que replica las políticas y acciones que se ejecutan en el país del norte, e incluso en algunos casos con una escena patética de sus liderazgos, además de una constante comedia burda de decisiones.
En este escenario, Brasil aparece como un obstáculo y nada menos que de la principal potencia latina en la región. La otra potencia, México, está más acorralada debido a la tragedia geográfica de ser vecino de Estados Unidos y la enorme dependencia que de él tiene, con los constantes acosos políticos, policiales, militares y económicos que se le ejerce. En ese marco, la honesta actitud de la presidenta Sheinbaum por mantener la soberanía mexicana es muy loable.
Por lo tanto, la Casa Blanca tiene su plan para doblegar a Brasil y sumarla al redil hegemónico, y así lograr un éxito total. La oportunidad para aquello es la próxima elección presidencial de octubre de este año.
Pero esto comenzó ya el año pasado cuando asumió la presidencia Trump y definió su objetivo de una nueva etapa de América para los americanos. Frente a la aplicación universal de aranceles de febrero de 2025, Lula fue muy crítico con esa política arancelaria y llamó a coordinaciones contra el proteccionismo estadounidense, tomó acciones muy rápidas para diversificar sus exportaciones a nuevos mercados en China, India, Rusia y el sudeste asiático. Entre ambos países se iniciaron negociaciones, acercando posiciones, pero como ha sucedido con toda la lógica diplomática de Trump, solo sirvió para un engaño y dilatación, que terminaron por fracasar. Hay que recordar que a Brasil se le aplicó un incremento de arancel del 50 %.
A la presión arancelaria se le sumaron otras aristas en el campo económico. Brasil lleva implementando un sistema de pagos instantáneo conocido como Pix, desarrollado por el Banco Central de Brasil y que se transformó en una disputa con Estados Unidos cuando la Oficina del Representante Comercial de ese país incluyó a Pix en un informe sobre barreras comerciales, porque generaba una desventaja para empresas estadounidenses y su modelo financiero. El presidente Lula defendió el sistema como una herramienta de inclusión financiera y soberana. También se abrió un debate con Estados Unidos ante la presión para un acceso privilegiado al sector minero brasilero, que fue respondido por el presidente Lula afirmando que las inversiones para la explotación minera, sería buscando socios por sí misma para una extracción conjunta.
En el campo internacional y de la defensa soberana, el presidente Lula ha manifestado una posición muy clara contra los centros de poder con aliento imperial, así como el apoyo a un sistema internacional equilibrado.
En el campo político, la primera tensión provino a propósito del Informe anual de Estados Unidos sobre Derechos Humanos que acusó a Brasil de violarlos durante el año 2024, debido a una suspensión temporal de la red social X y reprimir la libertad de expresión de seguidores de Bolsonaro. El presidente Lula calificó el Informe como “inventado y parte de una estrategia para atacar al país”. Afirmó que Brasil tiene un poder judicial autónomo y pidió respeto por la soberanía nacional.
El tono subió debido a las sanciones que la Casa Blanca aplicó contra el ministro del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Alexandre de Moraes, quien investigaba a Bolsonaro por su intentona de golpe de Estado. Lula lo declaró como una injerencia inaceptable, defendiendo la independencia del poder judicial, afirmando que “la justicia no es negociable” y acusó a Washington de usar argumentos políticos para justificar sanciones que afectan también el comercio bilateral. Según el líder brasilero “Estas acciones socaban la soberanía”.
Ya en julio de 2025, la Agencia de Inteligencia de Brasil había denunciado que el apoyo de Estados Unidos a Bolsonaro y la coordinación de sus partidarios en el país eran parte de un plan de la CIA que preparaba un golpe de Estado contra Lula. Del mismo modo en que la aplicación de los aranceles de 50 % tenían como objetivo debilitar la economía y desestabilizar a Brasil.
En el campo internacional y de la defensa soberana, el presidente Lula ha manifestado una posición muy clara contra los centros de poder con aliento imperial, así como el apoyo a un sistema internacional equilibrado.
En la Cumbre amazónica de Bogotá (agosto de 2025), denunció que potencias extranjeras violan la soberanía de los países en desarrollo bajo pretextos como la lucha contra el crimen o la protección ambiental. Ha llamado permanentemente a una solución realista para Ucrania (incluso presentó una propuesta de paz en conjunto con China, que nunca fue considerada por la parte otanista), denunció con fuerza el genocidio sionista sobre el pueblo palestino y ponerle fin a la violencia en la Franja de Gaza y Cisjordania.
En abril de este año participó en una cumbre bilateral con España y acordaron fortalecer el frente de defensa del multilateralismo frente a las políticas impulsadas por Trump. Tiene relaciones con China en muy alto nivel, que la ha llevado a establecer ámbitos de cooperación muy importantes, compartiendo una visión común sobre política internacional. A principios de año el presidente chino declaró que Pekín está dispuesto a trabajar con Brasil “para promover de manera integral la cooperación mutuamente beneficiosa en todos los ámbitos y fomentar un mayor desarrollo de las relaciones entre China y Brasil”. Ambos países son miembros claves del Sur Global, son una fuerza constructiva en la defensa de la paz y la estabilidad, las reformas y la mejora de la gobernanza global, apoyando el papel de Naciones Unidas y la justicia internacional.
La más reciente encuesta de la firma Datafolha sitúa a Lula con un 48 % y a Bolsonaro con un 43 % en una eventual segunda vuelta entre ambos.
Brasil es parte del grupo fundador de los BRICS (la enorme molestia para Estados Unidos), que le tocó el año pasado ejercer la presidencia pro tempore con grandes avances en uno de sus pilares, como es el Banco de Desarrollo que es presidido por su compañera de partido, la brasilera Dilma Roussef. Así también, el país siempre ha estado en la propuesta para incorporarse como miembro permanente en base a una modificación orgánica del Consejo de Seguridad de la ONU, y ha sido un actor importante en el debate por la necesaria y urgente renovación de la Organización de Naciones Unidas. En este marco, actualmente está apoyando la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General.
La elección presidencial será en octubre, y los dos candidatos con mayores opciones para ganar este evento son el actual presidente Lula que representa el progresismo, y el senador Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro -condenado a 27 años de cárcel y en prisión domiciliaria por intento de golpe de Estado-, quien ha sido oficializado como el heredero político del espacio derechista.
La más reciente encuesta de la firma Datafolha sitúa a Lula con un 48 % y a Bolsonaro con un 43 % en una eventual segunda vuelta entre ambos. Uno de los puntos críticos de la campaña es la edad del actual presidente y candidato Lula, tiene 80 años, que lo llevó a que en un acto público afirmara que “Tengo la misma energía de cuando tenía 30 años”, tratando de disipar dudas sobre su estado de salud.
A pocas semanas de la jornada electoral se ha intensificado la campaña de intervención electoral interna y externa. Esta semana, un juez de la Corte Suprema autorizó la apertura de dos investigaciones contra su hijo Fabio por posible tráfico de influencias (no hay que olvidar juicios dudosos anteriores, contra el mismo Lula, que le impidió ir a una elección presidencial, y después contra la presidenta Dilma Roussef que la sacó del gobierno). Se ha intensificado la campaña mediática por la seguridad ciudadana, particularmente en la ciudad de Río de Janeiro, donde el secretario de seguridad pública, Victor Santos, salió a afirmar que se ha apreciado un aumento en la realidad criminal de la ciudad producto de una conexión internacional en el uso drones con explosivos provenientes y usados en Ucrania.
En el ámbito externo, primero fueron dos representantes del gobierno de Estados Unidos a los cuales se les impidió la entrada al país porque tenían previsto reunirse con Jair Bolsonaro, lo que generó una tensión entre ambos países. Esto escaló en la negativa de Brasil a acelerar la aprobación del candidato estadounidense para encabezar la misión diplomática, que fue respondido por Washington a través de la revocación de la visa de la embajadora brasilera en Estados Unidos. Pero lo más intenso se vivió con la visita del presidente argentino Javier Milei asistiendo a un acto de campaña de Bolsonaro hijo.
Las declaraciones de Milei en Sao Paulo desencadenaron una crisis diplomática, que incluyó el llamado a consultas del embajador de Brasil en Argentina y del embajador argentino para transmitirle «repulsa» y pedir explicaciones por las «agresiones» de Milei. Argentina intentó bajar el tono al incidente diplomático a través de declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, quien subrayó entonces que de su parte no hay posibilidad de romper relaciones con su vecino y socio principal. Finalmente, Brasil decidió reducir su representación diplomática en Argentina a nivel de encargado de negocios y aplazar indefinidamente el regreso de su embajador en Buenos Aires. Argentina respondió lamentando la decisión unilateral y afirma que “lamenta su decisión de continuar aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas” (¡¡!!).
Lula da Silva destacó que Brasil no pretende impulsar conflictos bélicos, pero necesita contar con capacidades tecnológicas y militares suficientes para garantizar su soberanía.
El Partido de los Trabajadores ya oficializó la candidatura de Lula a la presidencia (que busca su cuarto mandato) y Geraldo Alckmin a la vice presidencia. En esta proclamación, las frases más rutilantes fueron las que pronunció asegurando una mayor inversión en Defensa, con la aseveración de “Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido. Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra”. En ese contexto pidió a la militancia de izquierda que deje de pensar en la defensa como una tontería de la que no hay que preocuparse. Insistió en que “Quiero estar preparado para que nadie se atreva a tomarnos por tontos. ¿está claro? Por eso es importante saber que necesitamos invertir en defensa”.
Pero, el domingo 2 de agosto, Milei reiteró en entrevista con LN+ sus dichos y calificó a Lula de «ladrón» tres veces seguidas, antes de explayarse en sus críticas. Estas declaraciones de Milei se produjeron una vez que Lula ya había sido oficializado como candidato presidencial por el Partido de los Trabajadores. La escalada de tensiones ha levantado gran preocupación en la elite política y sectores económicos de Argentina, pero también en el Mercosur, ya que como lo señaló el presidente uruguayo pro tempore, esta alianza atraviesa una etapa decisiva, marcada por la implementación del acuerdo comercial con la Unión Europea, las negociaciones con el bloque EFTA y el fortalecimiento del diálogo con países asiáticos. En ese contexto, consideró que la prioridad debería ser fortalecer la integración regional y evitar nuevos conflictos políticos. «Este es el momento de pensar más en construir que en confrontar o generar choques internos».
Atendiendo a esta campaña internacional, el presidente Lula el día 5 de agosto a través de una entrevista conjunta con varios medios de comunicación, se refirió a la posible interferencia electoral de Estados Unidos, retando a la administración de Trump a que se sumara a la campaña electoral de Bolsonaro, y especialmente al secretario de Estado Marco Rubio a que viajara a Brasil para participar en un mitin del candidato derechista. “Si quieren venir, si el Secretario de Estado quiere venir aquí a hacer un mitin para mi adversario, incluso es bueno. Puede venir a hacer un discurso… quiero derrotarlos a todos juntos”. Continuó con su declaración afirmando que “El que manda en nuestro país es el pueblo brasileño, el que gobierna este país soy yo. Yo no acepto mentiras sobre Brasil, este país es muy grande, este país tiene mucha historia”. Continuó con “Brasil no solo está preparado, sino que se enfrentará a cualquier persona del exterior que quiera interferir en nuestro proceso electoral”.
El tono de estas declaraciones de Lula ya había comenzado en el mes de julio, cuando en un acto público el lunes 14 defendió el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y de la industria nacional de defensa como herramientas para proteger la soberanía del país y sus recursos estratégicos, entre ellos la Amazonia, el petróleo, las reservas de agua dulce, las tierras raras y otros minerales críticos.
Durante la presentación del proyecto de la primera turbina de gas para generación eléctrica impulsada por etanol desarrollada en Brasil, realizada en el Instituto de Aeronáutica y Espacio (IAE), en Sao José dos Campos, estado de Sao Paulo, Lula da Silva vinculó el avance tecnológico con la necesidad de ampliar las capacidades nacionales de defensa y transformar las riquezas naturales del país en productos de mayor valor agregado. El mandatario afirmó que Brasil debe superar el modelo de exportación de materias primas y avanzar hacia una economía basada en la innovación, la industrialización y el dominio tecnológico. El presidente sostuvo que las Fuerzas Armadas deben estar preparadas para proteger el territorio, la población y las riquezas nacionales, especialmente la Amazonia, considerada la mayor selva tropical del planeta y una de las principales reservas de biodiversidad, además de los recursos del subsuelo y del lecho marino.
«Si no asumimos la defensa de nuestro país, nadie lo hará. Nadie defenderá nuestro petróleo, la riqueza del fondo del mar ni nuestras tierras raras. El mundo entero está hablando de estos recursos», afirmó. Lula da Silva destacó que Brasil no pretende impulsar conflictos bélicos, pero necesita contar con capacidades tecnológicas y militares suficientes para garantizar su soberanía.
…en los primeros días de agosto se realizó la visita de una delegación rusa encabezada por el asesor presidencial directo de Putin y Jefe de la Junta Marítima de Rusia, acordando profundizar la cooperación en tecnologías marítimas avanzadas…
El mandatario insistió en que la política de defensa debe estar vinculada al desarrollo industrial y científico. «Necesitamos tener conciencia de que las Fuerzas existen para garantizar la soberanía territorial y la defensa de nuestro pueblo. Para eso deben estar preparadas, y por eso estamos discutiendo la industria de defensa», expresó. El mandatario agregó que «no tiene sentido que un país continental como Brasil no tenga una gran industria de defensa».
En este contexto, en los primeros días de agosto se realizó la visita de una delegación rusa encabezada por el asesor presidencial directo de Putin y Jefe de la Junta Marítima de Rusia, acordando profundizar la cooperación en tecnologías marítimas avanzadas, robótica, vehículos no tripulados y sistemas autónomos. También se abrieron posibilidades de cooperación en construcción de buques de clase hielo, un programa integral de investigación polar, y en la energía nuclear.
Estas referencias están ligadas al carácter de la campaña y del complejo y amenazante entorno estratégico. Las fuerzas armadas brasileras son muy derechistas, y tienen un componente nacionalista y soberanista muy arraigado, por lo tanto, esta posición política de Lula conecta doctrinariamente con esos intereses y los atrae al proyecto de gobierno. Anula en parte el discurso y conexión de Bolsonaro con las fuerzas armadas y les otorga un papel especial en el desarrollo y soberanía nacional.
La Casa Blanca ha logrado el alineamiento regional que necesita para sus grandes disputas, tanto ideológicas como geopolíticas, con un creciente riesgo de involucrarnos materialmente en esos objetivos: el afianzamiento de la ola reaccionaria político-ideológica que sostenga una nueva modalidad de acumulación capitalista y la correlación de fuerza para el enfrentamiento vital con el proyecto chino. Para esto necesita liquidar la presencia china en la región, y hacer confluir la orientación y la fuerza militar tras esos objetivos, a través del armamentismo, la subordinación a las doctrinas estadounidenses y las capacidades de despliegue tanto en esta zona como en otros posibles teatros de operaciones.
La historia regional ya vivió experiencias semejantes en el siglo XX (es bueno recordarlos para aquellos del Nunca Jamás), lo que nos convoca a aprender de aquello, estar más atentos a los pasos políticos del derechismo y no cejar en la disputa por la organización y la movilización social.
Brasil aparece como la última trinchera para sostener todavía al menos un proyecto progresista, para que pueda seguir poniendo a disposición de los pueblos una política multilateralista, de gobernanza global buscando la paz, de soberanía nacional y económica, y de promover la justicia y la igualdad social. Y a propósito de los 90 años del inicio de la guerra civil española, ese asalto golpista a la esperanza republicana, valdría la pena actualizar la gran consigna antifascista de esa gesta ¡No pasarán!
Por Carlos Gutiérrez P.
Carta Geopolítica 105 – 11/08/2026
Fuente fotografía
Las expresiones emitidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.
La entrada Van por Brasil, la última pieza estratégica del puzzle imperial en Latinoamérica se publicó primero en El Ciudadano.
completa toda los campos para contáctarnos